La práctica de los Ejercicios de san Ignacio, el mayor regalo del año jubilar por los 500 años de su conversión

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Ejercicios espirituales en Ñaña
Ejercicios espirituales en Ñaña

San Ignacio de Loyola tenía muy claro que lo mejor que podía ofrecer para mejorar a las personas era la práctica de los Ejercicios Espirituales. Así se lo comunicó al catedrático de la Sorbona, Dr. Manuel Miona, quien fue su profesor y a quien se los dirigió. «Los Ejercicios Espirituales son todo lo mejor que yo puedo en esta vida pensar, sentir y entender, para que el hombre se pueda aprovechar a sí mismo, y para poder fructificar y ayudar a otros muchos» (Carta, 16 de noviembre de 1536).

Ningún regalo en el año de san Ignacio con motivo de los 500 años de su conversión superaría el poder vivir sus ejercicios. Después de 48 años de practicarlos unas 50 veces y dirigir casi 100 tandas, yo podría afirmar lo mismo que el santo. La última oportunidad ha sido justo en los dos últimos días del año jubilar, coincidentes además con las fiestas patrias del Perú. Con la gracia añadida de tenerlos en la Casa Santa Maravillas, del P. Juan Álvarez, en Ñaña, y en compañía de 6 ejercitantes del Perú (desde un estudiante de quinto de secundaria, de 16 años, pasando por tres universitarios de 20, hasta un abogado de 30 y un ingeniero padre de familia de 46). Una bendición, como nos ha recordado todo un maestro, como es el papa, en hacer y dirigir ejercicios: «Quien vive los ejercicios espirituales de modo auténtico experimenta la atracción, el encanto de Dios, y vuelve renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, trayendo consigo el perfume de Dios».

Como gratitud al santo, les comparto las vivencias que me escribieron:

¿Por qué acudisteis?

«Mi madre me lo ofreció e impulsó, aunque yo estaba deseando asistir a uno de ellos desde niño» (GF); «Mi madre me transmitió la invitación y yo pensé que sería una buena forma de aprovechar los feriados» (OS); «Porque había escuchado de ellos por mi mejor amigo y porque la cofundadora del Camino Neocatecumenal, Carmen, vivió y se sirvió de su experiencia» (JPH); «Participé una vez hace casi tres años y me cambió; y si me cambió para bien ¿cómo no querer venir otra vez» (JCI); «Por recomendación de mi amigo de colegio y porque me carcomía la “curiosidad de hacer un retiro espiritual”» (RJL); «Hace más de 20 años tuve un único retiro y desde ahí siempre quise volver; ahora, por la invitación que le hicieron a mi hijo aproveché para acompañarlo» (CC).

¿Qué han supuesto para vuestras vidas?

«Como dice san Ignacio “sentir vergüenza y dolor” por mis pecados, pero, mucho más, sentir que Jesús me perdona y me salva»(CC); «Días de lucha conmigo mismo, constatar lo efectivos que son para lograr una paz interior que no termino de creer; resalto los momentos de soledad que refuerzan lo bueno que experimento en mí, el contacto permanente con el Señor mientras te cepillas los dientes, te haces la cama, lees, meditas…, que te da una tranquilidad plena, hasta duermes como nunca» (RJL); «He vuelto a nacer; Dios sí que es misericordioso, lo he vuelto a experimentar» (JCI); «Paz, tranquilidad, sosiego, el kerigma que necesito escuchar en mi día a día; me ha ayudado a querer vivir el orden en mi vida, lograr serenidad frente a mis arrebatos de mandar ¡a la porra! cosas que no van bien» (JPH); «la oportunidad de reflexionar sobre mi historia personal y verla como el gran don que Dios me ha dado a lo largo del tiempo; ha sido una experiencia intensa y fuerte de oración» (OS); «Me ha supuesto conseguir las mayores alegrías: encontrarme y hablar con Dios; siempre me había quedado atrás en la oración y aquí he logrado entablar una charla continua con Dios» (GF).

¿Qué invitación compartiríais con un joven?

«Aunque ya soy adulto, con la alegría que tengo quiero entusiasmar a los jóvenes que conozco; a pesar de mi timidez voy a pedir a Jesús que me dé ánimo para quitar la timidez y vergüenza e invitarlos siempre que pueda» (CC); «Que ir a un retiro es una oportunidad única que puede hacer sentir a tu alma la comunicación directa con Dios y sumergirte en lo que es una experiencia cambiante e inolvidable» (GF); «Le diría que es una gran oportunidad para conocer el amor que Dios le tiene y para estar frente a frente con Jesús y escuchar el mensaje que tiene para su vida» (OS); «Yo quisiera que todos los jóvenes que conozco puedan venir al retiro, solo les diría que fuesen porque es buenísimo, sin importar si son ateos, protestantes o lo que sea; el silencio y la paz que he recibido son indescriptibles y no se lo pueden perder» (JPH); «En el silencio se puede escuchar, si quieres escuchar a Dios, disfruta del silencio de los Ejercicios» (JCI); «Les diría al igual que el director de esta tanda, lo mejor que te puede pasar en la vida, si quieres cambiar a mejor, ven» (RJL).

Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, acaba de publicar una deliciosa carta pastoral con el título: «Para en todo amar y servir (Apostando por los Ejercicios Espirituales)». En ella constata que son «Un itinerario luminoso para vivir nuestra existencia en permanente estado de conversión, más allá de nuestras miserias, en la esperanza de que el Espíritu Santo coronará la obra buena que comenzó en nosotros».

Hago mías sus estimulantes palabras recomendando su práctica, por ser un auténtico tesoro y animando a compartirlos. «Me atrevo a pediros, de corazón, que nos pongamos todos en camino, con la mano fuertemente asida en el arado, con los ojos fijos en el que completa y alimenta nuestra fe: Cristo. Tomemos todos los medios que la Iglesia, madre y maestra, como depositaria de los tesoros divinos, pone a nuestro alcance. Y, de un modo concreto, los Ejercicios Espirituales de san Ignacio»

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