Restaurar el amor

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Ilustración sobre la importancia de restaurar el amor con gestos cotidianos de amabilidad.
Restaurar: pequeños gestos de bondad capaces de transformar la vida en la ciudad. Ilustración: J. F. Miral
Ama un solo día y el mundo habrá cambiado.
—Robert Browning—

Tengo un amigo estupendo que es muy peculiar. Un día cogimos un taxi en Madrid y, cuando nos bajamos, mi amigo le dijo al taxista: «Le agradezco el viaje. Es usted un conductor estupendo».

Durante un segundo, el hombre se quedó atónito. Después reaccionó:

—Oiga, ¿me está usted tomando el pelo o qué?

—Nada de eso, amigo mío, no tengo intención de molestarlo. Me ha encantado la tranquilidad con que se mueve en medio de semejante barullo de tráfico.

—Ah, bueno —sonrió el conductor—, es la experiencia.

Un poco sorprendido le dije a mi amigo:

—Oye, ¿a qué venía ese piropo?

—Estoy tratando de restaurar el amor en Madrid —me respondió mi amigo—. Creo que es lo único capaz de recuperar la ciudad.

—¿Cómo es posible que un solo hombre transforme Madrid?

—No es cuestión de un solo hombre. Creo que a ese taxista le he cambiado el día. Suponte que haga veinte viajes. Pues será amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Ellos, a su vez, pueden ser más cordiales con las personas a las que traten.

—Pero tú confías en que ese taxista transmita tu buena disposición a los demás.

—No estoy confiando en nada —respondió mi amigo—. Me doy cuenta de que el sistema no es totalmente seguro, pero si no funciona no se pierde nada. No perdí ni un minuto en decirle a ese hombre que estaba haciendo muy bien su trabajo.

—Eso está muy bien, ¿pero no es un poco quijotesco?

—Te aseguro que siempre es eficaz decirle a una persona que está haciendo bien su trabajo.

Mientras caminábamos charlando, observé que le hacía un gesto amable a una señora poco agraciada físicamente.

—Acabas de guiñarle el ojo a una mujer poco atractiva —le señalé.

—Ya lo sé —me respondió—. Piensa que si es maestra o profesora hoy sus alumnos tendrán un día fantástico. Y es que estoy convencido de que el amor puede hacer milagros. Acuérdate de lo que dice D. Juan Tenorio del amor de doña Inés:

Su amor me torna otro hombre,
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue
.

Como dice el poeta mexicano Amado Nervo (1879-1919): «El amor verdadero hace milagros, porque él mismo es ya el mayor milagro». Intentémoslo, pues. Podemos poner nuestro granito de arena en el embellecimiento del mundo si en nuestro entorno, cada día, tratamos de restaurar el amor.

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