Por R. C. Murillo, cantautor
A pesar de la realidad de nuestra encrucijada histórica, son muchos los motivos para levantar la cabeza y mirar con esperanza. La música católica (MC) es uno de esos pilares en los que puede asentarse el futuro de nuestra civilización. Nuestra revista Estar joven, sección «nuestra música», se hace eco de ellos. Muchos músicos católicos actuales han vivido la experiencia de un encuentro cercano y profundo con Jesucristo. Algunos de ellos, dedicaron sus vidas a la música profana y dieron un vuelco radical para ofrecer sus dones al servicio del evangelio, expresando la belleza de Dios con su música. Otros, heredaron y percibieron ese don. Hoy, con frecuencia, suelen «remar» contracorriente en sus ambientes. Para ellos, ser cristiano es un riesgo, y grande. Sus fines de semana, con frecuencia, se enmarcan en un coche, una furgoneta o un avión, para dar un concierto, en una iglesia, un pub, una discoteca, una plaza, la naturaleza…, rodeados de decenas o miles de personas, a veces ávidas de un mensaje esperanzador.
Todo lugar es propicio para hablar de Dios; y entre canción y canción, letras profundas y orantes, comentarios llenos de vida y evangelio, sin otra recompensa —en ocasiones— que la alegría de comunicar la fe y sembrar valores, muchas veces sin ver el fruto. Gracias a Dios hay comunidades que valoran su labor, pero no todo en nuestra Iglesia es así. Ellos no van a entretener a nadie, van a evangelizar con una guitarra, un teclado y su voz. Les toca muchas veces viajar sin su familia y acuden allí donde se les reclama, como cirujano a la herida. Allí donde hay un cantautor o grupo católico se levanta ilusión, esperanza y fe.
Letras y melodías no son improvisación, sino resultado de la unión con Jesús en la oración. La MC o es contemplativa o no lo será. Ellos quieren ser contemplativos en la acción y activos en la contemplación.
Hace años nacieron realidades preciosas que han pasado el relevo a nuevas generaciones de artistas. Algunas siguen hoy vivas: Festivales de la canción misionera, encuentros, NAOs, cursos de Música y Evangelización y un largo etc.
Un día la belleza musical se expresaba en grandes obras de Beethoven, Mozart, Haendel… Hoy, nuestro público es de percepciones rápidas, escuchas ágiles. Es el mundo de la canción más que de la sinfonía. El músico católico es consciente.
Una preciosa realidad que nos une a muchos artistas son los Encuentros de Músicos Católicos, que ya tienen diez años de andadura. No somos muchos, pero…, «metemos mucho ruido».
Valoremos la música católica. Hoy es calidad, tanto en letras como melodías e instrumentaciones. Escuchemos música católica. Animemos a nuevos artistas jóvenes a ofrecer el don de su creatividad al servicio de la fe, de la Iglesia.
El gozo, alegría y plenitud de un concierto es una experiencia única para el músico y el público. Es el gozo de los apóstoles que se acercan a Jesús, entusiasmados (Lc 10,17-24) en medio del mundo.
El músico católico está abierto al futuro. Somos presente y futuro, incluso con persecuciones, que las experimentamos, claro. Nuestra raíz es el evangelio, música que heredamos. La Iglesia tiene aquí un medio formidable de difusión.
En esta encrucijada histórica, sí hay realidades esperanzadoras. Los músicos católicos tocan las almas desde la sensibilidad del corazón.







