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Un Dios prohibido

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Cartel oficial de la película Un Dios prohibido (2013), dirigida por Pablo Moreno, sobre el martirio de los seminaristas claretianos de Barbastro en 1936
Un Dios prohibido (Pablo Moreno, 2013): la historia de 51 claretianos que ante la disyuntiva de renegar de su fe o morir respondieron «Preferimos morir por Dios»

Preferimos morir por Dios

Por Jesús jaraíz Maldonado

España, 2013
133 minutos
Director: Pablo Moreno

Recientemente he visitado Almería y he vuelto a disfrutar de un paseo por su casco antiguo. Siempre que voy me detengo a los pies de la torre de su catedral, ante la estatua de don Diego Ventaja Milán, obispo martirizado al comienzo de la guerra civil. Me acerco, ya en el interior del templo, a la Capilla de los Mártires, en memoria de los 115 sacerdotes, religiosos y laicos —una de ellos de etnia gitana— que dieron testimonio de fe con su vida.

Ya de regreso, nos detuvimos en Úbeda. En su término municipal se encuentra el Cerrillo del Aire; allí fueron asesinados varios católicos. También la vecina Baeza cuenta con su elenco de mártires. Al día siguiente —13 de diciembre de 2025— se celebraba en la catedral de Jaén la ceremonia de beatificación de 124 mártires —sacerdotes, religiosos y laicos— asesinados también durante la guerra civil. En ninguna de esas poblaciones los guías de turismo llegaron siquiera a mencionar estos datos. Silencio y olvido absoluto.

Recordé entonces las vivencias narradas por el monje benedictino Plácido M.ª Gil en Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la guerra civil (1936-1939), Ed. Encuentro. Con quince años vivía en el monasterio de El Pueyo (Huesca). De allí fue sacado por la fuerza junto con todos los monjes, llevado a la vecina Barbastro y encarcelado con otros religiosos y laicos. Fue el único que sobrevivió a la matanza gracias a su temprana edad.

Los abundantes datos anteriores ayudan a contextualizar lo narrado en esta película. Los hechos descritos en Un Dios prohibido no fueron aislados, sino que formaron parte de un intento de exterminar todo rastro de catolicismo en España. El simple detalle de llevar un rosario suponía la muerte, como le ocurrió al gitano Pelé —«¿Tú no sabes que Dios está prohibido?»—.

Agosto de 1936, ya comenzada la Guerra Civil española. Milicianos anarquistas encarcelan a la comunidad claretiana de Barbastro, integrada por numerosos seminaristas. Les plantean dos opciones: renunciar a su fe o morir por Cristo. Ante ese odio, un religioso se pregunta: «¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué nos odian tanto?». Cada noche los milicianos nombran a quienes serán fusilados acto seguido.

La muerte es inminente. Su fe es firme, pero sufren tentaciones y aparecen las dudas —«Tengo miedo de no estar a la altura»—, incluso disfrazadas de encomiables propósitos, como continuar viviendo para servir en las misiones. Sin embargo, ninguno de los 51 claretianos renunciará a su fe —«Preferimos morir por Dios»—. Y qué mejor forma de hacerlo que perdonando y gritando: «¡Viva Cristo Rey!».

Almería, Úbeda, Baeza, Jaén, El Pueyo, Barbastro… En ocasiones buscamos peregrinar lejos para honrar la memoria de algún mártir cuando tenemos cerca, parafraseando al papa Francisco, a los mártires del pueblo de al lado. Y son multitud.

En estos tiempos nuestros, de aumento del interés por lo cristiano, pero también de incremento de las persecuciones por causa de la fe en Cristo, tal vez sea hora de proponer itinerarios martiriales para que no se pierdan en el olvido esos lugares concretos regados con la sangre de nuestros mártires. Por el momento, ya tenemos el 6 de noviembre para celebrar la memoria litúrgica obligatoria de los mártires de España del siglo XX.


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