Susan Kinyua: «Mujer a mujer vamos cambiando nuestro país»

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El semanario Alfa & Omega (21-27 marzo 2024)[1] ofrecía a sus lectores una entrevista a Susan Kinyua, una keniana excepcional, galardonada con el premio Harambee 2024[2], concedido a personas o instituciones que promuevan la dignidad y derechos de la mujer africana. Kinyua es «genio femenino» en estado puro: intuición, realismo, sentido práctico, generosidad…

Nacida en Kenia, de familia católica, es esposa, madre y abuela. Economista, trabajó durante doce años en Barclays Bank, desde donde fue percibiendo la situación de gran número de mujeres kenianas: mayoritariamente analfabetas[3], eran fácilmente engañadas a la hora de solicitar préstamos para poner en marcha los pequeños negocios que necesitaban para sacar adelante a sus familias. Acosadas por la soledad y las deudas económicas, esta situación generaba en muchas de ellas la desesperación y los deseos de suicidio. A la vista de este panorama, Kinyua dejó su profesión para dedicarse de lleno a la educación de la mujer: «He renunciado al dinero que da trabajar en un banco y soy mucho más feliz», es la conclusión a la que llega, tras su dilatada experiencia.

La Fundación Kianda

Kinyua desempeña una importante función en la Fundación Kianda. Su tarea es, como ella afirma, el «trabajo de campo»: coordinar a los voluntarios, presentar el proyecto a las autoridades locales, motivar a los participantes, elaborar informes para los donantes, etc. Es una auténtica «promotora» del proyecto.

Kianda es una fundación keniana, creada en 1961 para la atención de la mujer. Nació con dificultades aparentemente insuperables porque los fines que pretende (ser multirracial y multiétnica; dedicarse a la educación femenina, en una época en la que la mujer keniana no tenía demasiadas facilidades de acceso a la misma; apertura a todos los credos religiosos, etc.) chocaban frontalmente con la normativa del gobierno, pues —en palabras de Kinyua— «existía la ley del apartheid y nos dijeron que no podíamos tener bajo el mismo techo a niños asiáticos, africanos y blancos…». Pero la creatividad fue más potente que las dificultades: «…así que lo que hicimos fue crear una especie de consulado donde pudimos funcionar con leyes distintas a las del país y así educar a niños de etnias diferentes juntos». Kianda College fue el primer proyecto de la Fundación y el único en aquellos momentos (formación en secretariado y estudios empresariales). Con él daba comienzo un conjunto de iniciativas que se fueron desarrollando, tanto educativas como de carácter empresarial o sanitario[4].

La clave está en la educación. El proyecto Fanikisha

El acceso de la mujer a la educación en Kenia es aún deficiente porque muchas familias no poseen recursos suficientes para educar a todos los hijos y optan por los varones; también muchas de las chicas quedan embarazadas muy jóvenes, lo que interrumpe su proceso educativo, pues desde ese momento han de asumir la atención a los hijos, el cuidado doméstico y encontrar un trabajo para sacar adelante a la familia, etc. Considerando esto, Kinyua puso en marcha, dentro de la Fundación Kianda, el proyecto Fanikisha, que ha formado a más de 4.500 mujeres en gestión empresarial para que emprendan sus propios negocios. El 30 por ciento de las participantes son jóvenes, lo que supone una buena noticia. Además, el 80 por ciento de estas mujeres han duplicado sus ingresos.

Kinyua lo tiene claro: «La educación, en mi opinión, es la solución para acabar con el círculo de pobreza». Y el concepto que Kinyua tiene de educación es el de formación integral de toda la persona: «En Fanikisha, no solo enseñamos competencias empresariales, también enseñamos higiene, cómo cuidar de sí mismas, cómo rechazar los abusos; el autoconocimiento, cómo les afectan en el presente los problemas de su vida pasada […]. Queremos apoyar a la persona en su totalidad». Toda una apuesta educativa desde los pequeños detalles.

Esa educación reclama el acompañamiento personal. Para ayudar a las mujeres a conseguir «la mejor versión de sí mismas», Kianda tiene un programa de asesoramiento y acompañamiento en cualquiera de sus centros de formación. Esta nueva percepción de sí mismas supone un cambio de mentalidad en ellas, pues, como explica Kinyua, los roles del hombre y de la mujer están muy marcados en África.

Kinyua resume así el ideal que impulsa sus proyectos: «El feminismo, el empoderamiento de la mujer, desde mi perspectiva, es educación; que la mujer pueda estar en su sitio, encajar, realizarse de verdad a sí misma y alcanzar su pleno potencial como persona. No tenemos nada en contra del hombre. No debería haber una competición, cada persona tiene su rol. Por ejemplo, mi marido nunca podrá estar embarazado o dar de mamar a un bebé, hay roles que son claramente mi responsabilidad, y él, es cierto, me apoya; yo también le apoyo, contribuyendo a nuestros ingresos familiares». Se trata, pues, de un feminismo lleno de sentido común, tan distinto del que nos ha invadido en Occidente.

África, «sonrisa y esperanza del mundo»

África es el continente de la esperanza: el único que incrementará su población notablemente. El continente más joven y el de mayor fecundidad demográfica. Sus recursos materiales son fabulosos…

El papa Francisco nos advierte[5]:

No toquen el África. Dejen de asfixiarla porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear […]. Que África sea protagonista de su propio destino […]. Que África, la sonrisa y la esperanza del mundo, adquiera más importancia […] que no tenga como centro el control de las zonas y de los recursos, ni los objetivos de expansión y el aumento de los beneficios, sino las oportunidades de crecimiento de las personas.

Kinyua y muchas otras mujeres están en ello: «Mujer a mujer vamos cambiando nuestro país».


[1] Hemeroteca Alfa & Omega n.º 1347.

[2] Susan Kinyua recibe el «Premio Harambee 2024 a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana»

[3] Los datos del año 2018 apuntan que el 60 % de las mujeres adultas y casi el 49 % de las jóvenes eran analfabetas.

[4] kianda foundation

[5] Discurso en su viaje apostólico a Congo. Kinsasa, 31.02.2023.

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