Emigrantes españoles en situación especial

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Emilio Sánchez
Emilio Sánchez

Por Emilio Sánchez de las Heras
emilio.sanchez@fastewebnet.it

A lo largo de casi 20 años de trabajo profesional como abogado penalista en Italia, por motivos profesionales, he tenido y sigo teniendo contacto con muchos españoles que están cumpliendo condena en este país.

Cuando entran en la cárcel se encuentran en una situación bastante delicada. En primer lugar, el hecho de no poder tener visitas con los parientes más cercanos y no poder comunicarse telefónicamente con la familia hasta que no lo autoriza el juez competente y, sobre todo, la dificultad de tener que entenderse y expresarse en un idioma que no es el suyo. Generalmente, cuando, como abogado, tengo el primer coloquio con ellos, sienten un gran alivio: «gracias, ¡menos mal que ha venido usted a visitarme!, por fin puedo hablar con alguien que me entiende».

La primera preocupación de los detenidos españoles es ponerse en comunicación con sus familias. Muchos de ellos, a pesar de llevar uno o dos meses en la cárcel, todavía no han podido comunicarse con ella, y es necesario ponerse en contacto inmediatamente con su mujer, con su madre, con sus hijos. Para mí, como abogado, esa primera llamada a la familia se me hace muy difícil y emotiva; muchas veces los familiares están muy preocupados por no saber nada del marido, del hijo, del hermano…, y cuando llamas para comunicarles que la persona en cuestión se encuentra en la cárcel, las reacciones son diferentes: algunos no quieren saber nada («abogado, era normal, tarde o temprano le debía ocurrir por la vida que llevaba, que aprenda, no queremos saber nada»), otros no creen lo que les estás diciendo («pero ¿usted quien es…?, eso no es posible…, mi marido, mi hermano o mi hijo nunca harían una cosa así…, ahora mismo voy a llamar al Consulado para verificar si usted es realmente un abogado o un secuestrador…»).

Otros familiares, en cambio, escuchan y no dicen nada —están en silencio por unos minutos— o se ponen a llorar y después de un rato comentan: «gracias abogado, le diga que nosotros estamos bien, que estábamos muy preocupados porque no sabíamos nada de él desde hacía algunas semanas, que no se preocupe porque le vamos a ayudar en todo lo que podamos». Tengo que reconocer, que a pesar de haber tenido que hacer este tipo de llamadas telefónicas durante tantos años, nunca me termino de acostumbrar, y cuando cojo el teléfono suelo sentir un nudo en el estómago similar a cuando debía afrontar algún examen en la universidad. Cuando la persona que está detenida puede tener una comunicación normal con su familia en España por medio de llamadas telefónicas (dos o tres veces al mes), visitas en los días establecidos por el juez y el instituto penitenciario (últimamente también disponen de comunicación por e-mail), la vida en la cárcel se les hace más llevadera. En bastantes ocasiones soy yo el encargado de enviar y recibir las cartas de los detenidos y de los familiares, intercambiárselas, para facilitar y hacer más rápida y eficaz la comunicación.

También el hecho de poder disponer de algunos medios económicos dentro de la cárcel es importante. El instituto penitenciario pone a disposición del detenido solo lo imprescindible, es decir, la comida, una celda, un colchón y unas sábanas. Todo lo referente a la higiene personal, ropa (a veces he visitado algún detenido que estaba con la misma ropa desde el día de la detención, y ya habían pasado uno o dos meses), tabaco, productos alimenticios necesarios como el azúcar, el aceite, el café, la leche…, todo eso se lo deben comprar. Si no disponen de dinero la vida se hace muy dura. Casi todos solicitan poder trabajar dentro de la cárcel para disponer de un pequeño salario, pero los puestos de trabajo son pocos y van por rotación, es más, generalmente hasta que no han sido juzgados (y el juicio se puede retrasar entre seis meses y un año) no pueden solicitar un trabajo. Quien tiene familia o amigos que le envían un poco de dinero sale adelante, quien no tiene a nadie está a merced de los demás compañeros de la cárcel para que le ayuden a adquirir las cosas más imprescindibles. Tengo que decir que entre los detenidos hay una gran solidaridad, el que puede comprar comida en el supermercado dentro de la cárcel, generalmente, la divide con sus compañeros de celda que no disponen de nada, los que salen en libertad suelen dejar parte de su ropa y efectos personales para los recién llegados que no tienen nada.

También es necesario remarcar el trabajo y colaboración, en este punto, por parte de la institución Cáritas, de los capellanes de las cárceles a la hora de ayudar y escuchar a los detenidos con un mensaje de esperanza y de misericordia. La ayuda institucional de los Consulados de España en Italia también es muy importante. A veces los detenidos que se encuentran en dificultad te piden si les puedes meter en su cuenta diez o quince euros para comprarse algún artículo de primera necesidad, o si puedes recibir el paquete de ropa que le mandará su familia para llevárselo a la cárcel de una manera más rápida, o simplemente si les puedes comprar una pequeña radio para escuchar las noticias y un poco de música…, en fin, pequeños favores que contribuyen a que el periodo de la detención se les haga más llevadero a ellos y a la misma familia.

Ser juzgado en un país extranjero, donde no conoces las leyes ni los tribunales, no es fácil. El día del juicio, la gran mayoría de ellos, están muy nerviosos, lloran incluso delante del juez, y es muy necesario estar a su lado para tranquilizarlos. Algunos detenidos, cuando salen de la cárcel no tienen nada, solamente los documentos de identidad. Hay veces en que he tenido que ir a recogerlos a la salida de la cárcel, llevarles a un restaurante para que coman algo, llamar a la familia en España y comprarles un billete de avión para que puedan volver.

La vida de los detenidos españoles en Italia es dura. Lo importante es mostrarles todo el apoyo posible a nivel profesional y a nivel humano, a ellos y a las familias. Sin embargo, la experiencia también me dice, que lo mejor —y lo que a veces más valoran— es darles siempre un mensaje de esperanza de cara al futuro: aunque nadie puede volver atrás y lograr un nuevo comienzo, cualquiera puede empezar ahora, nuevamente, y lograr un nuevo final.