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title: "¡Se nos adelantó Vicente!"
description: "Al finalizar la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, 15 de septiembre, nuestro querido Vicente se fue definitivamente en su compañía. Desde Pamplona, nos compartió Josemari Echeverri,..."
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date: 2018-12-01
modified: 2023-02-28
author: "José Antonio Benito Rodríguez"
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categories: ["Artículos ampliados", "Estar en América"]
tags: ["Revista nº 313"]
type: post
lang: es
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# ¡Se nos adelantó Vicente!

Al finalizar la fiesta
de Nuestra Señora de los Dolores, 15 de septiembre, nuestro querido Vicente se
fue definitivamente en su compañía. Desde Pamplona, nos compartió Josemari
Echeverri, —médico y cruzado que le ha estado acompañando desde su regreso al
Perú— que ingresaron a Vicente «el sábado 1 de septiembre en el hospital y que
su situación iba empeorando; primero, fue el tratamiento con morfina, luego la
quimioterapia por una obstrucción intestinal. Es consciente de la gravedad y es
admirable su disposición. La compañía es una auténtica medicina». Él mismo
pidió la Unción de Enfermos y se la administró el P. Santiago Manso. Todo se
precipitó y ahora ya descansa en el cementerio Sur de Carabanchel en Madrid
junto con el P. Eduardo Laforet, P. Ramón Alonso y Manolo Tomás Amorós.

Mi primer
recuerdo al recibir el golpe de la noticia es la canción con ritmo caribeño que
Manolo le dedicó al llegar al Perú: «A Lima nos ha llegado un cruzado
toledano…». Casi seguro que el bueno de Manolo —cuyos ingenuos chistes
encantaban a Vicente— le ha cantado: «Al Cielo nos ha llegado un cruzado
pescadito peruano». Esa palabra «pescadito» fue quizá la que más pronunció
Vicente. Era para él —medio en broma, medio en serio— como el «peladito» de
Cantinflas o el «paria» de la India o el «anawin» (pobre) bíblico, o «pardillo»
español.

De momento solo
me sale dar gracias a Dios por la vida de Vicente, por haberle tenido tan
cerca, por ser testigo de su generosidad sin límites, por su amor incondicional
y misericordioso a todos, pero especialmente a los jóvenes…

Lo mismo te daba
una charla de astronomía que se iba de compras, que te arreglaba (o
desarreglaba) un mueble, te llenaba el tiempo de un festival con sus chistes o
mimos, y hasta se convertía en el niñero más encantador siempre negándose a las
preguntas (¿cómo te llamas?, ¿qué vas a ser de mayor?…) y sorprendiendo con sus
«vicentadas» que tenían tanto de broma, sorpresa, disparate, gozo, ternura.

Él, todo un
señor catedrático de matemáticas de instituto y adelantado en lo que la ciencia
informática avanzaba, se jubiló en España y vino al Perú para «hacer favores».
Así de claro. Y para ello no iba a estar esperando a «inculturarse» y a
prepararse para comenzar a actuar. Tras dormir la primera noche en Lima, a la
mañanita siguiente asistió a la Misa de Santa María con los militantes,
desayunó, participó en el Círculo y se puso a jugar al fútbol con toda la furia
española. Ese mismo día comenzó a rebajar la «z», cambiar el «vosotros» por
«ustedes» y a peruanizarse hasta que —a los dos años— se nacionalizó. A los
pocos días, ya participó en su primer campamento en Arequipa, y, en seguida,
otro en Lima.

A través de su blog (https://vicenteperu.blogia.com/) da gusto verlo como los primeros cronistas de la conquista y evangelización: su sorpresa por las novedades del Perú y su esfuerzo por asimilarlas y traducírselas a sus amigos burgaleses. De este modo, el Corso de la amistad por la fiesta de Arequipa es el evento fundamental del día, algo inmenso en lo que participa todo el mundo, algo parecido al desfile de las peñas de Burgos, pero a lo grande.

Cuando sale a la
calle nada le resulta indiferente y se meterá en varios «líos» por ayudar a
pobres y menesterosos. Ante las voces de los que viven a su lado que le
aconsejan «sentido común», «prudencia» él tiene muy clara la parábola del buen
samaritano que ha leído, meditado y vivido del Evangelio.

Su blog es un ventanal abierto al mundo,
especialmente al suyo, el que lo había enviado, le acompañaba en la oración, en
la correspondencia, en la ayuda. Lo abrió con su carta del 26 octubre 2007, en
la que va al grano, narrando del modo más sencillo que se va ayudara a la obra
de la Milicia de Santa María en el Perú. Como despedida organiza un retiro para
los cercanos y una misa, nada más. Luego vendrían las
de los amigos profesores de APTA (Asociación de Profesores Tomás de Aquino),
alumnos, familias. Termina su carta: «Querido amigo: Yo no necesito nada y soy
el seguidor de uno que, siendo rico, le pareció que era mejor ser pobre, así
que una de mis misiones es ver de qué me puedo desprender para parecerme más a
él. Si ahora me regaláis algo, “me hundís en la miseria”. Yo os sugiero que me
regaléis una foto vuestra o de la familia, un acto de generosidad familiar con
gente “de fuera” y, por si queréis dar dinero, os adjunto las cuentas de Manos
Unidas, Cruz Roja y Cáritas; elegís dónde dar y luego me regaláis el
resguardo».

Por su blog
desfilaremos sus «compañeros» de Perú, sus familiares y sus amigos, pero, sobre
todo, su indesmayable apuesta por la misión entre los jóvenes.

En Lima y
Arequipa se hizo todo a todos, siempre disponible, manejando (¡todo un
peligro!) la combi (coche), acercándose por colegios y universidades para
apoyar en actividades extraescolares (cursos de astronomía, técnicas de
estudio, caminatas), impulsar la catequesis, fomentar el voluntariado, animar a
la práctica de Ejercicios Espirituales, dinamizar las campañas del Movimiento
de Santa María (Flores a María, Vigilia de la Inmaculada, Campamentos)…

Destacar también su capacidad de adaptación, ilusión de principiante en un hombre jubilado, capacidad de empatía con los niños, jóvenes, familias, celo apostólico creciente con la edad, español y peruano al cien por cien. Feliz de su vocación de seglar consagrado, participó siempre de las actividades de los institutos seculares en Lima y Arequipa. En su web se publicó una entrañable «carta a Jesús por los 50 años de vida consagrada» (http://www.fenisperu.org/)

Pude acompañarle
en Pamplona en alguna de las sesiones de «quimio» en la fulminante etapa final
de su cáncer. Siempre la vivió como un regalo de su Jesús para prepararlo para
su morada eterna en el Cielo. Su cruz la vivió con garbo, sin queja, y, como
era su estilo, con muchas pizcas de buen humor.

Al comunicar su
partida, he sido testigo de la muestra de cariño hacia su persona. Lo llevamos
todo a la oración, encomendando el eterno descanso de su alma y pidiéndole a
Vicente —desde ya— que nos haga sitio en la morada celestial.

Siempre tuyo, amigo y hermano.

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Aquí tiene el enlace a la (https://drive.google.com/file/d/19aZumzDEa5o5jwTCZQ56YXQ44WM6DSeu/view?usp=sharing) dedicada a Vicente Guillén
