A veces, tu alegría es la fuente de tu sonrisa; pero, a veces, tu sonrisa puede ser la fuente de tu alegría.
Thich Nhat Hanh
Madre Teresa de Calcuta (1919-1997) religiosa albanesa nacionalizada india, premio nobel de la paz en 1979, de nombre secular Anjezë Gonxhe Bojaxhiu y también conocida como santa Teresa de Calcuta, fue una monja católica que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta en 1950. Mujer de una gran espiritualidad y austeridad, tenía una sencilla sonrisa que cautivaba; a ella se le atribuye la autoría de esta frase: «Sonreíos los unos a los otros; sonríe a tu mujer, sonríe a tu marido; sonreíd a vuestros hijos, sonreíos sin que os importe a quién, y eso os ayudará a que crezca vuestro amor por el otro».
Sí, la sonrisa, ese contacto espontáneo, natural, no afectado entre las personas, el lenguaje que todo el mundo entiende y agradece, es medio eficacísimo de apostolado si la utilizamos con esa intención.
Todos hemos comprobado la sencilla, sublime y profunda alegría que experimentamos en cosas tan dispares como el enamorarse o en la contemplación un bebé. ¿Por qué sonreímos cuando vemos un bebé? Quizá sea porque vemos a alguien que todavía no ha desarrollado todas esas barreras defensivas que nos «protegen» de los demás, alguien que nos sonríe y lo hace de forma totalmente auténtica, desinteresada y sin engaños. Y el alma de bebé que seguimos llevando dentro sonríe instintivamente con melancólico agradecimiento.
La sonrisa no cuesta nada y enriquece a todo el que la da, es la generadora de la alegría, esa alegría consciente que depende de nuestra actitud ante la vida; esa alegría que nos llena de satisfacción por el mero hecho de estar vivos, simplemente, sin tener nada o encontrándonos en alguna situación poco cómoda.
Es la alegría esa disposición que potencia nuestra fuerza vital y nos muestra el lado amable de nuestra existencia y, como consecuencia, nos convierte en personas atrayentes, magnéticas, ilusionadoras, creativas y contagiadoras del gozo de vivir.
Donde hay alegría crece la buena sociabilidad, porque donde hay una persona alegre no tienen cabida las rencillas, las envidias, los temores, las desconfianzas… La sonrisa hace aflorar el lado soleado de nuestra existencia y hasta puede mejorar nuestra salud al potenciar las endorfinas, que desatan la alegría y reducen el dolor.
No cabe la menor duda de que, partiendo de la sinceridad, mejoraríamos mucho nuestro entorno practicando con asiduidad el sabio consejo de Madre Teresa: «Sonreíos los unos a los otros».







