La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego.
William Butler Yeats
En mi larga experiencia de treinta años de profesor, viví varias reformas educativas que fueron vaciando de formación a la enseñanza, para convertirla en mera instrucción de conocimientos. Se fueron olvidando la voluntad, los valores y los buenos modales, para dar prioridad a la adquisición de la tabla de multiplicar, de los conocimientos matemáticos o experiencias en talleres y laboratorios.
Eso al principio; luego, ni eso, se olvidó formar la voluntad y educar en valores y los centros educativos se transformaron en centros de instrucción con el objetivo máximo de alcanzar los niveles mínimos de referencia.
Los centros educativos se fueron transformando en centros de enseñanza y ya, en algunos casos, ni siquiera eso. Recuerdo una conversación con una familia que no entendía que no se le diese a su hijo el título de la ESO:
—Es que, si llegamos a saber que no le daban el título, habríamos llevado a nuestro hijo a otro centro.
—A ver —les comentaba yo a los padres— que lo importante no es un título vacío, sino adquirir unos conocimientos y valores que den contenido al título.
—Eso a nosotros no nos interesa —contestaban los padres—, lo importante es que tenga el título para que empiece a funcionar y lo demás ya se lo enseñará la vida.
Al equipo de profesores que éramos profesionales-vocacionales se nos caía el alma a los pies. Creíamos en la educación formativa, esa que, además de instruir, inculca valores como la honestidad, la puntualidad, el respeto, la responsabilidad, el pensar en los demás…, componentes necesarios para ser una persona positiva y constructiva.
Chanakya (aprox. 350-283 a. C.), también llamado Kautilia, fue un brahmán y escritor hinduista indio que definía así la educación: «La educación es la mejor amiga. Una persona educada es respetada por todos. La educación vence a la belleza y a la juventud».
Lo que hace grande a las personas y a las sociedades es esa educación que busca la excelencia enseñando a practicar el bien ser, el bien hacer, el bien estar y el bien tener. Toda educación formativa es una presencia vital social que posibilita el perfeccionamiento, la superación y la plenitud.
En general, la educación en cualquier cultura busca el crecimiento humano, la formación de la personalidad equilibrada conseguida con el esfuerzo, la empatía, la inteligencia, la abnegación, el orden, la belleza, la bondad, el sentido social, la autodisciplina…
Valores que se adquieren con una educación formativa.






