Consagración de España al Sagrado Corazón

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Crismón de la catedral de Jaca
Crismón de la catedral de Jaca

¿Qué sentido tiene consagrar hoy España al Sagrado Corazón? Y la respuesta es la que dio monseñor Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, en la apertura del año jubilar en diciembre pasado y que, en forma de entrevista, publicó Alfa y Omega:

«Nuestra celebración no es la añoranza de tiempos pasados, sino la oportunidad de renovación de nuestra fe y de nuestra vida cristiana». Y añade:

«La consagración es una cuestión de amor. Es la respuesta de nuestro amor al amor primero, al amor de Dios. […] Algunos pueden pensar: “¿cómo consagrar España al Corazón de Jesús? ¿Y los que no creen? ¿Y los que no quieren?”. También para ellos queremos lo mejor, y Cristo, como dice san Pablo, es, con mucho, lo mejor. No falto a la libertad de nadie, solo deseo que el bien, la paz, el amor, la salvación sea para todos y por eso los pongo en el Corazón abierto del Redentor».

La consagración del mundo, no solo del orbe católico sino de todo el género humano, la llevó a cabo el papa León XIII en 1899 después de un estudio teológico riguroso, publicado el 25 de mayo en la encíclica Annum sacrum, y de atender las súplicas que le hizo sor María del Divino Corazón por encargo del mismo Corazón de Jesús. A Cristo, por ser de la misma naturaleza que el Padre, le pertenece toda la creación por quien y para quien fue hecho todo.

Juan Pablo II, en el centenario de esta consagración sintetiza el acontecimiento: «La consagración así entendida se ha de poner en relación con la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del Corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su cuerpo, su entrega total al reino, y unir cada vez más a la Iglesia en su ofrenda al Padre y en su ser para los demás».

En medio de la apostasía generalizada en que nos encontramos, perfectamente descrita en el nº 675 del Catecismo de la Iglesia Católica: «La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un pseudomesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne», es necesario proclamar con ocasión y sin ella que Cristo es el único Señor, el único camino, verdad y vida para la humanidad.

En el enfriamiento general de la caridad, característica de los tiempos modernos, el mismo Jesús ha querido manifestar que su esencia personal se simboliza en un corazón enamorado con locura de todos los seres humanos, pero no para despertar una sensiblería merengosa en los creyentes, sino para proclamar que su reino, su señorío sobre todo, su soberanía es la garantía de la civilización del amor. La consagración personal, familiar, institucional de todo el que tiene autoridad proclama la realeza de Cristo, única firma válida y fiable para la paz universal. ¡Al Cerro de los Ángeles!

Desde el emperador Constantino el monograma que anuncia el triunfo de Cristo como rey universal fue el crismón. Maravilloso es el que figura en la catedral románica de San Pedro en Jaca (Huesca).