Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo

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Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo
Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo

Es lógico pensar que, si uno gasta más de lo que tiene, llega un día que se queda sin nada. Eso también puede llegar a pasar con la población.

Esta cuestión no solo pone en jaque el estado de bienestar sino nuestra supervivencia. Y no parece que vaya a revertir la situación porque la baja natalidad es parte central de nuestro modelo de sociedad. Así piensa el autor de este libro impresionante, que debiera inspirar los actuales grados universitarios, los mensajes de quienes aportan criterios religiosos y morales en nuestros días y los programas políticos de todos los partidos y núcleos de opinión.

La opinión generalizada se centra solamente en que dentro de 10 años habrá un problema con las pensiones; sin embargo, el problema es mucho más profundo, con muchas más derivadas y frentes en los que incide el que nazcan pocos niños y la sociedad envejezca. Porque el problema ya ha empezado y sigue camino del suicidio social. Y hay que decirlo así, sin rodeos ni tontos circunloquios.

Por eso el libro que comentamos es claro desde su título, porque vamos directamente a una catástrofe sin precedentes por la baja natalidad.

Como explica el autor, hasta hace un siglo tener hijos era una manera de garantizar el futuro por la supervivencia de la familia; ahora se los ve como una carga. Esto ya no es un dato estadístico. Es un cambio muy profundo de cultura en el que los valores y prioridades han sufrido un vuelco espectacular y más que preocupante. Un ejemplo, ¿cuál es el mejor anticonceptivo existente?: la riqueza. Los países más ricos son los que menos hijos tienen. Y esto ya se está traduciendo en consecuencias importantes en el llamado mundo occidental. Lo primero que se aprecia es el envejecimiento de la población, pero no es el único: soledad creciente de las personas, drástica reducción de parientes próximos y empobrecimiento emocional, debilidad frente a otras civilizaciones con una demografía más fuerte, decrecimiento económico por falta de productores y consumidores, quiebra del sistema público de seguridad social, etc. Pero también el cambio drástico en la manera de entender la vida, empezando por un individualismo cada vez más radical, el hedonismo de buscar el bienestar material y económico sin mirar hacia otros sectores de la sociedad o hacia las generaciones futuras.

Ha aumentado la llamada «esperanza de vida», pero la negación generalizada a transmitirla a nuevos seres humanos pone de manifiesto una falta de esperanza radical, es decir la consideración de la vida como algo valioso que merezca la pena entregar a otros; sobre todo si ello nos complica la vida o supone algún tipo de sacrificio.

Este libro es un intento intelectualmente honesto basado en datos para hacer prospectiva, y analizar causas y consecuencias. Todos tenemos una cierta preocupación por el envejecimiento de la población, pero circunscribiéndola a lo más próximo y perceptible: las pensiones. Sin embargo, eso es únicamente la punta del iceberg.

El libro nos presenta en la primera parte la catástrofe demográfica que amenaza a la sociedad; las dos restantes están dedicadas a indagar los motivos y proponer soluciones.

Alejandro Macarrón es autor también de El suicidio demográfico de España (Homo Legens, 2011) y director de la Fundación Renacimiento Demográfico, cuya finalidad es estudiar, promover soluciones y sensibilizar en torno al problema demográfico.