Por Marisol Caldera
Publicamos un extracto de la entrevista que Marisol Caldera realizó a José Javier Lasunción en Madrid el 11 de abril del 2026, nada más ser elegido director general de los Cruzados de Santa María.
—Hola, José Javier, ¿qué sentiste el domingo de Pascua, 5 de abril, cuando fuiste elegido director general de los Cruzados de Santa María?
—Una amalgama de sentimientos: en primer lugar, gratitud al Señor porque me daba esta oportunidad de servirle en los cruzados; agradecimiento a los que me eligieron, a mis hermanos cruzados, porque me dan la oportunidad de crecer sirviéndolos. También un sentimiento de insuficiencia personal. Y disponibilidad porque pensé: «Bueno, Señor, haz conmigo lo que quieras, pero yo, en fin, esto no lo habría deseado». Y, por supuesto, un sentimiento de responsabilidad, porque nos insertamos en una Iglesia que nos convoca a realizar una nueva evangelización y esto exige de todos responsabilidad y apertura, sobre todo a escuchar lo que Dios quiere.
Finalmente, tengo que reconocer que experimenté un sentimiento de fortaleza, porque sentí que la Virgen me apoyaba y estaba conmigo.
—¿Quién es José Javier Lasunción? ¿Qué lo ilusiona?
—Soy cruzado desde 1979; como profesional, me he dedicado fundamentalmente a la docencia. He sido muy feliz como profesor de Historia. Me apasiona la historia, me apasiona enseñarla y generar entusiasmo con ella.
He sentido desde muy pequeño la gracia de Dios muy activa, llamándome a salir de mí mismo, para conocer y para dar a conocer a otros a Jesucristo; he querido tener un talante misionero, de un modo u otro estar en una actitud de colaboración con el Señor en la misión. Y, por otra parte, soy un hombre que se siente muy pequeño, pobre, limitado y que ve que el Señor también pasa en su vida por esto.
Es decir, a través de lo pequeño y de lo pobre, Dios está presente y te lanza y te anima y, diría, te crea para ti un mundo donde puedas realizarte a pesar de que tú crees que no estás llamado a esto. Es decir, siento fuertes contrastes; me siento feliz con lo que he hecho y como Dios me ha hecho. También siento que el Señor me llama siempre a dar más de lo que yo creo que puedo dar. Y por otra parte veo que, en mi propia insuficiencia y pequeñez, está la acción de Dios.
—José Javier, hablemos ahora de la institución, ¿tú crees que hay algo que se tenga que ir renovando dentro de la institución para caminar al paso de la Iglesia y de los signos de los tiempos?
—Sí, indudablemente. Tenemos ahora la Junta Mayor, es decir el equivalente al capítulo general de una orden religiosa, y su función fundamental es hacer un análisis a la luz de los tiempos actuales y de la situación real del instituto y plantear unas vías de progreso. Yo creo que, efectivamente, estamos necesitados de una renovación.
Siempre, la Iglesia está necesitada de conversión en sus miembros y renovación en sus estructuras. Esto siempre. Y en particular los Cruzados de Santa María tenemos ya una historia, pero nos encontramos con unos retos ahora muy fuertes, retos en el trabajo con los jóvenes, pero sobre todo retos hacia nosotros mismos. Yo creo que son los más esenciales a afrontar.
Tenemos un reto vocacional, de edad, de envejecimiento, de apertura y de integración en la vida cruzada de todos sus elementos: personales, institucionales, apostólicos, de revitalización de nuestra vida, aunando lo espiritual, lo apostólico con lo profesional y social, familiar y de amistades. O sea, tenemos retos apasionantes para vivir los cruzados.
—Me encanta porque dices que la primera transformación es desde dentro, dentro de la institución y de cada cruzado, y luego de allí partir a la misión para transformar la sociedad. ¿Qué crees que debería cambiar, qué consideras que tiene que prevalecer y permanecer intacto?
—Debe permanecer intacto el sentido de nuestra consagración a Dios, la primacía de Dios, pero con una gran personalización, como siempre se ha hecho, y eso hay que fomentarlo. Es decir, la institución es obra de cada cruzado, no es del director general, no es su obra, es la obra de cada cruzado, de Dios en cada cruzado.
Debe primar el sentido de responsabilidad en la propia consagración, en un cara a cara con Dios y, al mismo tiempo, llevando ante Dios lo que tú eres, con tus heridas. Dios actúa normalmente a través de mediaciones, y la mediación fundamental hoy es mi hermano, es la institución y el servicio de la autoridad, es la obediencia.
El momento actual va a exigir efectivamente reestructuraciones de cristiandades, de actividades. Y en esto, el gobierno va a actuar asesorado y abordando las tareas que la junta determine como prioritarias. Yo creo que no podemos perder de vista a lo que estamos llamados los cruzados, que es a la santificación, pero en un diálogo personal insustituible con el Señor. Y el Señor te llamará al mundo y te lanzará al mundo.
—Tienes claras algunas líneas de trabajo para continuar el proyecto que tenía el venerable padre Tomás Morales, porque el padre Morales soñaba con que la Cruzada estuviese en la política, en los medios de comunicación, en todos lados, en la medida de lo posible, para transformar la sociedad.
—Sí, bien dices; yo creo que el padre Morales pensaba en una acción amplia con miembros del movimiento, más que con cruzados, presentes en todas las estructuras sociales.
Los cruzados hemos tenido sobre todo una fuerte primacía de la dedicación al mundo educativo, pero ha habido otras profesiones y por tanto otros ámbitos sociales en que hemos estado mucho menos presentes.
El movimiento juega aquí un gran papel, en cuanto que nace de la dimensión apostólica del cruzado, cuya misión principal es irradiar vida divina y entusiasmo por la propia vocación, ¡ojo!, la propia vocación bautismal, que es la clave de la evangelización del mundo de hoy: que cada cristiano laico tome conciencia de la misión a la que está llamado, y de la riqueza que tiene por el bautismo. Dios está en ti y Dios te llama a salir de ti para darte a otros.
En este sentido, para la institución es muy importante el trabajo y el acompañamiento con los jóvenes. Evidentemente estamos abriendo pequeños campos, por ejemplo, el trabajo muy interesante del grupo Juan Pablo II con los jóvenes a partir de los últimos años de Universidad, es decir, gente de 22 a 30 años.
Ahora nos toca analizar lo que hemos hecho y sus carencias y, en ese sentido, revitalizar, potenciar o corregir en su caso.
Las personas del movimiento abren caminos porque podemos tener posibilidades de fundación allí donde ya hay personas que nos reciben y con las que podemos hacer ya un camino, porque son del lugar, y, en este caso, sí pueden abrirse posibilidades en El Salvador o en Colombia.
—Gracias, José Javier, te deseamos infinitamente que el Señor y la Virgen María te sigan acompañando.







