El gran encuentro de los jóvenes con Cristo

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Portada Estar nº 259

La JMJ es un desafío de la Iglesia, una provocación en toda regla. Busca despertar conciencias dormidas, vencer el miedo en los corazones acobardados, trasladar confianza y entusiasmo, empezando por los jóvenes, a todos los católicos de España y de todo el mundo. Benedicto XVI viene a comunicar la certeza que es Cristo.

El Papa realizará dos gestos de un significado pedagógico extraordinario: El sábado 20, en el parque del Retiro, dedicará casi una hora a escuchar confesiones de jóvenes. Y el rostro de Cristo se nos mostrará misericordioso a través de algo tan concreto, tan real. Una cosa nos quiere decir: “Tenemos un tesoro de misericordia en el sacramento de la reconciliación. Venid, venid todos”. Y otro gesto grandioso: en la vigilia del sábado 20 en Cuatro Vientos, el Papa consagrará a todos los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús. De nuevo la Misericordia. A algunos les parecerá algo superfluo. Pero no. Es la pedagogía del Amor: se trata de que los jóvenes se acerquen a Cristo, de propiciar un encuentro “de corazón con Corazón”.
Y es que el protagonista de las JMJ no es el Vicario de Cristo, sino el propio Cristo; el Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es quien convoca a los jóvenes, sí, pero sólo para que se acerquen con confianza a Cristo.
A algunos les parecerá que los problemas que conmueven al mundo y que deben suscitar la atención de todos son otros más prácticos y urgentes. La lista sería muy larga y sangrante. Pero mirar a Cristo no distrae de la dedicación a los sufrimientos de las personas y de la deshumanización del mundo. Todo lo contrario.
En la impresionante tarde pasada con el Papa Juan Pablo II en el Bernabéu en 1982, él tenía algo que decir a los jóvenes, lo mismo que hoy Benedicto XVI. El Papa entusiasmó a todos y él, que los amaba y no les tenía miedo, les señaló los grandes retos frente al problema del mal en el mundo, los ‘cuandos’ que transformarán el mundo:
«Cuando sabéis ser dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio al poder; cuando sois limpios de corazón entre quien juzga sólo en términos de sexo, de apariencia o hipocresía; cuando construís la paz, en un mundo de violencia y de guerra; cuando lucháis por la justicia ante la explotación del hombre por el hombre o de una nación por la otra; cuando con la misericordia generosa no buscáis la venganza, sino que llegáis a amar al enemigo; cuando, en medio del dolor y la dificultades, no perdéis la esperanza y la constancia en el bien, apoyados en el consuelo y ejemplo de Cristo y en el amor al hombre hermano. Entonces os convertís en transformadores eficaces y radicales del mundo y en constructores de la nueva civilización del amor, de la verdad, de la justicia, que Cristo trae como mensaje».
“Mis queridos jóvenes: la lucha contra el mal se plantea en el propio corazón y en la vida social. Cristo, Jesús de Nazaret, nos enseña como superarlo con el bien, y nos invita a hacerlo con acento de amigo, de amigo que no defrauda. Haced la experiencia de esta amistad con Jesús…”
“Jóvenes españoles: el mal es una realidad. Superarlo con el bien es una gran empresa… Brotará de nuevo con la debilidad del hombre, pedro no hay que asustarse. La gracia de Cristo y sus sacramentos están a nuestra disposición. Mientras marchemos por el sendero transformador de las bienaventuranzas, estamos venciendo el mal, estamos convirtiendo las tinieblas en luz.”
Desde Colonia, Benedicto XVI conquistó a los jóvenes con su sonrisa y con su afecto, con palabras claras que penetraron también en el corazón.
Hoy vuelve a invitarnos a que miremos al Corazón de Cristo. Pidamos por los frutos de este acontecimiento de gracia, y preparémonos para vivirlo con intensidad.
Editorial revista Hágase Estar 259, julio agosto 2011