
Por Miguel Ángel Íñiguez Martínez, cruzado de Santa María, director Espiritual del Seminario de Getafe
Con el reciente fallecimiento del P. Emiliano Manso, el día 20 de mayo, quiero que se nos queden grabados algunos rasgos de su vida sacerdotal.
Lo que mejor define su vida es precisamente el título que hemos dado a estas reflexiones. Ciertamente, antes que nada, era sacerdote de Jesucristo.
Era sacerdote diocesano de Palencia, pero desde muy temprano tras la ordenación trabó contacto con el P. Tomás Morales SJ, fundador de los Cruzados de Santa María, y con las obras apostólicas desarrolladas por el Instituto, fundamentalmente los campamentos en Gredos y la dirección espiritual, a la que dedicó incontables horas. Posteriormente se incorporaría al Instituto.
Durante muchos años fue director espiritual del seminario de Palencia, con todo lo que eso significa de conocimiento, dedicación y orientación en la vocación sacerdotal de cada seminarista.
Transcurrido el tiempo, el P. Morales quiso que se dedicara de una forma más particular a las vocaciones sacerdotales que surgían en los Cruzados y en la Milicia de Santa María. Hubo unos años en los que florecieron abundantemente, incardinándose en distintas diócesis. Hay incluso un buen número de obispos en España que se formaron con el P. Manso y que han mantenido contacto con él hasta su fallecimiento.
De este núcleo nació una sociedad sacerdotal muy vinculada al carisma del P. Tomás Morales, a los que atendía también con gran dedicación y una formación sólida a través de retiros, charlas mensuales y convivencias en distintos períodos del año. De hecho, estando en una de estas convivencias en la semana de Pascua de este año, es donde comenzó a sentirse mal y le tuvieron que llevar a urgencias, para ingresarlo y practicarle una traqueotomía. Fue el comienzo de un calvario de cuatro semanas en las que se fue deteriorando progresivamente hasta agotarse la vida.
La Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles es una asociación de fieles clerical diocesana. Fue erigida canónicamente y aprobados sus estatutos en la archidiócesis de Toledo, el 1 de diciembre de 1999.
Paralelamente atendía también otras realidades fundadas por el P. Morales y congregaciones religiosas, en particular las Auxiliares Parroquiales, a las que ha acompañado durante más de 30 años en dirección espiritual, retiros mensuales y ejercicios espirituales, viajando regularmente a Palencia —donde está la casa general— para impartir retiros y llevar a cabo la dirección espiritual de las religiosas.
Era confesor habitual de las carmelitas descalzas del Carmelo de la calle Ponzano, en Madrid.
En los días de hospitalización le hemos acompañado día y noche. Las primeras semanas no podía comunicarse nada más que a través de una pizarra, más adelante ya podía hablar algo, pero muy despacio. Disfrutaba cuando rezábamos las horas litúrgicas con él y lo manifestaba con gestos de aprobación y alegría. Ha seguido muy de cerca, a través de la pantalla, el entierro del papa Francisco y la elección y comienzo del ministerio pastoral del papa León XIV. Nos preguntaba y quería que le contásemos cosas del papa. Estuvo muy clarividente hasta prácticamente dos días antes de morir, momento en el que providencialmente me encontraba presente con otro sacerdote y un laico consagrado.
«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto. Pero si muere da un fruto abundante». Eso proclamamos en la misa de cuerpo presente, previa al entierro. Esperamos que su partida sea un empuje para que haya más vocaciones al sacerdocio y —como consecuencia directa— también a la vida consagrada y a la santidad matrimonial.






