En el centro, la Madre

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Alevines en el taller de cocina
Alevines en el taller de cocina

Por Francisco Marcos Martín

Aquel día de marzo de 1994, hace ya 25 años, fui a saludar a Abelardo de Armas. Hacía tiempo que no nos veíamos y quería comentarle una propuesta apostólica. Me recibió, como siempre, con todo su cariño y tras un rato de amena conversación en la que me preguntó por la familia, el trabajo y otros temas hablamos, una vez más, de la importancia de la educación en valores para jóvenes antes de los 12 años. Tras escucharme me propuso que organizáramos un campamento de verano para esos jóvenes.

Así, de una forma sencilla, de una conversación que podía haber sido tan rutinaria como otras, nació el campamento de alevines y el grupo de alevines de la Milicia de Santa María. El objetivo del campamento es múltiple, pero hay dos objetivos que sobresalen. El primero es el mismo que el de todas las actividades de la Milicia de la Virgen: «Que las almas tengan vida y la tengan en abundancia». El segundo es empezar a formar en estos jóvenes un espíritu de militantes alegres, amigos entre sí, que vuelvan al año próximo y, poco a poco, se vayan integrando en las actividades de la Milicia. Sin prisas, con mucho cariño y, a la vez, con exigencia muy adaptada a esas edades tan tiernas. Con «guantes de terciopelo en puños de acero» que nos diría el venerable P. Tomás Morales.

Por ello, en el campamento hay talleres de naturalismo, campeonatos de ajedrez, fútbol, pimpón, olimpiadas, divertidos y anhelados juegos nocturnos, marchas por parajes encantadores y baños en pozas mucho más divertidas que la mejor atracción mojada de Port Aventura, juegos de pistas, representaciones teatrales, clases de guitarra… Actividades que pueden conducir a una formación en valores. Pero también actividades de formación religiosa que acercan a Dios.

Llevamos ya 25 años con el campamento de alevines. ¿Qué he aprendido? Que a veces tenemos miedo a exigir y, sobre todo, a exigirnos. Que no nos creemos que es Dios quien puede hacer que entre estos niños haya un santo Domingo Savio, y somos los monitores los que ponemos trabas para que esto suceda.

Son muchos los entrañables recuerdos que guardo de los seis primeros campamentos. Hace tres años me encontré veraneando en Valencia a uno de los alevines que fue a los primeros campamentos. Me reconoció y me habló con tanto cariño y con tan buen recuerdo de aquellos campamentos que me emocionó mucho. Él gozó mucho en esos campamentos, me dijo que fue feliz y que se pasaba el año pensando en volver al campamento. Ya es un hombre hecho y derecho y lo decía con la madurez y la experiencia de los más de treinta años que tiene ahora. Sueño con más campamentos de alevines, cubriendo España y el mundo. Solo hacen falta tres cosas: Tu oración querido lector, tus sacrificios y la generosidad de los jóvenes militantes. La canción de los alevines, compuesta hace años por Jesús Martínez, se dedica a Ella: Somos los amigos de un gran ideal, nos gusta andar y contemplar las estrellas. En cada momento algo nuevo hay, quizás un silencio, una roca, una flor. Cantar una canción, subir un risco más. Alevines… en el centro la Madre de Dios.