Contando pasos caminados con Jesús

Aula Tomás Morales 2023

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Por Inma Calzado

Conocí el carisma del P. Morales alrededor de los nueve años, yendo a los círculos los sábados y después a los campamentos. De estos me gustaba mucho el atardecer en el campo, con los olores de Gredos. Disfrutaba mucho la fascinación que se generaba alrededor del fuego de campamento donde había a la vez diversión y revisión. La revisión consistía en agradecer el día con el examen de conciencia, un repaso del día guiado, en el que veíamos nuestro diminuto esfuerzo al lado de un cielo inmenso plagado de estrellas que nunca habíamos contemplado así.

Ahora ya en familia continuamos en el Movimiento de Santa María con nuestros cinco hijos. Los vemos crecer en la fe con mucha satisfacción y con enorme gratitud hacia todos los formadores que no solo les dedican su tiempo y esfuerzo, sino que también rezan por ellos y los acompañan en sus luchas, no se puede pedir más. Su camino está acompañado por guías que ya lo han recorrido.

Este verano hemos estado en el Aula familiar Tomás Morales, que es una convivencia de familias. En ella hemos tratado diversos temas, varios centrados en la infancia espiritual de Teresa de Lisieux, quien decía que era demasiado pequeña para subir las escaleras sola y por eso se confiaba a los brazos de Jesús.

Algunas tardes, cuando recojo del cole a mi hija pequeña, de 10 años, le gusta retarme con los pasos que lleva andados. Casi siempre ha andado más que yo y me enseña su pulsera con la cantidad exacta. También me ha contado su récord, fue un día que subió una montaña. Cuando se deja en casa el reloj, se disgusta porque no puede saber cuántos pasos ha hecho.

Pensando en el Aula de este año me doy cuenta de que los mejores pasos son los que damos en buena compañía. Todavía no se ha inventado una pulsera de actividad que cuente esos pasos. No hay manera tampoco de contar todos los pasos de nuestra vida encaminados hacia el cielo. Y, casi siempre, los que damos en buena compañía, son los mismos que nos llevan al cielo.

En el Aula hemos caminado de la mano de Jesús. También nos ha acompañado Teresa de Lisieux. Por eso ha sido un camino con momentos tan mágicos. Muchos de nosotros, en las conclusiones del último día, coincidíamos en que había sido un Aula muy especial.

Casi se podía ver la gracia de Dios habitando entre nosotros, en las miradas de los niños, en la eucaristía en medio de la naturaleza, en las charlas sobre la vida y espiritualidad de Teresita y sobre la paternidad. Jesús estuvo presente también en los encargados de logística, en las risas de las veladas, en las alegres caminatas a las pozas o las tertulias del café. También el Señor anduvo con nosotros, aunque muy escondido, en el esmero con que los cocineros nos preparaban la comida y unos cruzados barrían a diario el gran comedor de Aravalle. Jesús cercano en el esfuerzo por disculpar los roces normales de la convivencia y muy cerquita de las mamás y papás con bebés lactantes que duermen fijo, pero discontinuo. Le vimos atento en tantos regalos, regalos personalizados de los que se llevan ahora, regalos con nuestro nombre, tantos y tan llenos de amor que hemos disfrutado hasta poder concluir con Teresita en que: «Todo es gracia».

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