A cataratas, Dios misericordia

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Por José Luis Acebes

Las imágenes de la misericordia tomadas de la naturaleza por el P. Morales.

El P. Morales gozó de una rica experiencia de la
misericordia de Dios. En los escritos de los santos, y sobre todo en la Sagrada
Escritura, al calor de la oración, fue encontrando la fuerza en su debilidad
para acercarse más a Dios, y para dejarse transformar por Él.
Gran educador en los caminos del espíritu, para
transmitirnos esta experiencia, acudió a las imágenes de la misericordia que le
aportaban los santos y la Escritura, pero también a sus vivencias personales y
a los detalles de la vida cotidiana. Las imágenes que utiliza son abundantes;
algunas de ellas de gran fuerza expresiva. En este artículo haremos un
recorrido por las imágenes que toma de la naturaleza, con el deseo de que nos
impulsen a recorrer los caminos de la misericordia al inicio del Jubileo de la
Misericordia.
El agua
El líquido elemento se presta a imágenes
evocadoras: el río, el mar, la gota de agua, o la sed, están frecuentemente en
las invitaciones del P. Morales a dejarnos arrastrar, inundar o colmar por la
misericordia de Dios. Veamos algunas de ellas.
La natación era el deporte preferido del P. Morales.
Y después de una buena caminata, la delicia del baño refrescante le impulsaba a
intimar con el Señor: Muchas veces al bañarme en el Tormes, supino rostro
arriba, mientras iba nadando entre las copas de los pinos y el cielo azul,
después de hora y media de camino, bajando y sudando entre guijarros, me
encontraba en la placidez del nado. Y entonces me venían al recuerdo y sobre
todo al corazón las palabras de Santa Teresa (eran tierras de Ávila, claro):
“la batalla es corta, pero el premio es eterno” y me encontraba deliciosamente
después de los sudores de la marcha, sumergiéndome en las aguas del río, cantando
las misericordias del Señor
1.
Siguiendo con la sugestiva imagen del baño en el
río, comenta en otra ocasión: Necesito abandono para dejarme arrastrar por
la corriente de amor
. Estás en el río, te arrastra la corriente si no te
agarras. Tan sencillo es eso… ¡Si es mucho más fácil que nadar: dejarse
arrastrar! Para eso ha venido el Hijo del Hombre a la tierra, para arrastrarme
en el río de vida divina que es su humanidad santísima
2.
En otros momentos acude a la imagen de la cascada,
que evoca los torrentes del amor del Corazón de Cristo: Estaba yo en las
Alpujarras una vez y vi caer en catarata por una cascada una
cantidad impresionante de agua, y enseguida me acordé del prefacio del Corazón
de Jesús: torrentes. Aquí está: a cataratas, Dios misericordia
3.
El océano, por otro lado, evoca la inmensidad. Así
lo aplica él a la misericordia: Una Cuaresma que comienza es para sentirse anegado
en las aguas de las misericordias
de Dios, sepultando mis infidelidades. Es
empezar a nadar en las aguas de las misericordias de Dios. Y no hay nada tan
delicioso como empezar a adentrarse en este mar
4.
En 1913 el presidente de los Estados Unidos, Wilson,
desde Washington, presionó un botón para abrir el canal de Panamá: la señal,
transmitida por telégrafo, hizo explotar el dique en Gamboa, el último
obstáculo que quedaba. El P. Morales recrea este acontecimiento y lo aplica
así: Cuando a comienzos de siglo se abrió el istmo de Panamá, para vencer
las últimas resistencias de la roca, se dispuso un mecanismo para que a 3.000
kilómetros desde la Casa Blanca de Washington, dando la vuelta a un conmutador,
explotase, e inmediatamente las aguas del Pacífico tocasen las aguas del Atlántico
en un momento. Basta que Cristo en el sacerdote diga: “Yo te absuelvo”, y en
ese momento se ponen en comunicación dos océanos: tu malicia y la bondad
inmensa de Dios. Desaparece tu pecado, y la misericordia de Dios queda flotando
5.
A veces basta una simple gota de agua para que brote
la consideración de la misericordia de Dios: Te encuentras con cardos por
ahí (hay muchos en esta finca). ¡Qué bonitos están al amanecer, cuando una
gotita de agua se ha colgado y se transforma en una perla! Aquí está el
amor: algo insignificante
, baladí, una acción pequeñísima (un dejar de
mirar acá o allá sin curiosidad cuando vas por la calle, o donde estés…) con
amor: un potencial infinito para descargar gracias de perdón y de
misericordia sobre el mundo
6.
O la niebla… Como la niebla que nos ha envuelto
por todas partes y que no nos dejaba mirar el paisaje: así el Corazón de
Jesús con nosotros, cercándonos con esa niebla del amor
. Realmente el
paisaje con niebla tiene misterio, tiene una belleza, tiene algo especial,
nuevo. Pues así, una especie de niebla espiritual es la que pone Jesús cuando
el alma se va metiendo dentro de su Corazón santísimo. Es la niebla de amor con
que el Corazón de Jesús nos va envolviendo. Qué bonito ver el paisaje así
7.
En ocasiones la imagen “se da la vuelta”. Así la
falta de agua, la sed, el vacío, hablan del deseo de ser saciados por la
misericordia: para ofrecerse al amor misericordioso, no hace falta más que
tener imperfecciones, miserias, nada, estar vacío…, y entonces, estando vacío,
lo que pasa con un vaso de agua: si está totalmente vacío lo puedes llenar
de vino
, si no
, nada. Como Dios tiene horror al vacío, en cuanto ve
un alma vacía de sí misma, ya está llenándola
8.
Y concluye así: Todo se reduce a una doble sed:
sed de Dios y sed de la criatura. En Dios, sed de ser amado. En la criatura,
sed de amor. Por una parte, el amor infinito que tiene sed de darse. Por otra
parte, la nada miserable que quiere ser colmada. Este flujo y reflujo explica
todas nuestras relaciones con Dios. Dios que tiene sed del que le anhela, del
que quiere beberle. “Ni el Creador ni la criatura pueden estar sin amar”.
¡Qué frase tan bella y tan delicada ésta del Dante!
La montaña
El P. Morales evoca con frecuencia su
experiencia montañera para darnos a entender la misericordia de Dios. Repetía
con pequeñas variaciones este pensamiento tan consolador: Quiere edificar
Jesús por encima de mi nada. La santidad no consiste en una combinación de
trenes que, si no se toma uno, se pierden las esperanzas de llegar. Es más bien
una excursión a los Alpes, que si se pierde un camino y das con un buen
guía, haces la marcha más maravillosa y segura hasta coronar la cumbre, con tal
de que seas humilde y te dejes llevar
9.
Se ha comentado que la pedagogía del P. Morales era
una pedagogía de cumbres. Pero sería más exacto decir que es una pedagogía de
cumbres y abismos. Así lo consideraba él: No puedes tocar la cumbre del Monte
Blanco sin antes, desde Chamonix,
haber pasado por muchos abismos, muchos
barrancos. Barrancos, abismos y cumbres se encuentran en los Alpes —y en todas
las montañas— muy cerca. El barranco de mi pecado reconocido y amado, no el
pecado mismo, pero sí el verme tan miserable, me levanta a la cumbre del amor
de Dios
10.
Y en otra ocasión: En las montañas te haces cargo
de lo que es una cordillera con la belleza de los picachos de granito, perdidos
en el cielo azul, coronados quizá de nieve, cuando estás en el barranco.
En la laguna de Gredos puedes contemplar mejor la crestería de granito
cuando estás precisamente en la laguna, que no encima. Cuando estás en uno de
los picos contemplas el panorama, por supuesto; pero la crestería de la
cordillera solamente la contemplas bien cuando estás metido en el barranco.
Desde el barranco de tus miserias y pecados descubres la maravilla que es Dios
perdonando, teniendo paciencia
11.
La evocación de sus marchas montañeras aporta nuevas
imágenes: Acercarse a Dios es mirarle, levantarme de mis propias miserias.
Es lo que hago cuando voy coronando un pico: no miro al abismo, porque
si no
, me caigo. Mira la cumbre adonde vas, Jesucristo12.
Y para cerrar este apartado, un apunte sobre la
roca: Miseria al contacto del amor de Dios se diviniza y cristaliza
en eternidad, y ya no hay erosión, ni de agua ni de lluvias, que
haga que esa roca en que ha cristalizado la miseria, deje de
estar glorificando para siempre el poder del Padre, la sabiduría del Hijo y el
amor del Espíritu Santo
13.
Naturaleza viva
Los árboles, tan abundantes en los
paseos y marchas del P. Morales, le sirven para darnos a entender el amor
misericordioso de Dios: Lo que da vida al árbol del amor de Dios es que tú
estés enraizado en tu miseria. Porque es lo de San Agustín: ¿quieres
levantar un gran edificio de santidad? Pues ante todo, hondas raíces de
humildad
. Porque en el momento en que se arrancan las raíces de cualquiera
de esas hayas, se secan
14.
Unas veces el árbol es el Señor en quien nos
apoyamos: Perder de vista a Jesucristo, es lo mismo que las enredaderas
cuando pierden el
árbol en que se
enroscan: sabe que no puede tener alimento si no se enrosca. Pues el alma es lo
mismo, si no se enrosca en Cristo
15.
Y en otras ocasiones el árbol es uno mismo: No
rebelarme contra las miserias. Nadie se extraña de que la encina
bellotas, por lo tanto, gozarme en las bellotas que da mi encina y
admirarme de que hay un Dios dentro de mí, cuidándome como una madre cuida a
sus hijos. Paciencia
16.
Los animales
Y, por último, citaremos algunas
imágenes sobre animales. A partir de una experiencia suya nos invita a ser… Águilas como aquella de Gredos, en Los Galayos: cuando me acerco —iba unos cien metros distante
de la primera escuadra— en cuanto siente ruido, primero se infla hasta adquirir
un volumen doble o triple, y luego ya, una vez que ha inflado sus plumas,
extiende las alas majestuosas y empieza a volar por el cielo inmenso. Me acerco
y ya estaba planeando en la vertiente sur de Gredos, majestuosa, imperial. Así
estas almas, desplegadas siempre para volar, sin hundirse nunca en sus
miserias: iluminadas por Él, desaparece la tristeza del rostro y brilla la
alegría de Dios
17.
Terminamos con la evocación del jumentillo: un final
humilde, que tanto nos dice sobre nuestra relación con el Señor: Soy un jumentillo,
borriquillo ante Ti. ¡Qué bonitos son los salmos! Pero siempre estoy a tu lado,
siempre estoy contigo. Es que así es como rendimos homenaje al amor de Dios a
su bondad, y este homenaje, reconociendo nuestras miserias, es tan agradable a
Dios que lo inclina paternalmente a colmar de bienes a ese hijo suyo que se presenta
así delante de él, como un jumentillo
18.
Notas
1Ejercicios Espirituales a los
Cruzados de Santa María (EEC) 1991. Homilía del 21 de agosto.
2EEC 1971. Oronoz (Navarra).
3EEC 1983, Santibáñez de Porma
(León).
4Retiro 8-9 febrero 1975. Los
Negrales (Madrid).
5EE 1977 (23-28.11), Los Negrales.
6EEC 1978, Santibáñez de Porma.
7EEC 1968, 24.8-24.9, Villagarcía de
Campos (Valladolid).
8EEC 1980, Santibáñez de Porma.
9EEC 1968, 24.8-24.9, Villagarcía de
Campos.
10
EEC 1981, Villagarcía de Campos.

11EEC 1977, 23-31.8, Santibáñez de
Porma.
12EEC 1981, Villagarcía de Campos.
13EEC 1972, Oronoz.
14Id.
15Id.
16EEC 1970, Oronoz.
17EEC 1981, Villagarcía de Campos.

18EEC 1983, Santibáñez de Porma.