Apoteosis de santo Tomás de Aquino

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Por Equipo pedagógico Ágora

La Apoteosis de santo Tomás es un cuadro de Francisco de Zurbarán, que actualmente se expone en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Óleo sobre lienzo pintado en 1631 y de grandes dimensiones: 486 x 385 cm es el mayor y el más complejo de su autor.

La obra estaba destinada al retablo del altar mayor del colegio de Santo Tomás, en Sevilla, fundado en 1516 por fray Diego de Deza. En 1835 pasó a formar parte del museo sevillano debido a la secularización del colegio, fruto de la expropiación realizada por Mendizábal.

La etimología de «apoteosis» indica que significa «proceso de conversión en Dios». Santo Tomás aparece como cumbre en la que se sintetizan la sabiduría y la santidad como referente para maestros y estudiantes del colegio. El retrato que ofrece de santo Tomás es humano y al mismo tiempo elegante, espiritual, muy en consonancia con su misma doctrina, en la que la razón y la fe se distinguen y compenetran, al igual que la gracia no anula la naturaleza, sino que la supone y perfecciona.

No hacía mucho tiempo que san Pío V había nombrado a santo Tomás doctor de la Iglesia. Aparece rodeado por los padres de la Iglesia de Occidente y personifica el amor a la verdad, venida de Dios mismo. Aunque sea el protagonista, no es su talento lo que se exalta, sino la iluminación del Espíritu Santo.

El programa iconográfico consta de una parte inferior y de un enorme rompimiento de gloria (separación del plano espiritual sobre el mundo terrenal mediante una ficción de perspectiva) con un fondo de nubes de tonalidades azules y doradas dividido a su vez en dos niveles. El inferior —núcleo de la obra— está centrado en la prominente figura de santo Tomás, quien eleva la mirada al cielo, mientras escribe la Suma teológica. A la derecha aparecen san Ambrosio y san Gregorio, y a la izquierda san Jerónimo y san Agustín.

Un detalle significativo en la figura del doctor angélico es la posición de la mano que mantiene la pluma: parece más la mano del pintor que sostiene el pincel que la del escritor a punto de iniciar su manuscrito. Además de hacer elegante la figura protagonista, sugiere una identificación del pintor con su personaje.

En el nivel superior aparece el Espíritu Santo, de quien parten unos rayos inspirando la Suma teológica. Sentados a su izquierda, se representa a Cristo y a María, mientras que san Pablo y santo Domingo figuran en la parte derecha. En la zona inferior aparecen ocho personajes, entre ellos fray Diego de Deza y el emperador Carlos.

El estilo de Zurbarán destaca por la nitidez de sus figuras. Se distingue también por la sutileza de su luz, que genera una atmósfera inconfundible. Él fue creyente y artista de su tiempo, participó de las preocupaciones religiosas de España. Más preocupado de valorar lo propio que de agraviar lo ajeno, refleja de manera limpia y serena el ímpetu de la espiritualidad y la reforma católica.

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