Toma y lee

B. A. Lewis

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B. A. Lewis
B. A. Lewis

La lectura, fuente de conversiones. Desde la narrada por el propio san Agustín en sus Confesiones tras escuchar aquel «Toma y lee» recitado por un niño, hasta (por ejemplo) la de Edith Stein tras la lectura íntegra de la Vida de santa Teresa de Jesús en una noche estival de 1921.

En este ecuador del estío, en que las vacaciones nos permiten momentos prolongados de serenidad, desde Estar —y con el presente artículo— os animamos a escoger un buen libro y saborear su lectura permitiendo que penetre en el alma y fortaleciendo así nuestra espiritualidad.

En junio de 2021 la revista digital chnetwork.org publicó un artículo de B. A. Lewis, residente de Washington DC, en el que narraba pormenorizadamente su conversión a la Iglesia católica. Trataré de resumirlo ayudándome de las mismas etapas que marcaron el proceso de su conversión.

Primera etapa: Empezando a ser objetivo e imparcial con la Iglesia católica

Aunque Lewis nació y creció en el seno de la iglesia metodista, la lectura a sus catorce años del libro Mero cristianismo, del apologista anglicano C.S. Lewis, le supuso un fuerte impacto. Leamos su testimonio al respecto:

Leer ese libro cambió mi vida. Fue como abrir una puerta a un mundo completamente nuevo. Fue el primer libro que leí que me hizo pensar seriamente en mi fe cristiana, pensar en ella no solo como algo bueno y verdadero, sino como la única explicación (entre todas las filosofías y religiones del mundo) que realmente lo explica todo. Fue mi introducción a la apologética, a la filosofía y al argumento racional. Me enganchó. Me encantó la profundidad simple del estilo de Lewis, su habilidad para tomar conceptos complejos y explicarlos en un lenguaje cotidiano. Empecé a leer todos los libros de C. S. Lewis que pude encontrar: Las cartas del diablo a su sobrino, El problema del dolor, así como sus colecciones de ensayos y sermones. C. S. Lewis se convirtió en mi autor favorito indiscutible.

Y un año después fue su propio padre quien le hizo conocer un nuevo autor: G. K. Chesterton, precisamente con su obra Ortodoxia. Tras su lectura —y entusiasmado con este autor— fue leyendo sus distintas obras. Descubrió así que, ya en edad adulta, Chesterton se había convertido al catolicismo, y comenzó a interesarse por esta Iglesia.

Y ya en su etapa de Secundaria las lecturas de libros de los primeros Padres de la Iglesia (S. Agustín, S. Atanasio…) o de autores medievales como Sto. Tomás de Aquino o S. Anselmo, fue incrementando sus conocimientos sobre la fe. Se encontraba en un centro escolar metodista, con frecuentes críticas a la Iglesia católica, pero (escribe):

Tenía una sensación cada vez mayor de que la Iglesia católica frecuentemente era malinterpretada y tergiversada por sus oponentes. Todavía no estaba listo para aceptar las afirmaciones de la Iglesia católica, pero comenzaba a tener serias dudas sobre los argumentos en contra de dichas críticas.

Segunda etapa: Descubriendo la Iglesia católica

Año 2003, B. A. Lewis ingresa en la Universidad Asbury (en Kentucky). Ahora cuenta con una gran biblioteca a su disposición. Se enteró de que dicha biblioteca ofertaba a precio reducido la Enciclopedia católica, obra de 19 volúmenes. Le supuso un sacrificio por sus escasos recursos, pero no dudó en adquirirla. Y así, «durante los siguientes cuatro años estuvo en el respaldo de mi escritorio, en mi habitación de la universidad. Cada vez que tenía una pregunta sobre alguna enseñanza o práctica católica, sacaba un volumen del estante y empezaba a leer».

Y no le faltaron ocasiones de confrontar con los compañeros sus opiniones teológicas.

Desde el purgatorio hasta los santos, pasando por el discernimiento de la voluntad de Dios, hubo numerosas preguntas que mis amigos y yo discutimos y debatimos. La confrontación con personas de diferentes tradiciones teológicas me ayudó a comprender mejor la mía, y me llevó a ver qué respuestas ofrecía la Iglesia católica.

En este punto de mi viaje, había ido mucho más allá de ser simplemente justo o leal con la Iglesia católica. Ahora me estaba encariñando bastante con ella, descubriendo que era verdadera, no sólo ocasionalmente, sino regularmente. De hecho, la Iglesia estaba demostrando ser una fuente confiable de sabiduría y verdad. Estaba bien encaminado para responder la pregunta: «¿Debería convertirme en católico?». La pregunta ahora era urgente, y mi respuesta era inminente.

Tercera etapa: El paso final

En el otoño de mi tercer año de universidad, comencé a asistir a clases de RICA (Rito de iniciación cristiana para adultos) en la iglesia católica San Lucas, y empecé a asistir a misa todos los domingos de octubre. También decidí unirme al coro de la parroquia. Fue un intento de sumergirme en la vida de la Iglesia católica para ver si la experiencia personal confirmaría mis estudios en privado. Estaba poniendo a prueba todas mis lecturas y argumentaciones. ¿Era realmente la Iglesia católica lo que Chesterton decía que era? ¿Coincidía mi experiencia en una parroquia católica real con lo que había leído en Agustín, Anselmo, Tomás de Aquino y varios otros libros de apologética católica? ¿Veía la Iglesia católica desde dentro como lo hacía desde afuera?

Reconozco que en todo este proceso iba teniendo una conciencia creciente de ser guiado providencialmente hacia mi decisión final. Mi educación metodista me animó a buscar la mano de Dios obrando en mi vida y a seguirlo con confianza. Ahora podía ver lo suficiente de la trayectoria pasada de mi vida para saber qué decisión actual necesitaba tomar, incluso aunque no pudiera predecir el resultado futuro. En la Vigilia Pascual de 2006, cuando estaba en el tercer año de la universidad, fui confirmado y recibido en la Iglesia católica.

He hecho muchos amigos católicos y he encontrado en la Iglesia católica ejemplos inspiradores de fe, esperanza y amor. He crecido en mi fe católica y he encontrado fervor y ternura en las devociones católicas. Me alimento de la palabra y de los sacramentos. Dios ha sido inmensamente bueno conmigo. Mi corazón está lleno.

B. A. Lewis y su esposa viven actualmente con sus tres hijos cerca de Washington, DC, donde el Dr. Lewis trabaja como director de Servicios de Traducción para la Comisión Internacional del inglés en la Liturgia (ICEL).

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