Stanley G. Payne y Ramiro de Maeztu

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Stanley G. Payne
Stanley G. Payne

Por Juan Antonio Teso

Ya resulta sumamente significativo, que haya sido un extranjero quien escriba un libro titulado: En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras (Ed. Espasa. Madrid, 2017).

El hispanista estadounidense Stanley G. Payne (nacido en Texas en 1934) ha escrito el citado libro, que compila las conclusiones de más de 50 años de hispanismo y varias decenas de libros de relevancia sobre nuestra historia. Este autor es miembro de la Real Academia Española de la Historia, de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias; ha sido distinguido con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica en 2009, y obtuvo el Premio Españoles Ejemplares en 2013.

El ensayo a que nos referimos fue publicado en octubre del año pasado —obtuvo el Premio Espasa 2017— y resulta un ejercicio de didáctica y clarividencia. El autor no tiene complejos en comentar en las primeras frases que España tiene una historia de «singular riqueza». Payne sigue un desarrollo cronológico que explica la evolución de España y, con ella, los mitos, estereotipos y leyendas que se han construido a través del tiempo. A lo largo del libro, Payne habla, por ejemplo, del «asombroso milagro del Imperio español»: en 40 años los españoles conquistaron en América lo que a los ingleses les cuesta siglo y medio; sin embargo, los españoles conocemos muy poco la historia.

El autor deja bien claro que muchas de las acuñaciones internas y externas sobre España son «tópicos esencialmente falsos». A una feroz leyenda negra le sucede el desprecio ilustrado para desembocar en la ambivalente y longeva estampa romántica que reverdece luego en la mitología de la guerra civil y todo el universo mental sobre la historia reciente de España que se quiere imponer como «memoria “oficial y obligatoria”, forzada por la opinión política» al uso y encorsetada y apuntalada por la legislación conforme a estos postulados ideológicos.

En defensa de España se aclara el «mito de la República», porque después de 40 años de democracia española, en las universidades anglosajonas, por ejemplo, siguen vigentes los estigmas de la Guerra Civil. Afirma que la extrema izquierda había roto por completo con cualquier tipo de legalidad compatible con la democracia, porque la revolución estaba en marcha desde el año 1934. Desde el inicio de la Guerra Civil, hubo, en general, una intención de camuflar y esconder la realidad de la situación política en la zona republicana. La República presentó una fachada muy atractiva para muchos intelectuales ingleses, y este es un mito mayor en Inglaterra que en Francia.

Los estereotipos son tan poderosos y persistentes, subraya Payne con ironía, que en el ámbito inglés el resumen o compendio de la represión sigue siendo la Inquisición, incluso después de haber pasado por el siglo de Auschwitz y del Gulag.

Ramiro de Maeztu, el gran «olvidado» de la Generación del 98

Muchos años antes, en el primer tercio del siglo XX, tenemos al español Ramiro de Maeztu (1874-1936), un gran «olvidado» de la generación del 98, pese a ser escritor, periodista, ensayista y miembro de las Reales Academias de Ciencias Morales y Políticas (1932) y de la Lengua Española (1935).

En su libro Defensa de la Hispanidad (1934) Maeztu se propone recordar el papel jugado por España en la Historia universal, y la necesidad de un ideal nacional para recuperar ese papel. Aunque el contexto histórico, social y económico de la década de 1930, sea distinto a nuestro momento, muchas ideas y planteamientos reflejados en su libro, destacan hoy por su actualidad y profundidad.

¿Quién es Ramiro de Maeztu?

Ramiro de Maeztu y Whitney nace en 1874 en Vitoria, de padre español y madre inglesa.

Pasa parte de su juventud en París y en La Habana dedicado a oficios diversos, hasta que se inicia en el periodismo. Autodidacta y de ideas combativas, se traslada a Madrid en 1897 y comienza una colaboración importante con distintos periódicos y revistas. En esos años también da inicio a su amistad con regeneracionistas e intelectuales, en especial con Azorín y Baroja, con quienes formó el llamado «Grupo de los Tres» y fue un exponente destacado de la llamada Generación del 98.

En 1905 marcha como corresponsal a Londres para La Correspondencia de España, Nuevo Mundo y Heraldo de Madrid. Viajó por Francia y Alemania y fue corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial. En 1916 se casa con la inglesa Alice Mabel Hill —con quien tuvo a su único hijo, Juan Manuel— y vive una gran transformación espiritual.

En 1928 es destinado como embajador en Argentina, cargo que ejerce hasta 1931. Fue diputado monárquico —por Guipúzcoa— en las Cortes republicanas, por el partido Renovación Española, en las elecciones de noviembre de 1933. En julio del 36, el Alzamiento militar le sorprende en Madrid, donde sería detenido arbitrariamente por un grupo de milicianos republicanos el 31 de julio de 1936. Internado en la cárcel de Ventas, fue fusilado, sin juicio previo, en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936, víctima de una de las sacas (traslados y ejecuciones sumarias de presos) que ocurrieron durante la Guerra Civil. Sus últimas palabras, antes de ser fusilado fueron: «¡Vosotros no sabéis por qué me matáis! ¡Yo sí sé por qué muero: porque vuestros hijos sean mejores que vosotros!», dirigiéndose a quienes se disponían a matarle.

Su libro: Defensa de la hispanidad

Maeztu, colaborador de la revista Acción Española, escribió una serie de artículos desde 1931, recopilados luego en Defensa de la Hispanidad (1934). Podríamos resumir la obra en tres grandes líneas de pensamiento:

    1. Maeztu defiende el «papel determinante que ha tenido España en la Historia Universal» y la necesidad de recuperar ese orgullo. Para Ramiro Maeztu el gran problema de la España de su tiempo era, como hoy, no la economía, sino la política, el Estado y la educación. «La gran crisis de España ha venido por haber abandonado las raíces cristianas» sin las cuales la historia real de España ni tiene sentido ni es comprensible.
    2. Defiende la tradición (del latín «traditio», conjunto de bienes culturales que se transmite de generación en generación dentro de una comunidad), como el camino para encontrar las claves del futuro y «defiende la monarquía hispánica, a la que atribuye la cualidad fundamental de ser católica (universal), misionera, mestiza e igualitarista». Maeztu proclama las bondades del imperio hispano frente a las naciones del resto de Europa, que fueron a América, África y Asia con ánimo explotador y actitud racista; creyéndose intrínsecamente superiores por ser temporalmente más poderosas. «El mestizaje biológico y cultural del mundo hispano, desde luego, no se ha reproducido en otros imperios».
    3. Su idea de la renovación social y política tiene como base el respeto al hombre (concepto de Estado con base en el humanismo, el Derecho y la justicia basados en la verdad moral y objetiva…). Así, critica tanto al comunismo como al liberalismo, que han convertido el trabajo en una actividad fisiológica, no espiritual.
    4. Denuncia «los males que la demagogia genera en los regímenes políticos y que los sufren los ciudadanos», a quienes debería proteger el Estado.

Defensa de la Hispanidad fue elogiada por personajes tan variados como Azorín, Josep Pla, Ortega y Gasset, Gabriela Mistral, Antonio Machado, Eugenio D’Ors o Pérez de Ayala. Por todo ello, Defensa de la Hispanidad es un ensayo de lectura muy recomendable para cualquier persona interesada en el devenir histórico y el conocimiento de las raíces y esencias de España.