El Corazón de Jesús y la juventud

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Corazón de Jesús joven
Corazón de Jesús joven

Por Leyre Ibero

Querido Corazón de Jesús:

Qué mejor forma de empezar que diciéndote: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

En esta carta me gustaría abrirte de par en par mi corazón del mismo modo que tú abres el tuyo.

En primer lugar, te quiero dar las gracias por ser una pieza tan fundamental en mi vida. A través de mi familia descubrí la devoción a tu Sagrado Corazón mediante la comunión reparadora los primeros viernes de cada mes, con la imagen de tu ardiente Corazón en casa… Mis padres utilizaban pequeñas anécdotas para ayudarme a profundizar más en ti. Un recuerdo que atesoro con cariño es cuando pasábamos por el seminario de Pamplona donde hay una escultura del Corazón de Jesús, y mi padre, ya fuéramos en el coche o andando, nos hacía repetir: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío».

Pero como joven, ¿qué me ha aportado tu Sagrado Corazón? Me ha inculcado valores que, desgraciadamente, el mundo no nos propone. Valores como el amor, el perdón, el respeto, la esperanza, el amar al prójimo como a ti mismo, etc. Yo destacaría:

• Tu corazón es todo amor hasta el extremo, sin reservas. Como joven, este amor a los demás sin buscarme a mí es lo que me hace feliz, y me enseña a mirar a los de mi alrededor con otros ojos. ¿Cómo puedo yo ofender a alguien si su nombre también está escrito en tu corazón? ¿Cómo no respetarlo? ¿Cómo no ayudarlo?

• Además, no existe otro ejemplo mejor del perdón que tú —por lo menos yo no lo conozco—. ¡Cuántas veces tu Sagrado Corazón me ha perdonado tantas faltas cometidas y me ha animado a levantarme una y otra vez!

• A veces al mirar nuestro mundo ante tanta injusticia, horror y pecado, los jóvenes tendemos a ensombrecer nuestra mirada. Pero tú, Señor, nos invitas a recordar que tu Sagrado Corazón triunfará y esto me anima a no caer en la desesperanza y a mirar al futuro sin miedo.

La devoción a tu Corazón me ayuda en la adoración eucarística. Ahí puedo mantener una conversación de corazón a corazón. Al mirarte en el sagrario, escondido en un trozo de pan, no puedo dejar de pensar: «Sagrado Corazón de Jesús, creo en tu amor por mí». Tu humildad, triunfante corazón, llega hasta el punto de quedarte escondido y, a veces, ignorado. Al ser joven, esta lección de humildad, que tanto choca a nuestra sociedad, me ayuda a crecer cada día en modestia.

Querido Corazón de Jesús, me gustaría pedirte dos gracias. La primera, que me infundas el deseo de querer reparar tu corazón por tantos pecados cometidos. La segunda, que me ayudes a propagar esta devoción a todos los jóvenes del mundo, pues tú has prometido que quien lo haga tendrá su nombre escrito en tu Corazón y jamás será borrado de él. ¡Que los jóvenes ardamos en el deseo de tener ahí nuestro nombre!

Todo esto no puedo hacerlo sola, por eso concluyo como al principio: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!