Nuestras primeras convivencias con el Grupo Santa María en Santiago de Aravalle

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Por Mónica Sanmartín Gregorio

El verano de 2023 quedó ya atrás hace algunas semanas, pero en casa aún seguimos recordando con claridad muchos de los momentos vividos en las convivencias del Grupo Santa María en Santiago de Aravalle (Ávila) en los primeros días de agosto. Son recuerdos que siguen nítidos en nuestra memoria de familia, a pesar de que estamos ya enfrascados en nuestras rutinas habituales, en nuestra «misión de lo cotidiano».

En primavera decidimos priorizar como familia el intentar crecer en la fe, juntos. Aceptamos la invitación de Paula y MAC, y organizamos el verano para convivir con y para Dios, unos días, por primera vez. Un plan que sonó extraño a amigos y, sobre todo, a la familia, incluso surgiendo algún pequeño desencuentro. Pero para crecer en la fe es necesario descubrir que la vida no consiste en hacer siempre lo que uno quiere, ni lo que otros quieren, sino en hacer la voluntad del Señor, lo que exige ponerle a él en el centro de todo lo que hagamos. Y eso fue lo que hicimos.

Comentando, después, a los amigos cómo vivimos esos días, solemos resumirlos como: orar, compartir y celebrar.

Sin oración nuestra fe no tiene el alimento que necesita, y esos días tuvimos muchos bellos momentos de silencio, incluso de soledad, de contemplación de la naturaleza o de lectura para entrar en diálogo con Dios. Muchos ratos de oración en los que agradecer al Señor todas las gracias recibidas en nuestras vidas, y también para pedir por nuestras necesidades y las de nuestros seres queridos. Fue realmente maravilloso sentir al Señor a nuestro lado en los puntos de oración de la mañana, en esa adoración al Santísimo bajo un cielo de estrellas, en los rosarios diarios…, incluso en la lectio divina alguna madrugada. Las niñas recuerdan con especial cariño los «Buenas noches a Jesús», dirigidos por José Barrero.

Estamos llamados a ser testigos de Cristo en el mundo, con nuestra palabra, pero también con nuestro ejemplo. Qué importante es, entonces, el alimentarnos también del ejemplo de otras familias cristianas que viven con Jesús como modelo; dejar confluir nuestros caminos por unos días y enriquecernos compartiendo con ellos vivencias y testimonios. Compartir, también con alegría, bocadillos y chapuzones en la marcha a las pozas de los Pilones del Jerte, y enriquecer la mente y el espíritu con la visita al Museo Carmelitano en Alba de Tormes, o con las diferentes charlas como la de Jaime, o la de ciencia y fe, con Pedro Castrillo, o el cinefórum.

Y, por supuesto, celebrar nuestra fe en la eucaristía. Vivir cada uno de esos días con el sacramento del amor de Dios por nosotros y de nuestra comunión con él, fue un auténtico regalo que ahora, aplastados a veces por las prisas y la rutina, se valora mucho más. Con el regalo adicional de tener al padre Carlos y al padre Miguel Ángel siempre dispuestos para una confesión a la sombra de los pinos en Gredos o a las orillas del río Aravalle.

No cabe duda de que el Señor estaba presente allí, con nosotros, en cada pequeño momento de esos días, y de que esos momentos han dejado huella en nuestra familia.

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