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25º aniversario de la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles

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25º aniversario de la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles
25º aniversario de la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles

Por Félix González-Mohíno Bartolomé

El 1 de diciembre de 1999 nacía oficialmente la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles. El arzobispo de Toledo, cardenal Francisco Álvarez Martínez, primado de España, erigía canónicamente una asociación sacerdotal diocesana que venía gestándose desde hacía al menos diez años en la Cruzada-Milicia de Santa María, obra apostólica del venerable P. Tomás Morales S.I.

Un extenso artículo de esta revista Estar de diciembre de 2000 (n.º 157), al que me remito, ilustra abundantemente acerca de sus orígenes, con testimonios de algunos de los que iniciábamos el camino. Ahora basta recordar el origen de Santa María de los Apóstoles tan solo con unas breves pinceladas.

En la década de los 80, numerosas vocaciones sacerdotales florecían en el campo fecundo de la Milicia de Santa María. Un sacerdote de la Cruzada, el padre Emiliano Manso, tuvo mucho que ver en ello. Con su rica personalidad sacerdotal despertaba y acompañaba diligentemente las semillas de llamada que el Espíritu ponía en corazones jóvenes. En el año 1989, el P. Tomás Morales encomendó al P. Emiliano Manso la tarea de unificar y acompañar ese grupo de vocaciones sacerdotales que habían nacido en la Milicia y que, de hecho, se sentían ya vinculadas estrechamente a él. Entre ellos había seminaristas que se formaban en diversos seminarios diocesanos de España, otros eran militantes que se preparaban para ingresar en el Seminario, y había incluso un sacerdote recién ordenado. Pronto, dos más llegarían a la meta del sacerdocio. Los encuentros que tuvimos con el P. Morales en 1990 y 1991 quedaron marcados en nuestros corazones, en los que nos confortaba con la confianza en Dios para el camino emprendido repitiendo, con el salmo 15, protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti.

El P. Emiliano Manso guiaba la navecilla del incipiente grupo sacerdotal como experto y sabio capitán y, al mismo tiempo, sin violencia ni imposición alguna, suscitaba en nosotros ideas y proyectos concretos para plasmar el ideal sacerdotal al que nos llamaba. Nos reuníamos todos en las convivencias trimestrales, a las que pronto se sumaron encuentros mensuales de los ya sacerdotes. En 1995 tuvimos nuestra primera tanda de ejercicios para sacerdotes dirigidos por el P. Emiliano Manso, que se irían sucediendo ininterrumpidamente hasta hoy.

En 1997 éramos ya seis los sacerdotes. Había ido apareciendo en nosotros, nítido, el ideal: unirnos como sacerdotes y aspirantes al sacerdocio para conservar la herencia espiritual recibida del P. Morales en la Milicia de Santa María y vivir nuestra vocación en el espíritu sacerdotal que el P. Emiliano Manso había sembrado en nosotros. Era ya preciso acudir a la Iglesia para que diera su juicio y aprobación acerca de nuestro proyecto. Nos dirigimos al arzobispo de Toledo, pues la archidiócesis primada era a la que pertenecíamos el número mayor de los seminaristas y sacerdotes. El cardenal Francisco Álvarez nos acogió paternalmente y el 1 de diciembre de 1999 erigía canónicamente la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles.

Han pasado desde entonces veinticinco años. El pasado 1 de diciembre de 2024 celebramos este aniversario con la santa Misa de acción de gracias en el Hogar Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles, situado a las afueras de Toledo, acompañados por el P. Emiliano Manso y el pleno de los sacerdotes cruzados, por una representación de los Cruzados en nombre de su director general, D. José Luis Acebes, y por la directora general de las Cruzadas, Dña. Lydia Jiménez, además de familiares y amigos.

En el nombre que habíamos elegido, están sintetizadas la notas que definen la identidad de la Sociedad Sacerdotal de Santa María de los Apóstoles.

Una sociedad sacerdotal, encuadrada jurídicamente entre las asociaciones de fieles de sacerdotes, recomendadas por la Iglesia para fomentar la santidad y fraternidad sacerdotal de sus miembros, como enseña el Concilio Vaticano II: «También han de estimarse grandemente y ser diligentemente promovidas aquellas asociaciones que, con estatutos reconocidos por la competente autoridad eclesiástica, fomenten la santidad de los sacerdotes en el ejercicio del ministerio por medio de una adecuada ordenación de la vida, convenientemente aprobada, y por la fraternal ayuda, y de este modo intentan prestar un servicio a todo el orden de los presbíteros» (Decr. Presbyterorum ordinis, 8).

De Santa María, porque es toda de María, como la Cruzada-Milicia, tronco espiritual en el que ha brotado. Como sacerdotes, contemplamos, amamos e invocamos a la Virgen Inmaculada, como Reina y Madre nuestra, ella que es la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, la Reina y Madre de los Apóstoles.

De los Apóstoles. Como sacerdotes participamos en el grado de presbíteros del ministerio de los apóstoles, llamados y enviados por Cristo Sumo Sacerdote para hacerle presente en el mundo: «Mediante el sacerdocio del Obispo, el sacerdocio de segundo orden se incorpora a la estructura apostólica de la Iglesia. Así el presbítero, como los apóstoles, hace de embajador de Cristo» (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 16). En consecuencia, por el sacramento del orden que nos asocia al ministerio apostólico, somos llamados también a participar en el estilo de vida de los apóstoles, la apostolica vivendi forma, de manera que en ellos reconocemos los modelos originales de santidad sacerdotal a los que nos proponemos imitar mediante la vivencia de los consejos evangélicos, que «el sacerdote está llamado a vivirlos según el estilo, es más, según las finalidades y el significado original que nacen de la identidad propia del presbítero y la expresan» (Juan Pablo II, ibid. 30).

Como sociedad sacerdotal, Santa María de los Apóstoles sirve pues a ese fin primordial: fomentar y cultivar la santidad propia del sacerdote, que tiene su fuente en la ordenación sagrada que nos ha configurado con Cristo Sacerdote, y el modelo en los apóstoles, los perfectos imitadores de Cristo Pastor, como nos exhorta san Pablo: «Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo» (1 Cor 11,1).

Al cabo de estos veinticinco años transcurridos, surge en nuestros corazones la alabanza y acción de gracias a Dios por sus misericordias y a la Virgen Inmaculada, verdadera Reina y Madre nuestra. Esa acción de gracias se extiende en primer lugar al P. Emiliano Manso, que ha ido plasmando paciente y sabiamente durante estos veinticinco años el ideal sacerdotal que constituye el núcleo vital de nuestra sociedad sacerdotal, la conciencia cada vez más viva de la vocación que hemos recibido a participar, no sólo del ministerio, sino también de la vida propia de los apóstoles. Como sacerdote cruzado, él es el vínculo principal que nos ha mantenido unidos espiritualmente a la Cruzada y a la herencia espiritual del venerable P. Tomás Morales S.I. que recibimos de ella. Así pues, también a la Cruzada, cruzados y cruzadas de Santa María, nuestro más hondo y sincero agradecimiento.

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