Junio: mes del Corazón de Jesús

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Junio: mes del Corazón de Jesús
Junio: mes del Corazón de Jesús

Por José Manuel Secades

El mes de junio es un mes especialmente dedicado al Corazón de Jesús. Además de las fiestas de santos y apóstoles, hay tres fiestas especialmente importantes: el Corpus Christi, el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María.

El evangelio de la fiesta del Corpus narra la preparación de la Última Cena de Jesús con los suyos y sus misteriosas palabras en aquella memorable noche víspera de su pasión y muerte. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, esta es mi sangre de la nueva Alianza». Ambas expresan la entrega del amor sin medida, por los suyos y por todos los hombres. La Eucaristía, es el sacramento que nos une a ese misterio de la vida de Cristo, de Dios mismo, que nos la entrega a nosotros de la forma más sencilla.

Muchos santos han tenido revelaciones especiales sobre el Sagrado Corazón. Son importantes las apariciones a santa Margarita María en 1676, cuando Jesús, señalando su pecho, exclamó: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha ahorrado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en cambio no recibe de la mayoría sino ingratitud, olvido y menosprecio, por la frialdad y sacrilegios cometidos contra mí en este sacramento del amor».

Para nosotros también son importantes estas fiestas.

En muchos lugares de la Iglesia existía la costumbre de reparar en los primeros viernes de mes con algún acto eucarístico, con el rezo de las letanías del Sagrado Corazón, con pequeños sacrificios, o con la confesión, costumbre que se ha ido perdiendo en estos últimos tiempos, por la tibieza que nos ha invadido y porque en las homilías se ha dejado de recordar, pero que es importante recuperar.

Las últimas encuestas llevadas a cabo en los EE. UU. indican que el 80 % de los católicos no cree en la presencia real de Jesucristo en el sagrario. Y a juzgar por el comportamiento entre nosotros de muchos asistentes a las misas, aquí andamos parecido. Es necesario volver a caer en la cuenta de que las palabras de Jesús no son una parábola, sino que tienen el poder de hacer lo que dicen. Cuando Jesús dice «Yo soy el Pan de vida» (Jn 6,35) eso es realidad.

Es necesario valorar la presencia real de Dios en la sagrada Hostia y en el Sagrario. Y para ello, nada mejor que frecuentar las visitas para saludar al Señor, cuando pasemos ante una iglesia, aunque sea brevemente, igual que lo haríamos si pasáramos ante la casa de nuestros padres. También, comulgar con más devoción y recogimiento, mientras damos gracias de que Dios se haya dignado bajar hasta nosotros. También es bueno saludar al Señor en el sagrario con una genuflexión, siempre con todo respeto y veneración. Y hacerlo todo con una actitud de reparación por los que no lo hacen o lo hacen mal. En este mes, es importante participar en las procesiones que se hacen por la calle para acompañar y honrar públicamente a Dios Eucaristía.

Acabamos de pasar el mes de mayo en el que hemos tenido más presente a la Stma. Virgen. Le pedimos a ella que nos ayude a cumplir nuestros buenos deseos de amar más y mejor al Señor y, para ello, que aumente nuestra fe y la de todos los católicos, en esta misteriosa realidad.

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