Sacerdotes, reyes y profetas: en la familia

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P. Tomás Morales SJ
Frente
al ataque despiadado que sufre la familia, se eleva la santa valentía e
intransigencia de los papas en los últimos años para defender la santidad del
matrimonio, la dignidad de la familia, el derecho a la vida. No tiemblan ante
calumnias, injurias, tergiversaciones, tachándoles de retrógrados, de enemigos
del progreso y de la libertad. Las lanzan a una la teología luterana, la
filosofía racionalista o la seducción marxista. Las corean a veces algunos desde
dentro de la Iglesia,
pero los pontífices siguen impertérritos.
Fortalecidos
por el Espíritu Santo, permanecen fieles a una tradición arraigada, al mismo tiempo,
en el derecho natural y en la Divina Revelación. Saben que la herencia
cristiana de siglos es un tesoro. No se puede malvender en la almoneda frívola
de la novedad pasajera. No pueden dilapidar valores eternos engañando al hombre
para contentar su orgullo o sensualidad, para halagar sus pasiones encrespadas
por la moda cambiante que los fascina y despersonaliza.
Juan
Pablo II se erige en paladín de la familia. La defiende y bendice lleno de gozo
cuando habla. Con gestos y palabras la alienta siempre. Pues «el futuro del
mundo y de la Iglesia
pasa a través de la familia ». Nos alienta a todos a defenderla con decisión.
No se detiene ante los obstáculos. Nos propone sin miedo el objetivo. Rezuma
valentía y confianza ante la poca fe del que lo crea irrealizable. «Es
necesario —afirma— que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario
que sigan a Cristo».
Las
familias volverán a «remontarse más alto» si los padres, y las madres sobre
todo, escuchan la paternal advertencia del Papa: «No penséis que podéis hacer
en vuestra vida algo más importante que ser un padre o una madre verdaderamente
cristianos. No escuchéis a quienes dicen que trabajar en una tarea secular es
más importante que la vocación de crear vida y de preocuparse como madres de
esta vida».
En
la familia principalmente cumple el laico su función magisterial. Los padres
son los primeros educadores en la fe de sus hijos. Nadie puede reemplazarlos. También
son los inspiradores natos de la santidad en ellos. Les conducen y alientan
para alcanzarla.
En
el hogar, el seglar participa especialmente de la triple misión magisterial,
santificadora y real del sacerdote. La familia es el área principal de la
acción cristiana para los seglares, el lugar donde especialmente se ejercita
vuestro “sacerdocio real”.
Hora de los Laicos