Jornadas de Pascua con el Movimiento de Santa María en Lima

Jornadas de Pascua
Jornadas de Pascua

Al concluir nuestras Jornadas de Semana Santa en Cieneguilla (Lima), constatamos que el Señor ha estado muy grande con nosotros y estamos alegres. Él y la Madre han actuado y son nuestra alegría y nuestro gozo. Que lo digan Catalina —aunque solo con su sonrisa pues tiene solo seis meses —o sus abuelas con 70 años a cuestas— o los 40 participantes: 10 jóvenes, 20 adultos y 10 niños. De modo especial se agradece la presencia de nuestro director regional Josemari Echeverri, acompañado por Jaime Mas y los cruzados de Arequipa, J.M. Bellido y John Carlos; y, de nuevo entre nosotros, el P. Santiago.

En el corazón de los presentes quedan grabadas vivencias muy profundas de encuentro con el Señor, con nuestra Madre, con cada uno de los participantes. Días intensos de formación, de compartir experiencias, de ser conscientes de que Cristo vive en cada uno y en todo el grupo. Bendecidos, agradecidos, salimos de nuevo al mundo para ser testigos de que Cristo vive y ya nos abrió las puertas del Cielo. Cada actividad representa, de algún modo, ese trocito de cielo experimentado en pleno campo y que, ahora, queremos compartir en nuestro trabajo, en nuestras familias y amistades. Les comparto algunos testimonios:

Éder Falcón

Una experiencia de Dios, nueva y gozosa, vivida en clave de Movimiento. Fue, en pocas palabras, la impresión que me han dejado en el corazón las Jornadas de Semana Santa de este año en Lima. Fuimos dos grupos claramente diferenciados. Uno de familias, con realidades diversas dentro de ellas, y otro grupo de jóvenes, donde participaban también algunos militantes colaboradores. Fue una experiencia nueva porque hasta el momento en Lima habíamos tenido este tipo de Jornadas solo con militantes, y, por otro lado, porque habíamos dado apertura a jóvenes que recientemente habían conocido la Milicia. La organización fue todo un reto y ha supuesto para los miembros del Movimiento descubrir nuevos cauces de actuación y un crecimiento en el carisma. Esto ya es una gracia muy grande en el ámbito personal y de cara a futuras actividades.

A mí me tocó ser el responsable del grupo de jóvenes. Está claro que el Señor se vale también de instrumentos insuficientes para construir su obra y fue realmente extraordinario lo que iba sucediendo en esos jóvenes a lo largo de las jornadas. La exigencia del horario se hacía sentir para algunos, pero se pudo experimentar el gozo de renunciar a la pereza o a la comodidad. Tuvimos charlas de formación, asambleas, talleres de guitarra y oratoria, partido de futbol, caminata, visita a un hogar de menores en abandono, momentos de oración y, claro está, la participación activa en los oficios litúrgicos. Fueron momentos de especial gozo el compartir la mesa con las familias, con quienes teníamos también los oficios. Se generaba sin ningún esfuerzo un ambiente propicio para enriquecernos unos de otros. Esto favorecía la convivencia y nos animaba a dar lo mejor de nosotros mismos.

Fueron dos las actividades que podría destacar y que me parecieron entrañables. Una fue la visita con los jóvenes a un hogar de menores, donde tuvimos la oportunidad de jugar, cantar y hacer dinámicas con cerca de 30 jóvenes varones entre 12 y 17 años en estado de abandono. Muchos de los jóvenes que estaban en Jornadas quedaron conmovidos con el testimonio vivo de estos otros jóvenes que —sin nada poseer— eran capaces de sonreír y acoger con cariño a los que los visitaban. La otra actividad fue el rezo del santo rosario todos juntos, familias, colaboradores y militantes. Fue en los jardines de la casa frente a una escultura blanca preciosa de la Virgen. Un rosario misionero que motivó peticiones llenas de entusiasmo.

La riqueza de la convivencia se evidenció en la asamblea final donde todos se desbordaron en acción de gracias por la actividad. Me quedo con el comentario de uno de los jóvenes, en el que afirmaba que, viendo a una de las familias con los niños al hombro, dándoles de comer, haciendo lo posible para que estén tranquilos, significó para él la mejor catequesis familiar que podía haber tenido. Lleno de gratitud rezo por los frutos de esta gozosa experiencia.

Eduardo Rojas

Realmente la sumatoria en la entrega de cada uno ha sido determinante para poder vivir a plenitud estos días santos. El llevar a cabo las Jornadas en grupo ha sido fundamental para poder vivir la fe de modo personal y, a la vez, compartirla entre todos.

El horario, la exigencia, actividad incesante, los temas (y los ponentes también), y la campanita (la yapa) que nos indicaba que hay algo nuevo que hacer, que debemos cambiar de actividad, han podido configurar un clima propicio para estos días.

Me voy confiado en que el Espíritu Santo ha soplado en Jornadas y que los frutos se van viendo poco a poco. Mi propósito es retomar un horario para vivir santamente todas las actividades ofreciéndolas a Dios. Salgo contento de Jornadas con la confianza puesta en santa María para todas mis actividades.

Sandra Solís de Barrueta

Queridos míos. Como un comentario personal debo decir, que esta Semana Santa la hemos vivido santamente. Llegué sedienta y hambrienta y me sacié hasta el colmo.

Me quedan en la retina, los hermosos ojos de mi Micaela de María, brillantes de inocencia y de amor diciéndome: «¡mamita, la semana Santa es todos los días porque Dios está en mi corazón!» Y es verdad. Para los católicos, el amor misericordioso de nuestro Señor Jesucristo, su inmolación en la cruz, y el significado de este sacrificio, nos mueven a mirar, respirar, hacer, pensar en torno a él, porque limpiarnos del pecado nos hace tenerlo presente todos los días por amor y lealtad.

Todo lo vivido me lleva a reflexionar en que la vida se abre camino siempre que Jesús vivo y glorioso esté en nuestros corazones. ¡Viva Jesucristo resucitado!

Felipe Pari

Hace varios años que no vivía unas Jornadas de militantes, pues ya desde que me casé no había tenido una oportunidad para tener una experiencia similar, es por ello que este año cuando se propuso realizar las Jornadas de esta manera, incluyendo la familia, no lo pensamos demasiado y nos apuntamos, aunque sí con un poco de temor pues tenemos tres pequeños, dos de 5 y 4 años y una infanta de 6 meses). Lo vivido fue una experiencia que nos ha dejado mucho, desde enseñanzas de cómo llevar un grupo tan variado con diferentes situaciones de vida, hasta charlas con temas tan interesantes como la ideología de género y la aplicación de la exhortación apostólica Amoris laetitia, los oficios litúrgicos y la gran fiesta de resurrección del Señor. Fue una experiencia muy rica y le estamos muy agradecidos al Señor por ella, y esperamos repetir algo similar en el futuro con las mejoras respectivas.