Si no tomas partido es que no eres humano. Si te decides a actuar, llámame
Por Jesús jaraíz Maldonado
Alemania, 2006
137 minutos
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
George Orwell sufrió en propia carne los efectos de la represión comunista en la guerra civil española. Fruto de sus reflexiones publicó su distópica novela 1984. De ella nos interesa su máxima: Quien controla el pasado controla el futuro.
Recientemente, el sacerdote alemán Josef Rudolf denunciaba la idealización del pasado de la extinta Alemania comunista, conocida entonces como República Democrática Alemana (RDA). Recordaba así mismo el sufrimiento ocasionado a los católicos de aquel país. Rudolf sabe bien de lo que habla. Asistió como secretario personal al cardenal Meisner, arzobispo de Berlín, en los años previos a la caída del Muro.
Frente al riesgo actual de idealización del pasado, La vida de los otros muestra el verdadero rostro del Estado socialista alemán.
Noviembre de ¡1984! Berlín oriental. La Stasi, policía secreta del régimen —unos 100.000 funcionarios y 200.000 confidentes— se empeña en «saberlo todo» de todos. Por su habilidad para interrogar a sospechosos destaca entre ellos el capitán Weisler. Cree sinceramente en la causa socialista y pretende ser leal al régimen. Solitario, discreto, meticuloso, gris —como su vestimenta— y… profundamente triste.
La curiosidad del capitán se despertará al investigar a Lazlo —nombre en clave de un reputado escritor— y a su novia —la renombrada actriz Christa Maria—. Lazlo es idealista y sensible: «¿Puede un hombre escuchar esta música, escucharla de verdad y ser una mala persona?». Sabe empatizar con el sufrimiento de sus amigos. Sabe comprometerse y asumir riesgos. Y está dispuesto a esclarecer la verdad, sacando a la luz las vergüenzas del sistema: en la tierra del socialismo real, el régimen silencia (cancela, diríamos hoy) que su país sea el segundo de Europa en suicidios, por detrás de la también comunista Hungría.
Aun así, Lazlo necesitará que un amigo le anime a lanzarse a la acción: «Si no tomas partido es que no eres humano. Si te decides a actuar, llámame».
A medida que Weisler profundice en la vida de los otros, irá descubriendo las contradicciones del Estado socialista al que sirve: la corrupción e hipocresía en sus mandos, el miedo de la población, la desconfianza sistemática hacia intelectuales y artistas, y la persecución religiosa de los cristianos: «Si revela su tapadera se acabaron las reuniones de feligreses, porque le cerramos la parroquia… entonces, que vaya a quejarse al papa». En definitiva, la anulación de la persona y su dignidad.
Cinco años después caía el Muro de Berlín desintegrándose un Estado socialista que parecía invencible. ¿Quiénes protagonizaron de forma destacada su caída? Responde el sargento Udo, de la Stasi: «Prefiero vigilar a artistas que vigilar a sacerdotes o pacifistas».
Un apunte respecto al segundo grupo de protagonistas. En 1982, dos años antes de los hechos narrados, Christian Führer, párroco luterano de San Nicolás, en Leipzig, convocó a los jóvenes de la parroquia a un acto de oración por la paz. Acudieron un puñado de jóvenes con velas. Con el tiempo pasaron a ser varias decenas de miles, hasta que finalmente, el 4 de noviembre de 1989, un millón de alemanes pedían pacíficamente democracia y elecciones libres. Días después dimitía el gobierno de la RDA y el 9 de noviembre se abría el Muro de Berlín.







