Educar con el deporte

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Familia Andrés Miralles
Familia Andrés Miralles

Por Paloma Mª Miralles

Reconozco que mi primer objetivo al apuntar a deporte al primero de mis hijos, no fue educarle por medio del deporte. Sinceramente, lo que buscaba era que mi hijo estuviera entretenido un par de tardes a la semana mientras me tocaba a mí entretener a sus hermanos.

No es un buen objetivo. Según crecen los niños, y también los introduces en el deporte, ya tienes claro que el objetivo tiene que ser otro o no hay quien resista.

Parece una tontería, pero al cabo de los años, y después de tener a dos futboleros y tres en baloncesto, he aprendido mucho de por qué hacer deporte y del medio tan increíble que resulta para educarnos. Algo ha tenido que ver, también, tener un marido que antes de dedicarse en cuerpo y alma a la docencia en el deporte, fue futbolista profesional.

Pues aun teniendo como ejemplo de deportista a mi propio marido, no fue hasta que empecé a hacer deporte cuando comencé a entenderlo. Y así, corriendo por las mañanas, lo entendí y le di valor. Ahora, cada vez que una madre se plantea si «apuntar» a su hijo o hija a un deporte, la animo. Es lo mejor que se puede hacer por ellos, si se tiene claro que no es un pasatiempo ni una guardería de niños, sino un proyecto para potenciar valores en los que quieres que crezca tu hijo. El primero, el sacrificio.

Dicho así parece tremendista, pero hacer deporte es sacrificado. Tienes que aprender a decir «sí» o «no». Por ejemplo, cuando son pequeños siempre hay algún cumpleaños justo el día del entrenamiento, pues ahí, sin buscarlo, tenemos una gran oportunidad para el sacrificio y, de paso, educamos en la responsabilidad.

Otro gran momento es cuando «no me apetece entrenar» y se puede trabajar el esfuerzo, la superación personal.

Y cuando empieza la liga y llegan las primeras victorias y derrotas: aprender a ganar y a perder, a superar la frustración, la humildad.

Por supuesto, no coges al niño, lo sientas, y después de cada entrenamiento o partido le haces una lista valorando lo aprendido. La «gracia» está en ver la ocasión, tener claro cómo queremos educar a nuestros hijos y utilizar el deporte como medio para lograrlo.

En nuestro caso las renuncias han sido muchas. Acompañar a unos y otros a sus partidos, y eso supone madrugones y muchos kilómetros en los fines de semana que, se supone, son para descansar. Y cuando crecen, aprendes a «soltar», a que sean más responsables y autónomos, a que vayan y vengan solos.

Apoyarlos, acompañarlos, comprometernos con ellos en su deporte, nos ha ayudado a complementar su educación. La suya y la nuestra, porque además de lo dicho anteriormente, los padres también acabamos educándonos de muchas maneras.

El hacer una lectura positiva y motivadora de cada partido en las comidas del fin de semana es uno de los regalos que he obtenido de tanto deporte. Es verdad que a veces no están receptivos o resulta complicado sacar lo positivo, o que lo acepten, pero son los momentos en los que, a lo largo de los años, más he aprendido a disfrutar. Y, echando la vista atrás, creo que es de los momentos que más nos han ayudado a crecer en familia. En definitiva, el deporte es un gran medio para educar. Yo creo que incluso puede ser una misión familiar. La nuestra: educar con el deporte.