No es cosa menor que esta publicación que el lector sostiene ahora entre sus manos celebre, precisamente ahora, una trayectoria que se inició hace ya medio siglo (precedida, además, de una entrañable prehistoria de ocho años).
En junio de 1974 nació a los ojos del público nuestra revista Estar. Más propiamente Hágase-Estar, ya que en estas dos palabras se sintetiza la vida y la actitud de la Virgen María: Por un lado, la apertura, la escucha, la disponibilidad humilde y confiada a los planes de Dios; por otro, la fidelidad hasta el fin, sostenida con amor y constancia al pie de la cruz. Y esta publicación no pretendía otra cosa: seguir los pasos de María, llevando a su hijo Jesús al mundo entero.
Hablábamos de una prehistoria de ocho años… concretamente, entre mayo de 1966 y junio de 1974. A lo largo de este tiempo se publicó un pequeño y humilde anecdotario para los miembros de la Milicia de Santa María, unos cuadernillos trimestrales mecanografiados y elaborados con multicopista —los jóvenes hoy ni se imaginan seguramente qué era eso…—, no muy bien cortados por cierto, pegados con cola blanca a unas tapas muy sencillas en las que se leía la palabra «ESTAR». El primer artículo, precisamente, lo firmaba un profesor de una escuela de capacitación bancaria, que hablaba del sufrimiento y las esperanzas de sus alumnos, los jóvenes “botones”. Al final se leía: «A. A.». Era Abelardo de Armas.
Después de tres números, ya en 1967, las hojas clicostiladas dieron paso a otras elaboradas en imprenta, pero igual de modestas en su presentación. La pobreza de medios contrastaba con el fuego y el entusiasmo que irradiaba su contenido, nacido de las vivencias y experiencias de aquel grupito de jóvenes militantes.
Sería ya en 1974 cuando ese pequeño anecdotario se transformó en una publicación que deseaba mostrar la vivencia de la fe y los afanes apostólicos de aquel incipiente movimiento, a la vez que se abría al público en general para introducirse en los hogares cristianos y alentarlos en sus dificultades, ser espejo de vida y ofrecer aliento en la lucha por extender la presencia de Dios en el mundo.
En el Editorial del primer número de la nueva Revista de experiencias apostólicas se aludía al significado de la palabra «Estar», recogiendo lo que con emoción se explicaba ya en la primera de aquellas hojas de los inicios:
Estar (stare) lo empleaban los romanos aludiendo a la actitud viril del legionario en guardia. Es de todos conocido el caso del soldado a quien la lava del Vesubio sepultó en Pompeya. Las gentes huían despavoridas ante el río hirviente que galopaba tras ellos. Cuando dieciocho siglos más tarde los arqueólogos descubrieron la vieja ciudad romana, el soldado «stábat» en el lugar que se le había ordenado custodiar. Su cuerpo muerto, ejemplo vivo de la tenacidad de un pueblo.
»Estar era la palabra que definía a la persona leal que cumplía lo prometido, a la que era perseverante en el camino emprendido, rectilínea en la decisión tomada. Revela la constancia de un carácter entero.
»Y esta era la actitud de María al pie de la cruz: permanecía firme, en pie; dolorida sí, pero sin dejarse invadir por el desaliento, dominando su propio dolor. Esta fue en realidad la disposición fundamental de su alma, viviendo el momento presente, el único que nos permite estar en contacto con la eternidad.
Se cumplen ya 50 años estando entre nuestros lectores, extendidos hoy por todo el mundo, adoptando formatos diversos a lo largo del tiempo, pero brotando del mismo manantial, el carisma recibido y difundido por el venerable P. Tomás Morales SJ, y sirviendo a la misma misión: prolongar el misterio de la Encarnación en el mundo reproduciendo el modelo de la familia de Nazaret y contribuir a una nueva evangelización a través de la movilización del laicado.
Las experiencias apostólicas se han ido entrelazando con artículos de opinión y con temas de fondo al hilo de la vida de la Iglesia y de las conmociones que agitan nuestro tiempo. Estar se ha ido definiendo de este modo como una revista católica de actualidad y de testimonios, como un ámbito de encuentro y de propuestas de transformación para el mundo, y como un vínculo de comunión entre todas las realidades surgidas fielmente del carisma de nuestro padre Morales.
Se vienen dando cita en nuestra revista testimonios atractivos de vida y criterios para un juicio cristiano acerca de los acontecimientos del momento, orientando la conciencia del lector desde la fe y la doctrina de la Iglesia. Urge hoy disponer de claves y pautas para la formación y el crecimiento interior, fomentar la hondura de la mirada cristiana acerca de la persona, las cosas, los acontecimientos.
Por estas páginas han pasado grandes colaboradores y testigos que han dejado huella. Empezando por Abelardo de Armas y su sección «Agua viva»; Abilio de Gregorio, con sus aportaciones y reflexiones llenas de sabiduría y sensatez; Santiago Arellano, nuestro «maestro de la mirada»; Juan Antonio Gómez Trinidad, penetrante observador de la naturaleza y vaivenes de la educación actual…, por solo citar a algunos entre los más destacados.
Somos conscientes de que es preciso afrontar los acontecimientos y las preocupaciones con serenidad y con audacia, sabiendo que de nuestra actitud y de nuestra constancia en el bien (stare) se seguirán formas de vencer la adversidad y de superar las contradicciones. Sabemos también que en este empeño no estamos solos. Amamos con pasión y fidelidad a nuestra Madre la Iglesia. Entre los zarandeos a los que se ve sometida por las instigaciones del maligno, sabemos que el Espíritu de Dios la alimenta y sostiene, y nos sentimos orgullosos de ella. Queremos mostrar al mundo también el atractivo rostro de una Iglesia viva, pujante y universal.
Pero necesitamos que nuestros lectores, bienhechores y amigos se conviertan también en testigos de luz y de esperanza atrayendo nuevos suscriptores para que este pequeño milagro de la Providencia pueda irradiar el amor a nuestra Madre la Iglesia al mundo entero. Muchas felicidades a todos, muchas gracias a Dios… y a trabajar, amigos.







