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Últimas noticias del hombre (y de la mujer)

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Portada del libro Últimas noticias del hombre y de la mujer, de Fabrice Hadjadj
Portada del libro de Fabrice Hadjadj, una reflexión provocadora sobre la condición humana en el mundo contemporáneo.

Se recoge en esta obra una colección de artículos aparecidos semanalmente en el diario milanés Avvenire, entre septiembre de 2015 y julio de 2017. Su autor, Fabrice Hadjadj, francés de origen judío, familia tunecina y padres maoístas, con pasado nihilista y revolucionario, converso a sus veintisiete años, es posiblemente el autor católico más reconocido en nuestros días. Detrás de sus textos de factura tan desenfadada se halla una profundidad teológica, filosófica y cultural prodigiosa.

Se le ha comparado con Chesterton: amigo de las paradojas, el buen humor y de los juegos de palabras, de la belleza de las cosas cotidianas y enamorado del milagro omnipresente de la Encarnación.

Últimas noticias… es como todos los suyos un libro de combate, pero más aún si cabe dado su formato periodístico. Iluminador pero gustoso de chapotear en el barro de las premuras del tiempo presente: «El sentido ha sido reemplazado por el progreso y, por tanto, la tendencia y la tentación serán suprimir al ser humano». Frente a la eutanasia, al aborto, a la confusión entre medios y fines, al control de natalidad, etc., constata Hadjadj que «el que quiere ser cristiano de veras se ve casi obligado, a ir contra el “amor” y preferir la cólera».

¿Y por qué «últimas»? Se aprecia una certera polisemia: significa, por un lado, «recientes, frescas»; por otro, «fatídicas», como si fueran las «últimas palabras» de «alguien: el ser humano, “hombre (y mujer)”». Pero no es el ser humano lo que languidece, son las ideas locas que se han difundido usque ad nauseam en los tiempos recientes. Como afirma García-Máiquez en el prólogo: «contra las últimas noticias, se alza el hombre y la mujer de siempre, su naturaleza común y sincronizada. Lo permanente es la última esperanza».

«El hombre de antes poseía una novedad bastante más duradera. Dios le había dado un modelo de cuerpo —más exactamente, dos modelos emparejados, macho y hembra— y ahí se detuvo al ver que aquello era muy bueno. Quien se queda maravillado por el nacimiento de un niño es poco sensible a la publicidad del último iPhone… No soy enemigo de los objetos tecnológicos. El paradigma de la tecnología trata de imponer pautas y objetivos a una naturaleza sin finalidad propia, que existe solo como almacén de materiales, de energías y de leyes que podemos orientar a nuestro gusto; pero no se trata de excluir, sino de establecer una jerarquía: que el iPod se subordine a la guitarra, que la tableta electrónica se ponga al servicio de la tabla de madera sobre la que comemos… Lo que está en juego es nuestra manera de estar en el mundo».

Subraya García-Máiquez: «Bajo su optimismo antropológico, bajo su esperanza teológica, bajo su alegría ignífuga, late un esfuerzo de resistencia que no duda en enfrentarse, con las armas de la inteligencia y el humor, a lo más tonto y triste de nuestro tiempo».

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