El día 12 de octubre, Ana López Santelesforo (Anita), hija de Gerardo y Catu, miembros del Movimiento de Santa María, ingresaba como postulante en el convento de las Carmelitas Descalzas del Sagrado Corazón de Jesús y de San José, en La Aldehuela, muy cerca de Madrid. Este convento, fundado por santa Maravillas de Jesús en el año 1961, tiene el privilegio de guardar en sí el sepulcro de esta gran santa.
Anita nació hace 22 años y ha tenido la suerte de vivir con sus dos hermanos en el seno de una familia cristiana, coherente con su vocación a la santidad conyugal y familiar. Desde muy jóvenes, sus padres, Catu y Gerardo, se formaron y militaron en los grupos de jóvenes de las Cruzadas y Cruzados de Santa María, y como matrimonio, en el Movimiento de Santa María alentado por los Cruzados de Santa María. Su hogar ha sido y es una fragua de vida cristiana, imitando la vida de Nazaret. En ese hogar se vive con naturalidad la austeridad de vida, la vida de oración sencilla y la entrega permanente a los demás.
Anita realizó los estudios de Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas, coronándolos en mayo de este año con su Trabajo de Fin de Grado (TFG) titulado «El corazón como símbolo». Participó de niña y adolescente en el grupo de chicas de Altas Cumbres del Movimiento de Santa María. Todavía recordamos la respuesta que dio en un encuentro de familias en Madrid, siendo bien jovencilla, ante el cardenal Osoro que nos acompañaba. La invitaron a dar un testimonio y su respuesta a una de las preguntas que le hicieron fue que cuando fuera mayor le gustaría ser educadora de las chicas de Altas Cumbres.
Anita es un susurro de Dios. Tras su apariencia de niña tímida, su mirada de admiración ante todo y sus silencios, se oculta la limpieza y transparencia de su alma, como la de esos amaneceres que ella contempló tantas veces en las acampadas de Gredos. Profunda, silenciosa, sencilla, observadora, siempre en actitud de servicio oculto, sin darse excesiva importancia… Sin duda Dios la mira con especial amor.
Anita, te felicitamos por ese paso que das. Te confesamos que nos ha costado lágrimas a los que te queremos, especialmente a tus padres, aunque no han perdido su sonrisa porque saben que has recibido el ciento por uno.
El venerable P. Morales nos decía que la vida contemplativa es la «poderosa retaguardia orante» sin la cual los laicos no podremos vivir la paradoja de tender a la santidad en el mundo sin ser del mundo, pero participando en todas sus inquietudes y esperanzas. Nos arrimamos a ti y a esas carmelitas que inmolan su vida en Cristo bajo la mirada de la Virgen del Carmen, Señora nuestra. ¡Orad por nosotros, por nuestros jóvenes, por nuestros matrimonios!
Anita, en el fondo todo es amor. Es decir, que estás enamorada de Jesucristo y cantas con san Juan de la Cruz: «Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras».
Dios te dé su gracia y termine la obra maravillosa que ha comenzado contigo. Anita, ¡gracias por tu vida!
«Abatime tanto, tanto, que fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance» (san Juan de la Cruz).







