Lo católico en el mundo. Asignatura pendiente

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Foto: Guilherme Stecanella
Foto: Guilherme Stecanella

El Vaticano dio a conocer el 25 de marzo de 2021, la situación de la Iglesia católica por medio del Annuarium Statisticum Ecclesiae 2019. Según el informe, en el mundo había 1 345 millones de fieles en el año 2019. Un año antes el índice era de 1 329 millones, es decir, el crecimiento fue de 1,2 % (dieciséis millones) entre los dos años, pero, a pesar del aumento, el porcentaje de católicos no se ha incrementado, ya que la población mundial es mayor.
Los católicos, es indudable, hacen una gran labor humanizadora, pero su influencia es casi testimonial en algunos ámbitos como el de la política, por ejemplo, lo que hace que el mundo se empobrezca de humanidad y llegue a considerar un «derecho» una auténtica barbaridad como es el aborto.
No cabe duda de la importancia de la acción política; la Iglesia, como señaló el Vaticano II, «alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la “cosa” pública y aceptan el peso de las correspondientes responsabilidades» (GS 75).
Estamos viviendo unos momentos en el mundo —y particularmente en España— en los que tal vez pueda extenderse un cierto desánimo y desconfianza respeto a la acción política de los creyentes que tienen la obligación de transformar y renovar nuestro mundo y nuestra sociedad conforme al designio de Dios a favor del hombre, todo hombre, sin exclusión alguna; y los fieles cristianos laicos, están llamados a actuar en el mundo, en la cosa pública, no a pesar de su fe, sino precisamente en virtud de ella.
Creo que la ausencia de los católicos en la vida pública, en cuanto católicos, es no solo un empobrecimiento para la sociedad, sino incluso un daño para ella.
La inoperancia de los bautizados hace que los enemigos de la civilización cristiana llenen este mundo con los postulados de la cultura de la muerte: los padres matan a los hijos (aborto) y los hijos matan a los padres (eutanasia), y, posiblemente, una de las causas de la ausencia social de los bautizados sea la falta de formación que lleva a la inseguridad de no ser capaces de dar razones de su fe en público.
El problema es complejo y, por lo tanto, difícil de desarrollar en el breve espacio de este editorial, y aunque hay luces y sombras, todo parece indicar que en general —salvando las naturales excepciones, claro— la falta de pujanza de los católicos en la vida social es una asignatura pendiente.

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