Yo he vencido al mundo

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Marco Rupnik, iglesia baja de San Pío da Pietrelcina En San Giovanni Rotondo
Marco Rupnik, iglesia baja de San Pío da Pietrelcina En San Giovanni Rotondo

Por Mar Carranza Jiménez


En este número ofrecemos una entrevista radical —yendo a la raíz— con el padre Emiliano Manso, sobre la tradición y las relaciones entre generaciones. El padre Manso como sacerdote cruzado, ha entregado su vida como pastor, director y guía espiritual de mayores y jóvenes. En esta conversación nos ofrece una visión llena de esperanza y confianza.


P.1. ¿Qué es la tradición? ¿Es enemiga del progreso?

R. Me alegro mucho de que me hagas esta pregunta como inicio de nuestra conversación. Es una pregunta muy compleja para responder en unas breves líneas, exigidas por la extensión concedida en la revista.

Es un tema tratado mucho ya desde antes del concilio. Es famoso el libro del P. Yves Congar en 1960 titulado: La tradición y las tradiciones. En el concilio se trató a fondo y cuajó sus enseñanzas sobre todo en el capítulo II de la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación: la transmisión de la Divina Revelación.

Me arriesgo en una elemental descripción sencilla decir algo incompleto en un tema tan delicado, importante y sensible. La Tradición es la fuente de la Revelación Divina juntamente con la Sagrada Escritura; esa tradición nos transmite verdades de fe y moral, que es fuente infalible de verdad inmutable. La revelación de las verdades infalibles es inmutable, pero son verdades que se han desarrollado. Se ha hablado mucho de la evolución homogénea del dogma para que sea legítima ha de hacerse de modo que sea «en el mismo sentido y en la misma formulación» eodem tamen sensu eademque sententia[1].

Respecto a las tradiciones tanto en el ámbito de la fe, en la Iglesia y en el mundo religioso, costumbres religiosas, morales, modos de vivir etc. es amplísimo el margen de aplicación. Pero dicha evolución, ha de hacerse de modo que esas tradiciones no anulen la tradición misma como la nación, las costumbres de la nación, la familia, la cultura etc. y de cualquier otra institución. Y esto es lo que está pasando, admitiendo costumbres familiares que no son una evolución coherente y racional sino radicalmente opuestas a las costumbres transmitidas de siglos. Y admitidas estas tradiciones extrañas afectan, incluso a la tradición de fe y de costumbres morales inmutables.

P.2. ¿Existe alguna diferencia entre los jóvenes de hace cincuenta años y los de hoy?

R. Esta pregunta nos sitúa en el ámbito sociológico. La apariencia tiende a engañarnos y esta puede indicar diferencias entre los jóvenes de distintas épocas. Sin embargo, no podemos olvidar la realidad del pecado original, que es una realidad que nos configura radicalmente. El padre Morales se fijaba en que esta realidad permanente marca a todas las generaciones. Los modos pueden ser diferentes, pero la juventud de hoy tiene, como la de antes, el pecado original, que afecta del mismo modo a unos y otros influyendo en el comportamiento.

P.3. ¿Cree que la individualización de la sociedad ha contagiado a la familia, en concreto a la familia cristiana?

R. La familia es institución natural que está en el centro de la realidad social, que se profana cuando se fuerza a integrar cambios sustanciales que no mantienen ni el mismo sentido, ni la misma formulación natural, porque van en contra de la propia naturaleza. Pero no hay que perder la esperanza; la familia está apoyada sobre roca, esto es difícil que vayan a destruirlo,

El papel de la Iglesia es fundamental porque mantiene esa estructura central de conexión necesaria que deben tener las familias entre sí.

Ahora bien, los cristianos debemos tener mucho cuidado para no caer en la trampa del aislamiento. La Iglesia nos unifica y, por eso precisamente, hay movimientos familiares que buscan este apoyo mutuo, como es nuestro caso.

P.4. ¿Cree que hoy hay un abismo entre generaciones casi insalvable?

R. Conozco y convivo con familias que están muy unidas y que gozan muchísimo de sus relaciones. La familia cristiana es un espacio de ayuda mutua que contrasta con aquellas familias rotas que parecen vivir sin esperanza y en donde se puede perder la comunicación desde el corazón, convirtiéndose en un espacio de sufrimiento y soledad. Por tanto, las familias cristianas como lugar de encuentro entre generaciones, tiene un atractivo muy especial para los demás. Yo no creo que exista un abismo insalvable entre generaciones y en el caso de haber emprendido ese camino, pienso que su influencia social no tiene mucho recorrido.

P.5. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?

R. Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades muy positivas para la comunicación entre las personas, entre las diferentes generaciones, entre los miembros de la familia. Por ejemplo, tengo amigos cuyos hijos pasan un tiempo estudiando fuera de España y las herramientas tecnológicas les posibilita hablar y compartir su vida, al menos durante un rato, todos los días. Por tanto, las nuevas tecnologías de la comunicación no son buenas o malas; la clave está en cómo se usen. Como todo lo que procede del hombre puede usarse bien o mal.

La evolución de la técnica puede ser un peligro si no se usa racionalmente o no se usa para el bien, pero no tiene que ser así. Lo será si se elige que sea así. La educación es fundamental y, por tanto, el planteamiento antropológico de la educación es básico, para que todas las generaciones aprendan a usar la tecnología dirigiéndose hacia la belleza, la bondad, la verdad y bien.

En este sentido, el educador es un personaje realmente admirable y atractivo. Me cuesta aceptar que haya personas perversas que se dedican conscientemente a corromper la humanidad y a implantar e implantar un nuevo orden mundial, se entiende con perversión interna de la persona. Lo que se dice con perversión interna. Hasta el día de hoy solo hay un orden mundial que es —y ha sido— el cristianismo y, más en concreto, la Iglesia católica extendida por todo el mundo, en todas las lenguas y en todas las razas.

P.6. ¿Cómo ve usted el futuro de la sociedad?

R. Si nos dejamos llevar por lo que vemos o escuchamos, se nos puede encoger el corazón, pero yo quiero transmitir una actitud positiva basada en la fe. Somos la luz del mundo. Parece que se ha abandonado a Cristo, sobre todo en este mundo occidental que fue cristiano, sin embargo, este mundo que ha apostatado de la fe puede resurgir. La fuerza divina que se encierra en el pueblo de Dios no ha perdido su vitalidad. La palabra de Jesús, su promesa, resuena con pleno vigor, confortando nuestra esperanza, levantándonos el corazón, haciéndonos vivir alegres y esperanzados.

Me gustaría acabar la entrevista con estas palabras de Jesús: «En el mundo tendréis que sufrir, pero confiad; yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).


[1] Vincent de Lérins (435): El Conmonitorio: apuntes para conocer la fe verdadera. Editorial Palabra, 1976.

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