El sábado 13 de abril se cerró la gira del musical Skate Hero después de tres años de andadura que llevó a los jóvenes del Movimiento de Santa María a recorrer distintos puntos de España contando y cantando la vida de Ignacio Echeverría. Desde el primer momento este musical tuvo una gran repercusión debido a la relevancia y actualidad de la figura de Ignacio, a quien toda España e Inglaterra consideran un héroe contemporáneo, el héroe del monopatín, tal como lo apodó la prensa inglesa. ¿Quién podía imaginar que, ya en la primera representación, tuviésemos un mensaje del rey Felipe VI apoyando el musical o que nos llamasen del programa Got Talent para rendir homenaje a Ignacio en la televisión? En este sentido de repercusión y trascendencia el cierre de la gira se intuía también que podría ser especial.
Al ser la última representación del musical había dos gestos que se incluyeron y le dieron una gran fuerza simbólica. Por una parte, se trasladó, desde el Museo Memorial de Víctimas del Terrorismo en Vitoria, el monopatín con el que Ignacio Echeverría se enfrentó a los tres terroristas, utilizándolo como arma y escudo. Emocionaba tener en el escenario durante la actuación ese mismo monopatín con el que murió Ignacio. El otro signo potente fue que, en esta ocasión, la batería de Miguel Ángel Blanco, cruelmente asesinado por ETA hace veintisiete años, rompería su silencio y volvería a sonar sobre un escenario. Se rendía así homenaje a todas las víctimas del terrorismo en nuestro país y se mantenía viva su memoria.
El acto comenzó con un homenaje al joven concejal de Ermua. Tras una melodía inicial, de espaldas, sin rostro, aparecieron diversas figuras representando a militares, policías, guardias civiles, empresarios… Una voz en off nos recordaba, «durante demasiado tiempo miramos a otro lado». Una evocación a aquellos primeros años del terrorismo en los que los asesinados no tenían nombre ni apellido y en los que la sociedad miraba a otro lado para no complicarse la vida. Tras emotivos recuerdos por parte de los presentadores se pasó a evocar la historia de Miguel Ángel Blanco. Su secuestro, el ultimátum de 48 horas, el alzamiento de toda España exigiendo su liberación, su asesinato inmisericorde, las manos blancas alzadas en alto, el cambio histórico que todo aquello supuso en España.
Para finalizar, se pudo contemplar una coreografía recreada por la escuela de danza Palmira, recordando la historia de Miguel Ángel Blanco, mientras la orquesta interpretaba una pieza creada para la ocasión por el compositor Miguel Ángel Gómez González-Vallés.
El aire se podía cortar de la emoción que llegó a su clímax cuando Mari Mar Blanco, la hermana de Miguel Ángel, subió al escenario y se dirigió al público y, de una manera más personal, a Alejandro Obregón, el batería que había tocado y que le había hecho recordar de una manera tan especial a su hermano. Entre lágrimas y ovaciones, Mari Mar pudo sentir el calor de todos los que allí estaban arropándola con su cariño.
Tras este momento intenso tuvo lugar por última vez la interpretación del musical Skate Hero. Todo el mundo dio lo mejor de sí para esta ocasión. Tanto músicos como actores pusieron todo su buen hacer para recordar al héroe del monopatín y mover los corazones de los cientos de personas que abarrotaban el salón y de tantos que pudieron seguirlo en streaming. Al finalizar, como en otras ocasiones, subieron al escenario los padres de Ignacio, Joaquín y Ana, y agradecieron a los asistentes su participación en el musical. Una ovación interminable —¿a los actores, a los padres de Ignacio, al propio Ignacio Echeverría?— con el público en pie cerró el acto.
Seguro que se pueden destacar muchos aspectos de este acto final y de la gira del musical, pero me gustaría señalar uno: el compromiso social. Los jóvenes que han interpretado este musical han podido convivir con la figura y el recuerdo de Ignacio a lo largo de tres años. Lo han tomado como ejemplo y han descubierto muchas de las virtudes de este joven abogado católico. Han aprendido a vivir, como él, su vida con compromiso y alegría. Y lo han hecho ya en la propia interpretación de este musical.
Dar un paso adelante y rendir homenaje a las víctimas del terrorismo, proponer un modelo de sociedad en el que el perdón y la reconciliación sean la clave de convivencia, mostrar la vivencia de la fe como motor de la vida, es estar en medio del mundo para dar luz.
Necesitamos entender que nuestra fe debe iluminar las tinieblas de la noche. Y que para ello debe cruzar el atrio del templo y salir a las calles, pisar los escenarios si es necesario. La luz no ha sido encendida para esconderse debajo de la cama o en la sacristía de una iglesia, sino para iluminar toda nuestra casa.
Gracias Ignacio, gracias jóvenes de la Milicia de Santa María, por ser luz en la oscuridad de nuestro mundo que anuncia ya el amanecer que todos esperamos.







