
Lo bien que nos comunicamos no está determinado por lo bien que decimos las cosas, sino por lo bien que nos entienden.
—Andrew Grove—
Joaquín Navarro-Valls (1936-2017) fue director de la oficina de prensa (Sala Stampa vaticana) y portavoz papal durante veintidós años con Juan Pablo II (entre 1984-2005), y con Benedicto XVI, (entre 2005-2006).
Como portavoz su principal objetivo era apoyar al papa, aun sabiendo que Juan Pablo II no necesitaba esa ayuda porque —aseguraba Joaquín— el papa era un comunicador tan potente que «se salía de la pantalla», aunque no contaba con otros instrumentos humanos más que la simple persuasión.
Eran muy conscientes los dos, el papa y el portavoz, de que el bien crece cuanto más se comunica y, por eso, callar por sistema suele ser nefasto comunicativamente hablando.
Bien lo experimentó Joaquín que se topaba con la actitud reservista de cierta parte de la alta esfera vaticana, según nos cuenta:
Los responsables de la Secretaría de Estado tienden a cerrarse, a multiplicar la «prudencia», a hacerse más cautos. Juegan siempre a la defensiva y nunca con carácter propositivo. Su lema es «no diga nada, pero si preguntan…». Así, la iniciativa es siempre de los otros, de quien lanza rumores, pero nunca nuestra. No se plantean proponer nuestra agenda a los medios, sino rectificar a los medios cuando estos acentúan demasiado los errores.
Si los creyentes, en general, comunicamos poco y mal, es porque nos solemos dejar llevar por la comodidad y la cobardía; el nefasto «mejor no hablar» muchas veces es el escapismo a no saber qué es lo que se pretende comunicar, a dónde queremos llegar y cómo.
En demasiadas ocasiones no se sabe cómo acertar y nos inclinamos por la peor solución: la inhibición, cuando precisamente la solución está en el lado contrario: la acción, la práctica, que es la manera eficaz de prepararse.
Actuar una y otra vez nos lleva a aprender —incluso de los errores— los recursos necesarios para movernos con desenvoltura en medio de la comunicación.
Tenemos que ser emisores originales que creen en lo que informan y defienden, sin complejos, aprendiendo a combinar relaciones, respeto, creatividad y firmeza en las propias convicciones.
En la era de la comunicación el estar presente en los medios comunicativos es vital para alcanzar un doble objetivo en toda información:
Confirmar a los nuestros en sus creencias y valores.
Desenmascarar mentiras.
Y debemos estar constantemente presentes en los medios de comunicación, aunque no tengamos el don de salirnos de la pantalla.






