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Testimonios de jornadas de Semana Santa de la Milicia de Santa María en Lima y Arequipa

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Foto de grupo de los jóvenes militantes de la Milicia de Santa María en Arequipa, Perú, durante las jornadas de Semana Santa
Militantes de la Milicia de Santa María en Arequipa (Perú) durante las jornadas de Semana Santa.

Por Eder Falcón

Días entrañables acompañando al Señor en su pasión, muerte y resurrección. En Lima y Arequipa los jóvenes de la Milicia de Santa María han vibrado viviendo en profundidad el misterio más grande de nuestra fe, en un ambiente de amistad y familia, poniendo en práctica el texto evangélico: «Hay más alegría en dar que en recibir», dando lo mejor de cada uno a los demás. Estos son algunos testimonios:

Jornadas de Semana Santa en Lima (Chaclacayo)

Me llamo Erick Sender y tengo 15 años. Esta Semana Santa no fue como cualquier otra. Desde el inicio, el viaje ya prometía algo distinto: iba en coche con mis amigos, riendo, jugando y disfrutando cada momento de la carretera como si el destino fuera lo de menos. Al llegar, todo fue mejor de lo que imaginaba. Nos hospedamos en la casa de las hermanas oblatas del Niño Jesús, donde no solo nos recibieron con mucha calidez, sino también con una comida abundante, casera y llena de su cariño.

Durante los días en Chaclacayo, tuvimos de todo. Hicimos deporte, compartimos risas y también momentos más profundos. Hicimos bincas, actividad que parece simple, pero que te acerca mucho más a las personas. También hubo espacios de reflexión. Las asambleas y los videos sobre la Semana Santa nos hicieron detenernos y pensar, algo que a veces evitamos en la rutina diaria. Pero, sin duda, uno de los momentos que más me marcó fue conocer al padre Agustín, un sacerdote que celebró la misa de resurrección el domingo y que cambió completamente mi forma de ver la Iglesia. No fue solo lo que dijo, sino cómo lo transmitió: cercano, real y humano. Los oficios fueron otro punto fuerte. No solo asistíamos, sino que participábamos activamente, tocando y cantando junto a muchas personas. Fue una experiencia distinta, más viva, más conectada. Y, por si fuera poco, también estuvimos en una casa grande y bonita, donde compartíamos habitaciones entre dos o tres amigos. Eso hizo que todo se sintiera aún más como una convivencia real, llena de momentos espontáneos y conversaciones que se quedan. Al final, más que un viaje, fue una experiencia que me dejó pensando, sintiendo y valorando muchas cosas. No solo disfruté, también crecí. Y eso es algo que no pasa en cualquier Semana Santa.

Mi nombre es Josué Araujo, tengo 18 años, y podría resumir mi experiencia con la frase ignaciana: «Todo a la mayor gloria de Dios». Frase que va a enmarcar todo lo que significó esta Semana Santa 2026, ofreciendo muchos aspectos de mi vida y colocarlos juntos a la cruz del Señor. Se me dio la oportunidad por primera vez de ser el jefe de las Jornadas y, aunque no es nada fácil, fue mi forma de entregarme a la voluntad de Dios. Entiendo ahora que los sufrimientos que atravesamos dejan de serlo cuando le encontramos un sentido y ese sentido es Dios. Es él quien vive en mí y en cada buena acción que realizamos. Finalmente, quiero destacar la familiaridad entre todos los que participamos ya que me ayudó a acercarme a través del amor al prójimo a la gloria de la resurrección que Jesucristo nos enseñó.

Soy Sebastián Prado, tengo 20 años. Fue la primera vez que participaba en una actividad como esta, y fue una experiencia inolvidable, primero por el lugar donde nos quedamos y la acogida de las hermanas oblatas también por los bellos momentos con la gente de la capilla donde participamos de los oficios propios de la Semana Santa, gente sencilla, pero de una profunda fe. También hicimos deporte, como básquet y fútbol, asimismo, apoyamos en el viacrucis que organizó la capilla que me resultó muy enriquecedor. Tampoco puedo negar que, la buena comida y el cariño en el trato, nunca faltaron en la casa donde estábamos. En definitiva, si me preguntaran, volvería a ir a Jornadas sin pensarlo la próxima vez.

Jornadas de Semana Santa en Arequipa (Chiguata)

En Arequipa los militantes nos hospedamos en la casa de retiro de la parroquia de Chiguata que está a cargo del padre Jesús Estofanero, donde pudimos apoyar en la limpieza de la misma casa de retiro y de la Iglesia. Fue en esta comunidad donde participamos de los oficios.

El Jueves Santo, varios de nosotros tuvimos la oportunidad de participar en el lavatorio de los pies, donde entendí que Jesús nos dejó la humildad como una virtud, y que nos queramos tanto hasta el punto de lavarnos los pies los unos a los otros como hizo él.

El Viernes Santo empezamos el día confesándonos, fui de segundo, era mi primera vez confesándome y al confesarme con el padre Jesús y cumplir la penitencia que me había dejado, sentí una paz, entendí que Dios es misericordioso. En este día sentí más el compañerismo que teníamos entre todos. Es el día que estuvieron con nosotros una familia amiga del padre Jesús, la señora Isabela y el hermano Alex. También hicimos deporte, almorzamos en un restaurante y luego el viacrucis, esta fue una de las actividades que más les conmovió a los militantes nuevos. Participamos de los oficios del Viernes Santo, el descendimiento del Señor, y la procesión. Fueron los momentos donde más cerca me sentí de Dios. Al finalizar el día tuvimos una reunión donde cada uno compartió sus experiencias.

El Sábado Santo ayudamos en la limpieza de la parroquia para la vigilia, algo que aprendí al realizar esto fue sobre la voluntad, porque el día anterior fue el día más cansado y lleno de actividades, pero, aun así, todos seguimos cumpliendo y ayudando con alegría.

El Domingo de Resurrección fue la última mañana en Chiguata. En este día aprendí lo importante y bonito que es vivir la Semana Santa ayudando a la gente y sobre todo acercándonos más a Jesús y a su camino por salvarnos.

En resumen, agradezco haber podido vivir esta experiencia, junto a la Milicia y haber hecho nuevos amigos en las convivencias. Muchas gracias (Agustín Huaracha).

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