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VII Junta Mayor del instituto secular Cruzados de Santa María

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Primer plano de José Javier Lasunción durante una charla tras su elección como director general de los Cruzados de Santa María
José Javier Lasunción, elegido director general de los Cruzados de Santa María el Domingo de Resurrección.

Pequeña crónica de un tiempo de gracia

El Instituto secular Cruzados de Santa María, fundado por el venerable Tomás Morales SJ, ha vivido recientemente un acontecimiento de especial relevancia con el inicio de la celebración de su VII Junta Mayor. Este órgano de gobierno, que se reúne ordinariamente cada seis años, tiene como misión fundamental la renovación de los cargos directivos y el examen en profundidad de la situación general del Instituto, evaluando el camino recorrido y discerniendo, a la luz del Espíritu Santo, los pasos a dar en el futuro con realismo, esperanza e ilusión.

La VII Junta Mayor dio comienzo a principios del pasado mes de abril, celebrando su primera sesión entre los días 3 y 5. Dicha sesión estuvo presidida por el vicario de vida consagrada de la diócesis de Madrid, D. Aurelio Cayón, y tuvo como objetivos principales la constitución formal de la Junta, la presentación de los informes elaborados por el director general saliente y por los distintos responsables del Instituto, así como la elección del nuevo director general para el próximo sexenio. Todo ello se desarrolló en un clima de oración, responsabilidad y profundo sentido eclesial.

La elección del nuevo director general tuvo lugar en la mañana del domingo de resurrección, el 5 de abril, un marco litúrgico especialmente significativo que subrayó el carácter pascual de este momento de transición. La elección recayó en José Javier Lasunción Urdániz, nacido en Pamplona en 1960. Asimismo, fueron elegidos como miembros del consejo general, Fernando Martín Herráez (Ávila, 1961), y Javier Segura Zariquiegui (Pamplona,1969). El resultado de las elecciones fue comunicado esa misma mañana a los miembros del Instituto y del Movimiento de Santa María, reunidos con tal motivo en Getafe (Madrid).

Primeras palabras del nuevo director general

Tras la comunicación oficial de los nombramientos, el nuevo director general se dirigió por primera vez a los presentes en medio de una lógica y palpable expectación. Sus palabras iniciales fueron de sincero agradecimiento a Dios, a los miembros de la Junta Mayor, al anterior director general, José Luis Acebes y a todo su equipo, por el trabajo y la dedicación prestados durante el sexenio anterior, así como a todos los miembros del Instituto. Con sencillez expresó su gratitud por la confianza recibida, manifestando su deseo de responder a ella con la ayuda de Dios.

En su intervención, José Javier Lasunción subrayó que el Instituto Cruzados de Santa María y el Movimiento de Santa María constituyen una gran familia, inserta como una pequeña pero viva parte de la Iglesia universal. Una realidad eclesial llamada a difundir la vida recibida del Señor, conscientes de la fuerza transformadora que actúa en Jesús y que se comunica a quienes desean servirle con generosidad.

El nuevo director general señaló que su principal cometido en esta etapa será el gobierno del instituto, afrontando con realismo los desafíos que se presentan: retos, limitaciones y obstáculos propios de un momento de transición, tanto en la Iglesia como en el mundo actual. Al mismo tiempo, animó a reconocer la acción constante de la gracia de Dios en una realidad que ha alcanzado ya una madurez y recorrido histórico. En un contexto social cambiante y acelerado, necesitado de luz y vida sobrenatural, el Instituto está llamado a ofrecer un testimonio creíble y esperanzador.

De manera particular, destacó la llamada dirigida al Movimiento de Santa María a abrirse con mayor profundidad a la luz y la fuerza de Dios, asumiendo responsabilidades y promoviendo un laicado adulto y comprometido. Un laicado consciente de su vocación bautismal, llamado a vivir en medio del mundo bajo la protección divina, sin partir de cero, sino acogiendo una herencia rica y fecunda en la que conviven miembros consagrados, jóvenes, matrimonios y familias caminando con ilusión en un momento tan complejo como apasionante.

En su reflexión, recordó que Dios acostumbra a obrar en lo pequeño, como lo hizo en Nazaret o en la noche de la resurrección. Por ello, insistió en la necesidad de ser cristianos activos, conscientes de la consagración bautismal como base firme de la santidad, y de mantener al instituto y al movimiento como realidades vivas al servicio de la Iglesia, que deposita en ellos su confianza. Todo ello exige colaboración, corresponsabilidad, amistad operante y una intensa vida de oración.

Las palabras finales estuvieron dedicadas a la Virgen María, invitando a todos a sentirse acogidos en el abrazo entre Jesús resucitado y su madre. Con una confianza filial, animó a descansar en el Corazón de María, abierta a la escucha y dispuesta a la acción, seguros de que ella actúa siempre con ternura y eficacia.

Prosiguen los trabajos de la Junta Mayor

Mientras tanto, los trabajos de la VII Junta Mayor continuaron en los primeros días de mayo y proseguirán en el mes de agosto con el análisis de la situación del Instituto, así como con la elaboración de propuestas y decisiones que orientarán el próximo sexenio. Todo ello se está viviendo en un clima de gran comunión, renovación personal e institucional, realismo y confianza en la acción de Dios.

A diferencia de los religiosos, los miembros de institutos seculares pertenecen al estado laical o sacerdotal, no abandonan el mundo y se consagran a Dios procurando la santificación del mundo «desde dentro», ejerciendo trabajos civiles, en la familia, en la política, la educación o en los ámbitos culturales, como «levadura evangélica». Su misión es transformar el mundo «desde dentro», ordenando los asuntos ordinarios según el querer de Dios mediante el testimonio de una vida entregada, pero inserta en la cotidianidad. Contemplativos en la acción, transformando la vida cotidiana en alabanza y servicio.

Nos hallamos en un especial momento de gracia, apropiado y providencial para dar un paso adelante, tanto en el instituto como en el movimiento en su conjunto. En un mundo que parece alejarse de Dios, esta forma de vida constituye una respuesta concreta y actual de santidad laical, haciendo más habitable el mundo desde la fidelidad al Evangelio.

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