Poner a un niño en medio

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Portada Estar 283
Atardece
en Cafarnaum. Jesús y los suyos regresan de un viaje por Galilea. Acaban de
entrar en casa. El Maestro se acerca a algunos de ellos y les pregunta: ¿De qué
discutíais por el camino? Ellos callan, pues habían estado discutiendo quién
era el más importante. Entonces se sienta, llama a los Doce, acerca a un niño,
lo pone en medio y les dice: Si no os convertís y os hacéis como niños no
entraréis en el Reino…
Atardece
también hoy aquí. Y Jesús nos sigue preguntando a los suyos: ¿De qué discutís?
Y hoy como ayer no nos queda más remedio que callar… porque muchas veces
seguimos, erre que erre, discutiendo quién es más importante, quien tiene más
razón, o prestigio, o… Y ante nuestro silencio Jesús vuelve a poner hoy a un
niño en medio y nos dice: ¡Convertíos, volved a ser como niños!
Este
número de Estar quiere dirigir nuestra atención al “valor de ser niño”. Nos
coloca a un niño en medio y nos propone, en primer lugar, ser como niños. ¿Cómo
serlo? Confiando en Dios como Padre, recibiendo todo como un don, estando
abiertos a todo y a todos con sencillez y alegría… Todo un programa de vida, en
estos días previos a la Navidad.
En
segundo lugar, ante ese niño, Jesús nos dice: Quien acoge a un niño como éste
me acoge a Mí… ¿Qué significa acoger a un niño? Significa cuidar a cada niño,
respetarlo, protegerlo, educarlo… Y más en nuestro mundo en el que los pequeños
parecen no contar ni decidir, condenados a ser infantes (etimológicamente, los
sin voz). Más aún ¡cuántas veces son considerados un estorbo, que hay que
quitar de en medio incluso antes de nacer, o abandonar, o convertir en víctimas
de cualquier forma de violencia…! Dediquemos tiempo, atención, afecto a nuestros
niños en estos días. Seremos nosotros los primeros beneficiados…
Y,
por último, Jesús ahora en Navidad también nos pone a un niño en medio… ¡Él
mismo! La Navidad es Jesús Niño que viene a acampar en medio de nosotros, que
se cuela en medio de nuestras calles, de nuestras casas y ojalá también en
medio de nuestros corazones.
Te
propongo que leas cada una de estas páginas como una invitación a poner a ese
niño en medio de tu vida en estas tres direcciones: hacerte como niño, cuidar a
los niños, y sobre todo, acoger al Niño por excelencia. Y para ello, ¿qué mejor
que acudir a la Madre? Si, como los pastores en Belén, encuentras a María y a
José, descubrirás al Niño, y volverás dando gloria y alabanza a Dios por todo
lo que has oído y visto…