Por Mar Carranza Jiménez
El papa Francisco es muy certero cuando afirma que el problema de nuestra época es que la sociedad está herida de soledad y de anonimato y, a la vez, impudorosamente enferma de curiosidad malsana. En esta situación dice el santo padre que la Iglesia ha de proyectar una mirada cercana, contemplativa, que se conmueva y se detenga ante «el otro» cuantas veces sea necesario, y nos invita a acompañar escuchando, que, según él, es mucho más que oír.
En esta ocasión conversamos con Ángel Gómez de la Torre, miembro veterano del instituto secular Cruzados de Santa María, experto en el acompañamiento ignaciano. Es un apóstol de la escucha.
¿Cuánto tiempo llevas evangelizando, mediante la escucha?
En 2009 me animó una amiga a que hiciera los Ejercicios Espirituales en la Vida Diaria, y decidí hacerlos. Me acompañó, durante dos años largos, un laico, casado y a punto de jubilarse. Desde hace catorce años me decidí a seguir su ejemplo, acompañando a otras personas, de forma individual, a realizar diferentes itinerarios según su madurez y posibilidades reales.
Hace tiempo que acompañas desde los «Itinerarios de oración». ¿Qué son estos Itinerarios?
Constituyen un camino en el que hay un inicio, un recorrido —no exento de dificultades— y una meta, en el que se «busca —para hallar— la voluntad de Dios». En este proceso es necesario sentirse acompañado, como los de Emaús, caminando juntos y en conversación permanente con el Señor. Este es un sendero en el que transitan tres personas: la que desea iniciar este camino, (el acompañado), el Espíritu Santo que ilumina y fortalece, y el acompañante. Lo más característico de estos itinerarios de oración es que se recorren en la vida real, en el bullicio de nuestro día a día.
¿Por qué es necesario ser acompañado en la oración?
Todos necesitamos ser acompañados y guiados en muchos aspectos de la vida. Necesitamos de alguien con experiencia que, respetando nuestra libertad, nos ayude a caminar. Un guía que nos aporte luz a la hora de enfrentarnos a tomar decisiones que nuestro corazón desea sean inspiradas por el Espíritu, y no fruto de la emergencia del mundo.
La labor de acompañamiento se puede realizar también como guía espiritual, y pueden tener objetivos comunes y complementarios, dependiendo de los temas que se traten y del tiempo que se disponga. Eso sí, hay que dedicarle tiempo, pues «servir es amar». El acompañamiento es integrador de las diferentes necesidades. Si el que acompaña tiene vocación de educador, la escucha deja una marca que influirá en la vida de las personas con independencia de la edad.
¿Por qué, dirías tú, que son necesarios los Itinerarios de oración?
Muchas personas han vivido la experiencia transformadora de los ejercicios espirituales ignacianos, dedicados exclusivamente a la oración y al silencio. Habitualmente salen entusiasmadas y los primeros días o meses viven apasionadas con el Señor. Pero con el tiempo, el gozo inicial languidece en muchos casos porque la fuerza del mundo nos arrastra si no tenemos quien nos acompañe en nuestro seguimiento de Cristo. Con los Itinerarios aprendemos a «orar la vida», que es una necesidad vital para un cristiano.
El papa Francisco afirma que necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír.
Estoy de acuerdo. Todos los santos, los grandes educadores, directores espirituales, etc., ejercitan el arte de escuchar. El P. Morales afirma que escuchar es más difícil que hablar: «Dos oídos y una sola boca ¿no nos indican que tenemos que hablar menos y escuchar más?»[1]. Precisamente, los Itinerarios están orientados a escucharnos en un diálogo sereno, sin juicios. Un diálogo salvador iluminado por el Espíritu Santo. El protagonista del diálogo es el acompañado. El acompañante debe eclipsarse para que el acompañamiento tenga el mayor fruto.
¿Crees que los cristianos somos conscientes de esta necesidad?
Lo que te puedo decir es que todas las situaciones conflictivas que aparecen en cada recodo de la Historia se podrían solucionar si desapareciera el miedo y se fomentara la comunicación, el diálogo, la escucha…, hasta llegar a la comunión, a una relación de amistad sincera. Hoy la ideología del miedo y de la sospecha crean muros de separación entre las personas, generando las situaciones de violencia que se extienden con rapidez por amplias regiones de la tierra. Y, por tanto, es más necesario que nunca sentirnos hermanos por medio del diálogo comprensivo, y el acompañamiento cristiano.
Un llamamiento a la esperanza de la escucha.
Este es el momento que nos ha tocado vivir. Un momento difícil, pero tenemos una herramienta extraordinaria; los itinerarios de oración que nos ofrecen «la posibilidad del encuentro entre dos personas que se buscan con la intención de que nuestro seguimiento de Cristo y nuestra identificación con él sean cada vez más auténticos»[2]. Por lo tanto, no seamos pesimistas ni tengamos miedo, y encontremos espacios donde las personas, especialmente las más desprotegidas, se sientan escuchadas y puedan de este modo, ir descartando los ruidos internos y externos tan propios de nuestro mundo: la velocidad, la competitividad, el individualismo, la falta de tiempo etc., que impiden, a buen seguro, silenciar nuestro interior para conocer a Dios y a nosotros mismos: ¿qué somos?, ¿quiénes somos?, ¿para qué estamos aquí? Preguntas que necesitan un tiempo y un espacio para ser respondidas con acierto.
Me gustaría finalizar esta entrevista, insistiendo en que la esperanza está en la escucha, que es mucho más que oír. Acompañar y escuchar al otro, caminando a su ritmo, es una forma de vivir la máxima de san Ignacio, «en todo amar y servir».
Santa María es la mujer de la escucha y de la esperanza. Evangelicemos así desde el Movimiento de Santa María.
[1] Coloquio familiar, p. 23.
[2] «Profundización en la experiencia de Dios». Itinerario 3. Ejercicios Espirituales de primera semana. Anexo.







