¡Un Aula Familiar llena de gracia!

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Por Toñi Porras y Juanjo Ramil

¡Qué cierto es que un Año Jubilar es siempre un Año de Gracia que nos regala la Iglesia! Y en ese sentido, muchas han sido las gracias derramadas este año en los matrimonios que, junto a los Cruzados de Santa María, hemos vivido en Santiago de Aravalle, durante la primera semana de agosto. Celebramos la XXIII edición del Aula Familiar Tomás Morales, como gran familia dentro del Movimiento de Santa María que, con ocasión del Año Jubilar de santa Teresa del Niño Jesús en el 150 aniversario de su nacimiento, ha estado centrada en la vocación matrimonial y de la vida de familia en la que somos llamados a vivir la santidad en lo cotidiano.

El Señor ha sido el centro de nuestra Aula Familiar, y eso se ha notado. Así lo pudimos experimentar desde el primer momento, y es que ha sido muy significativo iniciar nuestro primer día del Aula Familiar un 31 de julio, festividad de san Ignacio de Loyola en el año de santa Teresa del Niño Jesús, adalides de nuestro Movimiento de Santa María que tiene tronco ignaciano y savia carmelitana.

Todo lo que hemos compartido nos ha enriquecido, ilusionado y llenado de esperanza, y, como ocurre en la vida de familia, a través de momentos de lo más cotidianos como son la oración y ofrecimiento del día al empezar la mañana, formación y coloquio, eucaristía diaria (en la que los niños han tenido una participación muy activa), tertulias, ratos de convivencia en los que hemos podido disfrutar y conocernos mejor para así también querernos más, rezo del rosario en familia y el balance al final del día antes de acostarnos.

Como comentábamos en la reunión final, el Aula Familiar, junto con la Pascua Familiar y los Ejercicios Espirituales, es uno de nuestros momentos fuertes del año. En el caso del Aula, más centrado en la forja de los valores humanos de nuestra espiritualidad matrimonial y familiar, como «campamento de familias», y por ello entendíamos que debiera ser el hilo conductor de todo el curso y que no se quede en un encuentro fantástico de una semana.

De esta manera, más que retomar un compromiso, ha sido un redescubrir la necesidad y el bien que nos hace en el día a día, detalles como nuestra oración hecha vida de intimidad en Nazaret, el rezo del rosario como la oración del momento presente por excelencia, así como la eucaristía y el balance como encuentros de poner y recolocar al Señor en el centro.

Igualmente es fundamental continuar y llevar a cabo una profundización sobre la formación recibida durante el Aula Familiar en los meses posteriores del resto del año, marcando así nuestro itinerario como matrimonios que dentro del Movimiento de Santa María aspiramos a la santidad del subir bajando en la espiritualidad de las «manos vacías», de la mano de santa Teresita de Lisieux, que nos ha enseñado un atajo sin igual a la santidad con su infancia espiritual, y de la mano de Abelardo de Armas, que asimiló e hizo vida propia la confianza ciega en la misericordia del Padre.

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