En el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús (1919/2019)

56
Corazón de Jesús del cerro de los Ángeles
Corazón de Jesús del cerro de los Ángeles

Por Víctor Javier Castaño Moraga y Julián Lozano López

El reciente 30 de mayo se han cumplido 100 años de la consagración de España al Corazón de Jesús que hiciera el rey Alfonso XIII en el monumento que se inauguró a tal efecto en el Cerro de los Ángeles, en Getafe (Madrid). La diócesis de Getafe se prepara para recibir a toda la Iglesia de España en un acto público de renovación de esta consagración el próximo 30 de junio a las 10 horas, en el mismo Cerro de los Ángeles.

Con este motivo, el papa Francisco ha otorgado un año jubilar con su correspondiente indulgencia plenaria desde el 2 de diciembre de 2018 hasta el 24 de noviembre de 2019 que se puede ganar, según las condiciones habituales, peregrinando al monumento.

El Corazón de Jesús, corazón de la Iglesia

El papa Francisco nos recuerda, con frecuencia, la importancia de acudir al Corazón de Jesús. En el primer año de su pontificado se expresó ya sobre el papel central que tiene en la vida del cristiano: «La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad» (9 de junio de 2013).

Benedicto XVI dijo que «este misterio del amor que Dios nos tiene no solo constituye el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el cristianismo. En efecto, solo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la cruz de nuestro Redentor, “al que traspasaron” (Jn 19,37; cf. Zc 12,10)» (Carta al prepósito general de la Compañía de Jesús en el 50 aniversario de la Haurietis aquas. 15 de mayo de 2006).

Todos los papas del siglo XX y XXI han hablado del Corazón de Jesús como el centro mismo del cristianismo: el amor infinito, eterno y misericordioso de Dios al hombre. Este amor debe ser conocido, adorado, contemplado…, debe estar en el centro de la vida de la Iglesia. Es la fuente de la que se debe beber, el alimento del que vive todo cristiano. Nuestra misión, en resumen, es llevar a todo el mundo este amor: conocerlo, experimentarlo, anunciarlo. La Iglesia, y cada cristiano, es lo que debe ser cuando vive centrada en mirar al traspasado o beber de su costado abierto en expresiones tomadas del evangelista san Juan. Un buen resumen de toda esta doctrina pontificia puede encontrarse en un documento de san Juan Pablo II titulado Cristianismo, religión del amor, publicado el 11 de junio de 1999 con motivo del centenario de la consagración del género humano al Corazón de Jesús, que realizó León XIII en 1899.

¿Consagrarse al Corazón de Jesús?

La consagración al Corazón de Jesús es la respuesta del cristiano al amor que Dios le ha mostrado. Santa Margarita María de Alacoque, religiosa francesa de la Visitación, del monasterio de Paray-le-Monial, y su director espiritual, el jesuita san Claudio de la Colombière fueron los primeros promotores de esta práctica, que se extendió por toda la Iglesia tanto en su dimensión personal como colectiva. Porque Cristo nos ama de verdad y del todo, desea que seamos completamente suyos.

Las revelaciones del Corazón de Jesús a santa Margarita tuvieron, con el tiempo, una fuerte acogida en el magisterio pontificio. El mismo León XIII dijo en una audiencia al obispo de Lieja Doutrioux: «Voy a realizar el acto más grandioso de mi pontificado» para referirse a la consagración del género humano al Corazón de Jesús.

¿Se puede consagrar un colectivo al Corazón de Jesús?

La consagración de León XIII fue el colofón de un recorrido. Las consagraciones colectivas siempre han sido cuestionadas: ¿cómo se puede consagrar un colectivo si hay miembros que no se suman o se oponen? ¿No será más bien consagración de los miembros de la Iglesia? Cuando el papa Pío IX realizó a instancias de Enrique Ramière el primer intento de consagración del mundo al Corazón de Jesús, utilizó una fórmula que dejaba claro que se trataba de la consagración de los fieles cristianos del mundo, de la Iglesia.

León XIII fue más allá por la influencia de la beata María del Divino Corazón. Fue el cardenal Mazella, inspirándose en santo Tomás de Aquino, el que aportó un fuerte fundamento teológico a la petición de esta religiosa. El razonamiento de Mazella pasó al texto magisterial de la encíclica Annum sacrum. Podemos resumirlo de la siguiente manera: Cristo, por su condición divina posee una autoridad objetiva sobre el género humano. Por tanto, en nombre de Cristo, su vicario, posee autoridad para consagrar al género humano.

Esta idea de la realeza universal de Cristo la retomará Pío XI al instituir la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Pedirá que en esta fiesta se renueve, cada año, la consagración del mundo. Hasta ese momento, la Iglesia renovaba anualmente la consagración en junio, en la Solemnidad del Corazón de Jesús, tal y como lo mandó san Pío X. El Enquiridium indulgenciarum mantiene, hoy, la indulgencia plenaria a los que, en el día de Jesucristo Rey del Universo, recen públicamente la oración de León XIII en un oratorio o iglesia (cf. n. 27).

Consagración: grados y matices

Se trata de un término que admite un amplio abanico de formas, grados y matices. No es lo mismo la consagración bautismal, común a todo cristiano, que lo que llamamos vida consagrada, mediante la profesión de votos u otros vínculos en un instituto de vida consagrada. Hablamos de algo en parte igual y en parte distinto. Cuando hablamos de un objeto que se va a dedicar exclusivamente al culto, también decimos que lo consagramos. Pero también usamos el término al hablar de que los fieles laicos están llamados a consagrar las realidades temporales (cf. LG 34). Aunque a veces se intercambia por el de ordenar las realidades temporales según Cristo (cf. CEC 898).

La oración de León XIII usa el término consagración para los que recitan la oración. Cada uno de ellos «se consagra voluntariamente» al Corazón de Jesús. Y lo evita para el resto del mundo. Distingue por tanto dos situaciones distintas. Los que se confiesan públicamente de Cristo le confían la realidad social completa. El todo, decía Aristóteles, es más que la mera suma de las partes. Se trata de confiar la realidad colectiva a Dios, para que desde su omnipotencia y sabiduría nos cuide y bendiga.

Este planteamiento se ha mantenido en fórmulas como la que utilizó san Juan Pablo II para consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María o la que utilizó Benedicto XVI para consagrar a los jóvenes del mundo al Corazón de Jesús en la JMJ de Madrid 2011. En el fondo es la misma lógica de la oración sacerdotal de Jesús, antes de subir a la cruz, dice: «Yo me consagro por ellos, para que sean ellos también consagrados en la verdad» (Jn 17,19).

Frutos de la consagración

El lema que se ha escogido para este año jubilar es: «Sus heridas nos han curado» (1 Pe 2, 24). El corazón del hombre, herido por el pecado, sana volviéndose a Dios a través del camino, que es Jesucristo. Y como en la cruz, transforma el sufrimiento en un camino a la vida nueva: la de la resurrección. Cristo asume nuestras heridas en su corazón humano para facilitarnos esta vuelta. Esas heridas permanecen en su cuerpo glorioso. Muestra, así, su eterno amor redentor y su cercanía al que sufre en este mundo. Sus heridas, gloriosas, son bendición para nosotros. Este es, en definitiva, el espíritu de toda consagración al Corazón de Jesús: volver al Señor, pues la puerta está abierta, permanecer en él para ser bendecidos.

Son muchos los beneficios que la tradición espiritual de la Iglesia atribuye a la consagración. España fue el sexto país del mundo en hacerlo. El primero fue Ecuador. Cuando el papa Francisco visitó este país dedicó unas palabras muy bellas que podemos aplicar bien a cualquier país consagrado al Corazón de Jesús. Los frutos espirituales «de piedad, de profundidad, vienen de haber tenido la valentía —porque fueron momentos muy difíciles—, la valentía de consagrar la nación al Corazón de Cristo, ese Corazón divino y humano que nos quiere tanto, y yo lo noto un poco con eso: divino y humano… No olviden: esa consagración es un hito en la historia del pueblo… y de esa consagración siento como que le viene esa gracia que tienen ustedes, esa piedad, esa cosa que los hace distintos» (8 de julio de 2015).

Seguir y conseguir la «corazonada»

Nos gusta este término y el concepto que encierra. Por eso hemos titulado así el boletín mensual que recorre la historia de la consagración de España al Corazón de Jesús y que está disponible en corazondecristo.org. También es el nombre de la acreditación que recibe cada peregrino —previa solicitud— cuando culmina su itinerario jubilar en el Cerro de los Ángeles. Pero, por encima de todo, es que tenemos la corazonada de que no hay nada mejor que le pueda pasar a España, y a cuantos vivimos en esta gran nación, que volver la mirada a Cristo, y corresponder con totalidad al que con totalidad se nos entrega.

Este es nuestro deseo para el año jubilar del centenario: que miles de hermanos, hasta el próximo 24 de noviembre —solemnidad de Cristo Rey— acudan al Cerro como peregrinos; recorran el itinerario preparado para ellos; pidan ayuda e inspiración a santa Maravillas de Jesús en el primer Carmelo fundado por ella; eleven una oración a Nuestra Señora de los Ángeles —patrona de la ciudad y de la diócesis de Getafe— que vela por el santuario desde la ermita que lleva su nombre; oren en la terraza ante el imponente monumento y sus cuerpos escultóricos; conozcan en la exposición histórico-artística los grandes difusores de este mensaje central para la fe católica; crucen la puerta santa con la intención de entrar en el pecho del Señor, con arrepentimiento y deseo de conversión. Y en ese momento y lugar, o en sus hogares con sus familias, o en sus parroquias y movimientos junto a sus hermanos de comunidad, tomen la determinada determinación de realizar o renovar su consagración al Corazón de Jesús y llevar ese amor hasta los últimos rincones de España. Entonces, el centenario habrá cumplido su objetivo, habrá merecido la pena todo el esfuerzo organizativo, y con el Señor, seguro, lo mejor estará por llegar.

Víctor Javier Castaño Moraga
Comisario para los actos del centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús

Julián Lozano López
Delegado de MCS. Diócesis de Getafe