Abelardo de Armas: Pasión educadora. Evangelizar educando

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Portada del libro Abelardo de Armas: Pasión educadora. Evangelizar educando
Abelardo de Armas: Pasión educadora. Evangelizar educando

En este número de Estar, dedicado a la Iglesia educadora y madre, era obligado hacer detenida mención del libro en el que Abilio de Gregorio lleva a cabo un estudio sistemático acerca de Abelardo de Armas como educador y maestro de vida. Pero esta reseña, por muy obligada que sea, no puede ser más gozosa. Pocas experiencias lectoras pueden ser más oportunas a propósito de este tema que la de asomarse a aquél para contagiarse de la calidez y de la luz —de la vida— que desprende.

En el prólogo, José Luis Acebes afirma con gran acierto que este libro —Pasión educadora…— es «fuego potenciado, fuego elevado al cuadrado», ya que en él «se fusionan la pasión educadora de Abilio de Gregorio y la pasión educadora de Abelardo de Armas […] ¿Y qué ocurre cuando un incendio se encuentra con otro incendio? ¡Se potencian!» (pág. 11).

El punto de partida es aquí la constatación de que el «Abelardo maestro» es primero, y a la vez, discípulo: «su referente más cercano, su mentor, su maestro, su guía espiritual y su confidente: el jesuita Tomás Morales». Ambos coinciden en que el verdadero educador es aquel que transmite vida a quienes le rodean, de quienes saca lo mejor que tienen. Y ambos, distintos pero complementarios, configuran un estilo, un carisma genuino de «santidad educadora».

A Abelardo, «como al P. Morales, y como prácticamente a todos los adalides de la educación cristiana (santa Ángela de Mérici, san José de Calasanz, san Juan Bautista de La Salle, san Juan Bosco…) no podemos catalogarlo como pedagogo. Ante todo son educadores. El pedagogo se mueve preferentemente en el ámbito de las estrategias y de los medios; el maestro en el de los fines. Por eso, el pedagogo tiene seguidores; el maestro, discípulos» (pág. 23).

Contemplativo y maestro de oración, pero consciente de la misión del bautizado en el ámbito secular, Abelardo ofrece una espiritualidad del abandono confiado en la misericordia de Dios, de las manos vacías, del «subir bajando»; una «mística de las miserias» que lleva a la conversión del corazón, imprescindible para acometer la reforma de toda estructura y fundamento de una santidad educadora. La exigencia educativa ha de estar basada y envuelta en el amor.

Educar, se nos dirá, es «completar hombres haciéndolos dueños y guías de sí mismos». Reflexión, responsabilidad, constancia… Pero cuando Abelardo habla de educar, ¿a dónde quiere ir? En sintonía con la más genuina educación católica, lo que busca es el encuentro vivo con Cristo. Pone a la persona en el centro pero es consciente de que «el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (GS, 22).

Mas la clave de la educación será siempre la presencia del maestro, imbuido del amor de Dios, actuando «con la firmeza del padre, la ternura de la madre, el celo del apóstol y la paciencia del santo» (pág. 163); forjador del carácter y, como María, compasivo, fiel en el «hágase» y en el «estar».


Título:   Abelardo de Armas: Pasión educadora. Evangelizar educando
Autor:   Abilio de Gregorio
Edita:    Encuentro, Madrid, 2014.
238 págs.

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