Una vida de fe hecha literatura

Flannery O´Connor

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Cuentos de Flannery
Cuentos de Flannery

Mary Flannery O´Connor (1925-1964) fue una escritora norteamericana, católica (rara avis en el ambiente en que se desenvolvió su vida) y que nunca ocultó su fe, la cual subyace en todas sus obras. Escasas, dado que apenas vivió 39 años (escribió dos novelas y 31 relatos, más algunos ensayos), son consideradas de las más importantes de la literatura estadounidense del siglo veinte, lo que la sitúa a la altura de los escritores cristianos como Chesterton, C. S. Lewis, Evelyn Waugh, Graham Greene, Tolkien o François Mauriac.

Puso su genio femenino de profunda observadora de la realidad al servicio de la fe desde la literatura.

Vivió casi toda su vida en el estado de Georgia, el profundo sur (Deep South), donde se concentra el mayor índice de pobreza, analfabetismo, prejuicios racistas y fanatismo religioso de toda la nación, ambiente que ella refleja en sus obras. No es de extrañar, pues, la descripción que en confidencia hace a un amigo del ambiente religioso que la rodea: «La religión del Sur es una religión de “hágase usted mismo su propia religión”, cosa que yo, como católica, encuentro doloroso, chocante y severamente cómico. Es una religión llena de inconsciente orgullo que le hace caer en toda clase de ridículas predicaciones. Los protestantes no tienen nada con qué corregir sus herejías prácticas y, por eso, las solucionan dramáticamente».

La enfermedad de su padre en 1938 de un mal autoinmune (el lupus eritematoso), que lo llevaría a la tumba tres años más tarde, supuso un golpe muy fuerte para ella, pues Mary (contaba 15 años) adoraba a su progenitor. Años más tarde ella misma desarrollaría la enfermedad paterna.

Tras completar estudios secundarios, se inscribió en una universidad en Milledgville, donde adquirió un grado en ciencias sociales y comenzó sus primeras tentativas con la escritura. En 1946, con 21 años, se matriculó en el Taller de Escritores de Iowa, una prestigiosa escuela de escritura encuadrada dentro de la Universidad de Iowa. Allí presentó sus primeros cuentos como tesis de fin de máster. Si bien su primera intención fue la de dedicarse a la caricatura periodística (de ahí sus tempranas Tiras cómicas), enseguida descubrió que su verdadera vocación era la literatura. A ella dedicó el resto de su vida.

En 1949, durante el viaje de vuelta al hogar para pasar la Navidad, le sobrevino el primer ataque de la enfermedad congénita, el lupus. Tenía 24 años. Su vida sufrirá un vuelco tan radical como el de sus historias. Tras algunas estancias en hospitales y consciente de la gravedad de su enfermedad, O’Connor renunció a la vida mundana y, en 1951, se retiró junto a su madre a la granja familiar, llamada «Andalusia», en las afueras de Milledgville, donde transcurrió el resto de su existencia dedicada a la escritura, las lecturas espirituales y el cuidado de las aves exóticas de la granja, especialmente sus pavos reales.

A pesar de verse obligada a caminar con la ayuda de muletas, pudo en 1958 realizar un viaje a Europa con etapas en Barcelona, Lourdes y Roma, donde visitó al papa Pío XII.

Durante su larga enfermedad, O’Connor sustituyó las relaciones humanas y amorosas por la religión, la literatura (su otra pasión) y una abundante correspondencia con otros escritores y amigos. Incluso en los últimos años de su vida escribió también numerosas reseñas de libros de teología para publicaciones católicas.

Escribió casi hasta el final de sus días. Su último relato (El día del Juicio Final, una versión ampliada del primero que escribió, El geranio), terminó de corregirlo poco antes de su muerte en agosto de 1964, escondiéndolo bajo la almohada de su cama de hospital para burlar la prohibición de los médicos.

La lectura de sus escritos nos ayudará a conocer más en profundidad la persona y espíritu de Flannery. Por suerte, no son pocas las obras de ella traducidas y editadas en castellano. En Ediciones Encuentro encontramos los siguientes títulos: El negro artificial y otros escritos, Diario de oración y Misterios y maneras. Este último es un ensayo en el que la autora combina brillantemente la realidad cotidiana (Maneras) con el sentido último de la realidad (Misterios).

Tiras cómicas está publicado en la Editorial Nórdica Libros. Esta faceta de Flannery como creadora de viñetas surgió en ella tempranamente, por los años 40. Las publicaba en las revistas de su Instituto o de la Universidad, y satirizaban frecuentemente la frívola vida estudiantil que a veces encontraba a su alrededor.

La editorial Lumen, por su parte, publicó Cuentos completos, volumen que recoge todos los relatos de Flannery, tanto los que se dieron a conocer en vida de su autora como los que dejó inéditos. Sus 31 cuentos constituyen (más que sus novelas) su verdadera y más valiosa contribución a la literatura.

Esta última editorial, con el título de Novelas publicó las dos de dicha autora: Sangre sabia, (editada en 1952, que cuenta la historia de Hazel Motes, quien, tras servir en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, regresa al evangélico y profundo sur de Estados Unidos, donde iniciará una guerra privada contra la artificial religiosidad de los lugareños) y Los violentos lo arrebatan (en la que el huérfano Francis Marion Tarwater y su sobrino desafían la profecía según la cual Tarwater se convertiría en auténtico profeta).

Como obra también muy temprana, señalamos su Diario de oración. Lo escribió entre enero de 1946 y septiembre de 1947, cuando contaba 21 años. Podríamos clasificarlo como de género epistolar, pues son una serie de cartas dirigidas a Dios.

Flannery O´Connor es aún hoy, una de las mejores representantes del gótico sureño norteamericano, uno de los subgéneros literarios más característicos, complejos e influyentes de Estados Unidos. De hecho, Flannery influye en premios nobel como Alice Munro y Gabriel García Márquez entre otros. En 1972 recibió el National Book Award (Premio nacional del libro) como homenaje al conjunto de su obra.

Tenía dos grandes pasiones: Dios y la literatura y en ella subyace el deseo de defenderse frente a aquellos que hablaban de la irracionalidad de su fe. En un momento determinado escribe: «Oh Señor, hazme mística ya».

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