Ejercicios espirituales con los sacerdotes de Yurimaguas

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Participantes en la tanda de ejercicios espirituales
Participantes en la tanda de ejercicios espirituales

Invitado por el Vicariato de Yurimaguas —a través de su vicario— para dirigir los ejercicios espirituales a sus sacerdotes (pudieron estar 14) durante cuatro días en pleno curso escolar (26-29 septiembre, 2022), solicité los respectivos permisos a mis instituciones religiosa y académica y, una vez concedidos, acepté.

Agradecí la propuesta y puse mis dificultades, mi condición de laico y mi espiritualidad ignaciana. A pesar de llevar casi 50 años practicando los ejercicios espirituales de san Ignacio y dirigiéndolos desde hace 40, casi siempre habían estado orientados a jóvenes, educadores y personas cercanas a mi Movimiento. Con todo y con eso, aceptaron; insistí en que el método ignaciano consideraba específicamente el silencio; se me indicó que «de acuerdo salvo que alguna noche se interrumpiría para reuniones familiares necesarias y programadas en el plan pastoral del Vicariato». Yo contesté que lo que quería era ayudarles y servirles desde mi formación, buena intención y apoyado por las oraciones de muchas personas (especialmente religiosas de clausura). Debo añadir que me hacía una gran ilusión pisar suelo amazónico, la «querida Amazonía» de la que tanto sueña y espera el papa Francisco y donde la Iglesia ha escrito una de las páginas más bellas de su acción misionera, en particular mi dilecto santo Toribio Mogrovejo, padre de América.

En particular, estar en este vicariato, roturado al inicio por la Compañía de Jesús y beneficiado posteriormente con la presencia de los Padres Pasionistas. Da cuenta de ello, su actual obispo, monseñor Jesús María Aristín, en la obra Historia del Vicariato Apostólico de Yurimaguas (Lima, 2020, pp. 422), publicada por los cien años del vicariato. Ciertamente que es una responsabilidad grande pero mucho más el gozo de contribuir —aunque de modo minúsculo— a tan formidable historia.

Conversé con el responsable para conocer más concretamente lo que deseaban y confirmamos fecha y lugar, así como algunos detalles, tales como el del silencio y algún material específico como el del libro de Aguchita escrito por el P. Alfonso Tapia y recientemente publicado por la editorial San Pablo. Me parecía interesante para conocer uno de los grandes frutos de nuestra Iglesia amazónica y del Perú, como complemento de lectura espiritual en los días de retiro. Me sirvió de gran ayuda el apoyo del P. Alfonso, por su conocimiento de la realidad sacerdotal en los vicariatos, así como de la práctica de los ejercicios. De hecho, me facilitó su material y seguimos el mismo horario propuesto por él. De igual modo conversé con otros sacerdotes que conocían la realidad y contamos con el apoyo de varios conventos de religiosas y hasta de grupos laicales.

El método seguido ha sido el genuino de san Ignacio, lo correspondiente a la primera semana, Principio y Fundamento, Verdades Eternas, durante los tres primeros días y el cuarto a lo fundamental de la Encarnación, Navidad, Predicación, Pasión y Resurrección. Cada meditación la iniciábamos con una canción que recogía el sentido y contenido de la misma y que nos servía para memorizar y hacer oración. De igual modo les facilité el texto y cuestionario como complemento para el tiempo de la oración y el del trabajo personal.

La verdad es que el calor fue asfixiante, que no faltaron los mosquitos y que un día estuvimos sin agua, evidentes dificultades para la adoración en la capilla. Pero el Señor suple y la pródiga vegetación con flores multicolores, y los preciosos amaneceres y atardeceres al lado del río, daban el contrapunto y se ofrecía todo con gusto.

He constatado el valor de la comunión (sinodalidad) y la necesidad de facilitarla. Sería bueno revisar los logros y propósitos del retiro en próximos encuentros mensuales o semanales. Me queda claro —y así me lo manifestaron los participantes— que siempre que se ponen los medios de siempre (oración, penitencia, silencio, sencillez, vida de familia), una comunidad se llena de vida, gozo y ganas de mejorar y compartir. Que lo esencial es enamorarse nuevamente del Señor, revisar si estamos a por todas y salir decididos a evitar cualquier doble vida para que en todo y todos seamos del Señor.

Nunca olvidaré la fraternal despedida en la cena familiar ya en la Casa del Vicariato y la rápida, pero entrañable, visita a las carmelitas, tan acogedoras, tan fervorosas y apostólicas, tan madres.

Como varios de los participantes me manifestaron, los grandes sueños de los obispos de la Amazonía, al calor del magisterio en Fratelli tutti (Hermanos todos), Laudato si´ y Querida Amazonía se quedarían en letra muerta sin la dimensión contemplativa cultivada en los ejercicios. El papa Francisco, tanto en su visita a la selva peruana, como en los diversos encuentros amazónicos habla de cuatro dimensiones: la cultural, la ecológica, la social y la pastoral. Para cultivarlas son necesarias la oración, la contemplación, la conversión pastoral en comunión, la participación y la misión. En los ejercicios hemos buscado «el Reino de Dios y su justicia» confiados en que todo lo demás «se dará por añadidura». Es lo que le pido a nuestra Señora de las Nieves, patrona de Yurimaguas, Señora de la Amazonía. Con palabras del papa Francisco: «Madre de la vida, en tu seno materno se fue formando Jesús, que es el Señor de todo lo que existe. Resucitado, él te transformó con su luz y te hizo reina de toda la creación. Por eso te pedimos que reines, María, en el corazón palpitante de la Amazonia».

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