Radical

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Radical
Radical
Ya no quiero perder más niños, ni uno más.

Por Jesús Jaraíz Maldonado

México, 2023
127 minutos
Director: Christopher Zalla

Frecuentemente salta al debate público la preocupante situación del sistema educativo, que se manifiesta en el descenso del nivel de conocimientos, la falta de hábitos de estudio o la violencia en las aulas.

En repetidas ocasiones hemos abordado desde el cine propuestas basadas en modelos reales, que confirman que es posible el cambio social para bien desde el mundo de la educación. En Diarios de la calle (Estar, 306, octubre/2017), ambientada en un instituto conflictivo de Secundaria de California. En Hoy empieza todo (Estar, 315, abril/2019), donde un maestro de Primaria se enfrenta a la realidad educativa en una deprimida zona minera de Francia. O en Conducta (Estar, 332, febrero/2022), en la que una maestra lucha en un colegio de la Habana por sacar a su alumno más problemático de la delincuencia.

En la misma línea, ha pasado discretamente por los cines Radical. Esta magnífica película mejicana aporta una fuerte dosis de aire fresco frente al pesimismo y la negatividad que impera en el mundo educativo.

Los hechos, basados en la realidad, tienen lugar en 2011 en un colegio de Primaria de Matamoros (México). Ningún profesor quiere ocupar una plaza vacante en lo que se considera una escuela de castigo. Los problemas familiares, la violencia del entorno y el desinterés de los alumnos desaniman al más entusiasta.

Sorprende por ello que Sergio Juárez haya pedido destino en ese centro. Y más como maestro en Sexto, porque al final del curso sus alumnos afrontarán la prueba de acceso a Secundaria.

La personalidad de Sergio no deja indiferente a quien trata con él. Su espontaneidad y métodos poco ortodoxos sacan al director de su zona de confort. Así mismo, su abierta oposición a la corrupción le granjeará adversarios entre compañeros e inspección educativa.

Sin embargo, su cariño y cercanía cautivan a unos alumnos con la autoestima tan baja: «No importa si se equivocan. Lo importante es que lo intenten». Cada alumno, con sus problemas, entiende que el mensaje cargado de optimismo va dirigido a él: «Solo hay una cosa que puede detenerte, si es que tú lo permites. Tú mismo».

En un ambiente alegre y distendido el maestro anima a cada alumno a indagar en la búsqueda de su vocación profesional y a compartir con sus compañeros los resultados. Así, Lupita hace partícipes a todos de sus investigaciones sobre Stuart Mill: «Tienes que hacer todo lo que puedas por todos los que puedas».

Paloma, por su parte, nos recuerda a William en El niño que domó el viento (Estar, 331, diciembre/2021). En la absoluta pobreza sueña con ser astronauta y estudiar ingeniería aeroespacial. Mientras tanto, rebusca en la basura para construir sus propios instrumentos. Ha aprendido que «Todo es imposible, hasta que se hace».

La implicación de Sergio, con tantos sinsabores y momentos amargos, tiene una motivación última. Para él, cada alumno importa, porque los ama —«Ya no quiero perder más niños. Ni uno más»—. Por esa razón irá en busca del alumno perdido.

Sergio nos recuerda la figura del buen samaritano en nuestros tiempos: «Simplemente hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso» (Francisco. Fratelli tutti, n.70).

Probablemente, si profesores, padres y alumnos participasen en un ciclo de cine educativo con estas películas, se podrían corregir algunas carencias de nuestro sistema educativo.

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