Cuando te pregunte, dile

Jack Valero fundador de Catholic Voices. Comunicar amablemente

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Jack Valero
Jack Valero

Jack Valero, fundador de Catholic Voices, nació en Barcelona hace 57 años y marchó a Londres a los 17. Allí estudió Ingeniería, y al salir de la universidad montó una empresa de informática con unos amigos. Después de diez años, la vendieron a una empresa más grande y se puso a trabajar en la Oficina de Información del Opus Dei en el Reino Unido. En el 2006 montó un grupo de comunicación llamado «El grupo de respuesta al Código Da Vinci» que se ofrecieron a medios de comunicación para hablar de los temas que surgieron con el libro y la película. En el 2010 fue encargado de prensa en la beatificación del cardenal Newman por el papa Benedicto XVI en Birmingham, y ese año también fundó el proyecto Catholic Voices.


¿Cómo surgió Catholic Voices —Voces Católicas—?

Catholic Voices nace en el 2010 como un proyecto para preparar la visita del papa Benedicto XVI al Reino Unido. El anuncio del viaje provocó una polémica en el país, pues un número pequeño de personas conocidas se oponían a esa visita. Un amigo mío periodista y yo nos dimos cuenta que eso abriría muchas puertas en los medios de comunicación, que buscarían opiniones —tanto católicas como contrarias— en las fechas del viaje, y en las inmediatamente anteriores.

Con esa intuición, elegimos a unos veinte católicos laicos de diferentes edades, ocupaciones y clases sociales, y los preparamos durante varios meses para hablar en televisión y radio sobre temas polémicos de la Iglesia y la fe católica. Cuando llegó el Papa ocurrió como esperábamos, y hubo mucha demanda de gente de nuestro equipo. Logramos salir en más de 100 informativos.

La visita del Papa se convirtió en un gran éxito mediático por varios motivos, y nosotros pudimos aportar nuestro granito de arena a ese proceso. Poco después, los obispos del Reino Unido, al ver el éxito del proyecto, nos pidieron que continuáramos entrenando a laicos a comunicar de esa manera, y eso hemos hecho en los últimos siete años. Hasta ahora hemos entrenado a más de 120 comunicadores. Además, personas de distintas partes del mundo se han enterado del proyecto, y han pedido ayuda para montar grupos similares en sus países. Actualmente han comenzado grupos en 24 países en casi todos los continentes.

Los miembros de Voces Católicas, ¿son profesionales, cobran por las entrevistas?

Los miembros de nuestros equipos son todos voluntarios, católicos laicos con trabajos y familias, que están disponibles, de vez en cuando, en su tiempo libre, tanto para ir a medios a hablar de algún tema polémico que surja en las noticias, como para dar una charla explicando nuestro método de comunicación en una parroquia, un colegio o un grupo católico. No cobran por sus intervenciones.

A su juicio, ¿cuál es el rol del laico en la Iglesia?

El Concilio Vaticano II ya dijo que los laicos no eran solo los que no eran clérigos o religiosos consagrados, sino que definió su papel en positivo: la santificación del mundo secular, que incluye el mundo del trabajo y la familia.

En este sentido los laicos son los fieles clave en la Iglesia pues se encargan de la misma misión de la Iglesia en el mundo, y el papel de los clérigos es ayudarles a cumplir esa misión. Dentro de esa misión general está la función de comunicar el mensaje de la Iglesia al resto del mundo, por ejemplo, a través de los medios de comunicación.

Los laicos están en una posición muy apta para comunicar bien, pues están en la misma situación que el resto del público. No tienen que hablar desde arriba como si estuvieran imponiendo unas creencias, sino hablan a través de sus vivencias personales: que no les llega el sueldo a fin de mes, que no pueden dormir pues el bebé llora toda la noche, que les cuesta su trabajo, etc. Cuando comunican a sus iguales, la gente escucha.

¿Cuál es el desafío que se nos presenta a los creyentes para hacer eficaz la evangelización a través de los medios de comunicación?

Pienso que es esencial escuchar. El método de comunicación de Caholic Voices se basa en encontrar la intención positiva del otro, y hablar desde ahí. Vemos que detrás de cada crítica a la Iglesia hay siempre un valor cristiano. Cuando alguien propone la eutanasia, está apelando al valor de la compasión por el que sufre; cuando se critica a la Iglesia por no promover el uso de preservativos en la lucha contra el SIDA, detrás de ahí está el valor de cada vida humana; cuando se promueve el matrimonio entre personas del mismo sexo, hay un valor claro de la dignidad de la persona y de la primacía del amor.

Todos estos valores son valores cristianos, valores que tenemos en común, que muestran que hay muchas semillas del evangelio en el mundo moderno. Al descubrir esto nos hemos dado cuenta de que en la comunicación de nuestros valores ya no hace falta luchar: es cuestión de encontrar ese valor compartido, y comenzar a hablar desde ahí.

Y dentro de la comunicación, ¿cómo evangelizar un «católico de a pie» a través de la prensa, radio, TV, etc.?

Cuando uno conecta con esos valores cristianos del otro, se genera la dinámica de que los otros escuchan. Eso aumenta en uno mismo la confianza para comunicar, al darse cuenta de que no implica ninguna lucha sino al contrario.

Esa confianza hace que la persona comunique bien: al sentirse bien, se comunica bien. Esto funciona en los medios (la televisión, la radio), en las redes sociales (Facebook, Twitter), y también en la vida diaria con las personas de alrededor.

¿Cómo cambiar la imagen de una fe a la defensiva por una imagen de una fe firme pero amable?

Cuando sentimos que nuestros valores son atacados, es normal ponerse a la defensiva. Pero eso no comunica nada, pues se da la impresión de que lo importante es defender lo propio, y no ayudar a las personas que puedan sufrir alguna necesidad.

En realidad la Iglesia existe para ayudar a cada persona a ser feliz conociendo y amando a Dios y a los demás, pero la impresión que a veces damos es que lo que nos importa son nuestras doctrinas. Es una manera auto-referencial de comportarse de la que nos ha avisado el papa Francisco para que no caigamos en ella.

Usted dice que cada controversia es una oportunidad de comunicar nuestro mensaje, ¿lo podría explicar?

En general en nuestras sociedades la gente no está muy interesada en temas de religión, hasta el día en que surge una controversia en relación con la Iglesia, la moral, etc. En ese momento, la gente sí que está interesada en lo que pensamos y cómo afrontamos el tema.

Hay que aprovechar esa oportunidad para dar nuestro mensaje, pues cuando termina la controversia, también termina el interés de la gente. Por eso decimos que hay que sentirse positivo cuando surgen controversias que nosotros no creamos, pero que nos sentimos bien con ellas.

En otras palabras, no se trata de sobrevivir a la tempestad, sino de bailar bajo la lluvia con la alegría de saber que podremos comunicar nuestro mensaje.

En la era de la comunicación, ¿sigue teniendo vigencia aquello de comunicar hablando y hablar testimoniando?

El papa Francisco ha dicho que hay que hacer como Jesús, que primero hizo y luego dijo. Primero curó a los enfermos y ayudó a los necesitados, y luego predicó la doctrina.

En la última Jornada Mundial de la Juventud, un joven le preguntó al Papa qué debía decir a su amigo, que era ateo. Quería que el Papa le diera un buen argumento para la fe y se quedó un poco sorprendido por la respuesta:

—Escucha. La última cosa que debes decir es decir algo. Comienza a hacer y él lo verá y te preguntará. Cuando te pregunte, dile.