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Grupo Juan Pablo II: nuestro carisma en camino

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Responsables de la actividad
Responsables de la actividad

Por María García Labarga. Irene vela.

Este verano el grupo de jóvenes Juan Pablo II estuvimos de peregrinación y convivencia en Cantabria. Quisimos estructurar estos días viviendo el carisma que siempre ha estado detrás de las actividades, pero que muchos de nosotros desconocíamos, trabajando los cuatro puntos cardinales que propone el P. Morales en su libro Forja de hombres: mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión y escuela de constancia.

Mística de la exigencia

Enmarcamos esta primera etapa durante los tres primeros días de nuestro camino hacia Santo Toribio de Liébana. Lo dividimos en tres etapas: Cades-Cicera, Cicera-Cabañes y Cabañes-Santo Toribio de Liébana. Fueron unos días preciosos entre paisajes de monte espectaculares, con los picos de Europa como telón de fondo; tres días de camino exterior e interior poniendo en práctica esa mística de exigencia y compartiendo en amistad todo lo que íbamos viviendo.

Sobre todo, fueron días de abandono en lo que Dios tenía pensado para nosotros. A pesar de llevar muchas cosas organizadas, nos enfrentamos durante esos días a los imprevistos que iban surgiendo; las cosas fueron saliendo muy bien y, aunque no encajasen con nuestros planes, encajaban con lo que queríamos vivir. Un sinfín de cosas externas que nos ayudaron a vivir la mística de la exigencia durante esos primeros días.

Algunos momentos para recordar: la charla sobre la santidad hacinados en una minisala, desmontar las tiendas en un pispás, las comidas improvisadas bajo la lluvia, la rapidez con la que nos levantábamos de madrugada y nos poníamos en marcha, las locuras de Darío, la paraliturgia en Cabañes, los ratos de oración en el camino y, sobre todo, la llegada a Santo Toribio con la eucaristía y las reliquias de la Santa Cruz. Fue un regalo para todos culminar así el camino y poder pasar a adorar el Lignum Crucis, tocarlo con nuestras propias manos y ofrecer a todos los peregrinos un rato de adoración y música como nos gusta a nosotros. Cerramos la peregrinación con una tertulia en la que compartimos nuestras experiencias durante esos días.

Espíritu combativo

Los días restantes estuvimos de convivencias en Cóbreces, pequeño pueblo entre Comillas y Santillana, que nos enamoró con su playa y sus acantilados. Nos alojamos justo encima de la abadía cisterciense de Santa María de Viaceli, y pudimos compartir con los monjes alguna eucaristía y momentos de oración.

Durante los dos días dedicados al espíritu combativo tuvimos diferentes actividades. Tuvimos la suerte de que Emilio, «el cruzado de Roma», pudiese estar con nosotros este verano, nos diese una formación muy práctica sobre el tema, a partir de experiencias personales y compartiendo, entre todos, situaciones de nuestro día a día en las que nos costaba más vivir ese espíritu combativo del que nos habla el P. Morales. Visitamos el pueblo y dedicamos un día de descanso disfrutando de los alrededores.

Cultivo de la reflexión

Comenzamos esta etapa bajando de madrugada a la playa, donde tuvimos un momento de oración, desayuno y una mañana de convivencia en la que aprovechamos para hacer deporte y un bañito en el agua.

Con el cultivo de la reflexión tuvimos varias actividades que nos ayudaron a ponerlo en práctica. Una tarde de cinefórum sobre la película Sala de profesores que dio mucho que hablar, un rosario en familia dedicado ese día en especial a nuestra Madre, Santa María de las Nieves. También pudimos disfrutar de un paseo a los acantilados de Bolao, con una asamblea muy bonita sobre el sufrimiento, en la que mucha gente se sinceró. Reservamos, además, una tarde entera de retiro, con el Santísimo expuesto. No faltó de nada, fueron días muy bonitos en los que pudimos pararnos a reflexionar, a rezar unos por otros y descubrir maneras de reflexionar en comunidad.

Escuela de constancia

Los dos últimos días, enmarcados en la escuela de constancia, conocimos más sobre el P. Morales visitando Comillas y la Universidad Pontificia y estuvimos en Santillana del Mar, donde pudimos compartir la misa con las clarisas y degustar las delicias locales.

Cerramos las convivencias con una asamblea final, en la que muchos entendimos lo que habían supuesto esos días y cómo había pasado el Señor por nuestras vidas, y terminamos celebrando la eucaristía y renovando nuestros compromisos con la Virgen, realizados durante la última fiesta de la Inmaculada, en un momento muy sencillo y muy bonito.

Han sido unos días muy completos, de esfuerzo, de superación, de compartir y de convivencia, llenos de entrega. Todos hemos puesto nuestro granito de arena para que las cosas saliesen bien y para que hayamos podido disfrutar de estos días vividos como una pequeña familia dentro del Movimiento.

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