Los movimientos en la Iglesia

Carisma, misión y espiritualidad

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Plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano)
Plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano)

El 30 de mayo de 1998 (año dedicado al Espíritu Santo) san Juan Pablo II celebró la vigilia Pascual con los movimientos eclesiales en la plaza de San Pedro, donde el mundo descubrió estos movimientos ya integrados en muchas iglesias particulares. El 30 de mayo de 2023, se han cumplido 25 años de esta importante vigilia.

Encuentros similares han tenido lugar con Benedicto XVI (2006) y con el papa Francisco (Año de la Fe, 2013). Los tres pontífices coinciden en considerar a los movimientos eclesiales como instrumentos providenciales para la formación cristiana de los fieles laicos y comunidades de gracia abundante, desde donde se contribuye la nueva evangelización del mundo, una misión a la cual está convocado todo el Pueblo de Dios.

¿Qué es un movimiento eclesial?

No es fácil definir con precisión «movimiento eclesial». La gran mayoría de ellos han surgido a lo largo del siglo XX, han tomado un impulso a partir del Concilio Vaticano II y muchos han nacido durante el pontificado de san Juan Pablo II.

Merece la pena leer el mensaje que S. Juan Pablo II dirigió a los participantes en el I Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales (Roma, 27-29 de mayo de 1998):

¿Qué se entiende, hoy, por Movimiento? El término es a menudo referido a realidades distintas entre sí, a veces, hasta por su configuración canónica. Si, por una parte, esta no puede ciertamente agotar ni fijar la riqueza de las formas suscitadas por la creatividad vivificante del Espíritu de Cristo, por otra indica una realidad eclesial concreta en la que participan principalmente laicos, un itinerario de fe y de testimonio cristiano que basa su método pedagógico en un carisma preciso otorgado a la persona del fundador en circunstancias y modos determinados.

S. Juan Pablo II define con estas palabras los principales elementos de un movimiento eclesial:

  1. Es una realidad de Iglesia, compuesta mayoritariamente por laicos, aunque puedan pertenecer a ellos también clérigos y miembros de institutos de vida consagrada. Muchos movimientos han sido aprobados canónicamente como asociaciones de fieles por el Dicasterio para los laicos, la familia y la vida.
  2. Se asienta en un carisma originario recibido por un fundador en unas circunstancias históricas concretas, que estimula al cristiano a un compromiso eclesial y a la entrega personal a Dios.
  3. Son portadores de un método pedagógico propio de la fe, que conduce a sus miembros al encuentro personal con Jesús y que impulsa a la evangelización.

Benedicto XVI en el 2015 dijo:

«Los movimientos provienen en su mayoría de una personalidad carismática, se configuran en forma de comunidades concretas que, a partir de ese origen, viven con nuevo espíritu todo el Evangelio y reconocen sin titubeos a la Iglesia como su fundamento, sin la cual no podrían existir».

Los tres últimos papas y los movimientos eclesiales

San Juan Pablo II calificó a los movimientos eclesiales de dones ofrecidos por el Espíritu Santo y motivo de esperanza para la Iglesia y para el mundo:

En nuestro mundo, especialmente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y muchas veces, sofocada y apagada. Se advierte, entonces, con urgencia, la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana. ¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de la propia identidad bautismal, de su propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aquí aparecen, entonces, los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: ellos son la respuesta suscitada por el Espíritu Santo a este dramático desafío de fin de milenio. Ustedes son esta respuesta providencial (Vigilia de Pentecostés 1988).

Benedicto XVI convocó un encuentro con los movimientos y las nuevas comunidades que se celebró en junio de 2006 (Pentecostés), marcó un camino y una misión:

Los movimientos han nacido de la sed de una vida verdadera […]. Los movimientos eclesiales quieren y deben ser escuelas de libertad […]. ¡Forman parte de la edificación del único cuerpo! […]. Ustedes no cesarán de llevar sus dones a la comunidad entera […]. Queridos amigos, les pido que sean, todavía más, mucho más, colaboradores del ministerio apostólico universal del Papa, abriendo las puertas a Cristo.

En 2013, el papa Francisco se reunió con los movimientos eclesiales en la Vigilia de Pentecostés y respondió a cuatro preguntas fundamentales afirmando lo siguiente: Jesús, la oración y el testimonio:

  1. Lo primero y más importante es Jesús y dejarse guiar por él. Por tanto, la organización, las estructuras y las estrategias son cuestiones secundarias.
  2. La oración, que significa dejarse mirar por Jesús desde el sagrario.
  3. El testimonio: «La comunicación de la fe se puede hacer sólo con el testimonio, y esto es el amor. No con nuestras ideas, sino con el Evangelio vivido en la propia existencia».

Se puede afirmar que los movimientos eclesiales son una gozosa realidad que el Espíritu Santo ha querido suscitar y hacer florecer (final del siglo XX, inicio del siglo XXI) con el fin de contribuir a la santidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Estos, integrados mayoritariamente por laicos, se insertan en la eclesiología de comunión, difundida especialmente a partir del magisterio del Concilio Vaticano II, ya que la Iglesia es una comunión de mutuas ayudas sobrenaturales, donde encontramos una pluralidad de carismas y vocaciones, ordenadas hacia un mismo fin, bajo la guía del papa, en quien reside el principio de unidad de fe y comunión en la Iglesia.

Se pone así de manifiesto la coesencialidad entre los dones jerárquicos y carismáticos en la constitución divina de la Iglesia, en donde se enraíza el acontecimiento de la sinodalidad (ese caminar juntos pastores y pueblo de Dios, escuchándonos y viviendo la experiencia de discernir entre todos la voluntad de Dios para «salir» hacia la misión, abiertos a la esperanza) que estamos viviendo y que tanto nos cuesta acoger.

El papa Francisco nos exhorta a la misión como solo él sabe hacer:

No os encerréis, por favor. Esto es un peligro: nos encerramos en la parroquia, con los amigos, en el movimiento, con quienes pensamos las mismas cosas… ¿sabéis qué ocurre? Cuando la Iglesia se cierra, se enferma, se enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean. Jesús nos dice: «Id por todo el mundo. Id. Predicad. Dad testimonio del Evangelio» (cf. Mc 16,15).

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