Desde distintos ángulos: 25 años de campamentos alevines

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VÍctor Fletes (de pie, segundo por la derecha)
VÍctor Fletes (de pie, segundo por la derecha)

Por Pedro Castrillo Romón

Nos cuentan sus experiencias uno de los primeros educadores (Marcos Badenes), un alevín de hace tiempo que ahora es educador (Rodrigo Moreno), un alevín de hace poco (Víctor Fletes), un jefe de campamento (Javier Bastante) y una familia en la que los hijos han ido al campamento y los padres han estado de responsables (familia Mayor-Acinas).


Rememoro con la nostalgia, moderada por un tanto de realismo de aquel mi primer campamento alevín en Santiago de Aravalle: la campa, las tiendas, las esterillas, el mástil… En las primeras ediciones no habíamos pasado todavía a la modalidad de albergue. Estábamos rodeados por todas partes de luz, viento, sol, alegría y Dios. Efímeras sensaciones que han perdurado en mi recuerdo…. Y ¡qué recuerdos! En alguna ocasión el primer día éramos solo dos monitores: el siempre alegre José Tobar y yo. Luego fuimos más, a medida que fue aumentando el número de acampados. Experiencia única por la edad de los niños y llena de alegría. Deporte, talleres, charlas, excursiones, baños, misa y oración… ¡Qué más se puede pedir! Y todo, como se suele decir, «en casa», con confianza y rodeados de afecto por todas partes. Solo buenos y cálidos recuerdos me vienen de aquel entonces, lejanos y siempre presentes. Después, todo fue a mejor, se habilitó el albergue pequeño y allí nos fuimos. Pero sin duda, fueron esos primeros días, al abrigo de la luminosa noche de Gredos, lo que mi corazón y mi mente guardan como un tesoro. Gracias, chavales. Gracias a todos.

Marcos Badenes


Fui por primera vez al campamento alevín cuando tenía 9 años. En total, he ido a tres campamentos alevines y este verano iré por tercera vez al campamento juvenil. Quizás el primer año me costó un poco más, pues era el primer campamento al que iba en mi vida, pero me ayudó mucho un amigo que ahora también es militante. Aprendí a aprovechar y disfrutar cada momento del día y a vivir varios días sin mis padres. El campamento alevín me sirvió para ver cómo era realmente el día a día de los militantes y para entrar en la Milicia de Santa María. A partir de ese campamento no falto a ninguna actividad. En conclusión, ir al campamento alevín ha sido una de las mejores decisiones de mi vida porque me ha acercado a la Milicia y al Señor.

Víctor Fletes (14 años)


Si me miro hacia dentro, hay cosas de mí que me gustan y otras que no. La mayoría de las primeras, las aprendí sin darme cuenta cuando era un chaval. No es sorprendente, ya que el que escribe en el corazón de un niño lo hace para siempre, y yo tuve la suerte de caer en un campamento alevín nada más hacer la primera comunión. También acababa de nacer mi hermana. ¡Pasaron muchas cosas buenas en 2003!

Han pasado 16 años desde entonces y, como mi hermana ya es mayorcita, me he buscado otros hermanos pequeños: los alevines que irán este año al campamento. Hay a quien le pueden intimidar los chicos de esta edad porque son inquietos y un poco traviesos, pero en realidad no muerden. Lo que sí hacen es imitar todo lo que ven, por lo que conviene esforzarse por ser como a uno mismo le gustaría ser. Después, ellos, que son más observadores que los mayores, ya copiarán lo que merezca la pena. En vez de irme a la playa, este verano podré volver a tener un corazón de niño. Y no os voy a mentir, me hace casi tanta ilusión que cuando los Reyes me regalaron la guarida secreta de Spiderman.

Rodrigo Moreno


La labor de un educador en el Campamento Alevín es como la de un jardinero: siembras valores, sueños, algo de fe, esperando que algún día dé su fruto. Los tres años que estuve de jefe de campamento, y algún otro que pude ir como educador, supusieron un crecimiento personal y una ocasión para salir de mí mismo y entregarme a los chavales. Es verdad que sobre todo al principio estaban teñidos de inexperiencia, pero también lo estaban de ilusión en cada actividad, desde las marchas a la Laguna del Duque o las olimpiadas, hasta los talleres de guitarra que impartí, donde más de un alumno superaba al maestro. Fueron años de mucho trabajo escondido y de miedo a no hacer las cosas de la manera correcta. Sin embargo, ver germinar esa semilla años después hace ver que es Dios quien realmente estaba cuidando de los chicos, sirviéndose de nuestras pobres y vacías manos.

Javier Bastante


Cuando nos pidieron escribir nuestras impresiones sobre el campamento alevín solo se nos ocurría en primer lugar decir ¡Gracias!

Gracias porque para nosotros, como padres, y para nuestros hijos ha sido una gracia poder participar en estos campamentos. Desde que nuestro hijo mayor, Marcos, empezó a participar en las actividades de Milicia y en especial en los campamentos solo hemos podido comprobar cómo ha ido creciendo desde el ámbito personal y espiritual.

Cuando nos pidieron participar en los campamentos como familia, en un principio nos pareció un poco «raro», pero sí que veíamos que la figura de la familia, nosotros y nuestros hijos pequeños, Aroa, Miguel y Pedro podíamos ofrecer con nuestra participación, cercanía y espíritu de familia a los acampados.

Por lo tanto, para nosotros ha sido una experiencia más enriquecedora que lo que hayamos podido ofrecer. El campamento ya es una parte de nuestro verano que a nosotros y nuestros hijos nos ayuda a crecer como familia y como la gran familia de Milicia que vamos formando.

Por todo ello no podíamos negarnos, aunque el primer campamento se nos hizo un poco duro por el desconocimiento, pero según hemos ido creciendo en esta experiencia —y ya es nuestro cuarto campamento como familia— nos hemos visto más adaptados y con posibilidades de darnos y de hacer que el campamento pueda crecer más.

Con todo ello y como decíamos al comienzo, la palabra que mejor define nuestra experiencia en el campamento es ¡gracias!, por la confianza que han depositado en nosotros, la gran responsabilidad que asumíamos y el gran bien que ha supuesto para nosotros y nuestros hijos, que serán los alevines que más campamentos lleven. Sin ninguna duda, les ayudará a crecer más si cabe en su vida familiar y en espíritu campamental.

Y gracias por supuesto a los cruzados y educadores, y a todos los que hacen posible este campamento, ya que sin ellos este gran proyecto no saldría adelante. Pero, sobre todo, a nuestra Virgen de Gredos que es la gran artífice de esta gran obra. ¡Muchas gracias!

Familia Mayor-Acinas