Ante la situación demográfica del mundo: ¿Disminuir puestos a la mesa o distribuir bien los platos?

(Extracto de la Vigilia de la Inmaculada de 1994)

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Foto: Carlos Daniel
Foto: Carlos Daniel

Hace 25 años, Abelardo de Armas, en una de sus últimas intervenciones en una Vigilia de la Inmaculada (la de 1994), hizo un llamamiento a hacer frente a un problema que hoy es una realidad aún más acuciante: el suicidio demográfico del mundo en general y de España en particular. Reproducimos un extracto de dicho llamamiento.


Este año, el lema de la vigilia es «La Virgen, fortaleza de la familia». Está declinando el Año Internacional de la Familia. La idea de dedicar 1994 a la familia no fue una idea de la Iglesia, sino de la ONU. Finaliza ahora este año, y se ha celebrado en El Cairo una conferencia mundial, promovida por el Fondo internacional para el desarrollo de la Familia, en la que —paradojas de la vida— se ha tratado de disminuir la familia, la gran familia humana, que no llegará al año 2000 con los miles de millones que corresponderían: unos diez mil millones de habitantes en la tierra (desde hace tiempo viene diciendo el Banco Mundial que esta era la cifra prevista para el año 2000*). Pues bien, se pretende disminuir esa gran familia humana en un tercio por lo menos.

Y en aquella asamblea en El Cairo, el más pequeño de los estados del mundo, el Estado Vaticano, se enfrentó a todo esto. El portavoz del papa se enfrentó a tal pretensión, y otros estados se adhirieron. Aquello resulta una lucha impresionante cuyas consecuencias todavía no se saben: el Vaticano, como David frente a Goliat, pero que va en el nombre del Señor. Decía David: «Tú vienes a mí con yelmo y escudo, pero yo voy a ti en el nombre del Señor». Al menos no avanza el proyecto que el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Familia quería introducir a escala universal. ¿Por qué este creer que vamos a arreglar la situación del mundo disminuyendo puestos a la mesa, cuando esa mesa tiene alimentos para todos y lo único que hay que hacer es distribuir bien los platos? ¿Por qué este empeño en legalizar lo ilegalizable?

La primera muerte del mundo es la de un hermano que mata a otro hermano. Cuando Caín ha matado a Abel, tapa la sangre de su hermano con tierra y la voz de Dios le dice: «Caín, el clamor de la sangre de tu hermano llega hasta mí». Hoy los delitos de sangre se tapan con letras. Y es triste tener que decir estas cosas, pero son reales.

Ayer celebramos el Día de la Constitución. Con tal motivo, las emisoras de radio metían eslóganes de nuestra Constitución, y algunos decían: «Todo español tiene los mismos derechos ante nuestra Constitución; gozará de los mismos derechos». Pues no señor, eso no se cumple. ¿Por qué razón? Porque mientras un niño pierda la vida en el seno de su madre, engendrado en España, hijo de padres españoles, ese es un español al que se le ha quitado no parte de la vida, sino toda la vida.


* En 1994, la población mundial era de cinco mil cuatrocientos millones de personas, mientras que en el 2000 era de seis mil setenta millones. En la actualidad somos siete mil setecientos millones los habitantes del planeta.